
Una de las voces más encumbradas de la generación de los ochenta, esa que marcó un parteaguas en la cultura cubana post 1 de enero de 1959, fue Osvaldo Sánchez Crespo, quien falleció a inicios de este septiembre en Yucatán, México, país en el que vivió desde 1990 y donde se convirtió, gracias a su talento, en una de las personalidades claves de la institución y el mundo del arte mexicano de los últimos 35 años.
Como se ha dicho, él fue un intelectual que supo combinar creatividad, rigor crítico y sensibilidad humana. Fue uno de los artistas más versátiles de la generación de los ochenta en Cuba y ya en México dirigió tres de sus centros de arte más importantes: el Museo de Arte Carrillo Gil (1997-2000), el Museo de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo y el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México (2007-2012).
Por los resultados obtenidos debido a la calidad de sus obras visitó Francia, Alemania, Costa Rica, Nicaragua, Bélgica, Luxemburgo y Hungría. Sus colaboraciones han aparecido en El Caimán Barbudo, Cuba en el Ballet, Revolución y Cultura y Plural (México).
Escribió los guiones del cortometraje Fortuna lo que ha querido (1991). Premio Coral al mejor cortometraje de ficción en el décimo tercer Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y del filme Papeles secundarios (1989) —que obtuvo el premio del Festival Internacional de Cine Latinoamericano de La Habana—. Fue coguionista del largometraje Mujer transparente (1990). Poemas suyos se incluyen en Estos cantos habitados (Estados Unidos, 1978) y Usted es la culpable (1985). Además es autor de los libros Matar al último venado (poesía), galardonado con el Premio David en 1981, y Un grupo avanza silencioso (poesía), México, 1990.
Desde Cubaliteraria lo evocamos con un poema suyo que fue muy popular durante el primer quinquenio de la penúltima década del pasado siglo. A fin de cuentas, a los creadores auténticos como Osvaldo hay que recordarlos por medio de no permitir que su obra se pierda en las tinieblas de lo cotidiano y con ello, romper con el designio de que nadie es profeta en su tierra.
Declaración política familiar
Mariel, 1980.
matamos a mi hermana con un golpe de patria ahí en la puerta cómo iba a romper nuestro corazón de cinco puntas cruzando el agua ella la que planchaba mi magia de crecer la de manos perfectas como lo cotidiano la culpa fue nuestra la vimos detenerse decapitarse con el filo derecho que tiene el matrimonio su marido soñaba plataformas de papel de espejo lluvias de neon él no tenía brazos ni bolsillos y pronunciaba perfectamente yellow submarine tuvimos que matarla aunque me hacía las maletas aunque tenía hija y corazón aunque mi madre llore ahora burguesamente de espalda a las ventanas las gavetas están llenas de arena y en lo que fue vientos sepias barren y barren dividiéndola a ella todavía muerta en la puerta de mi casa hoy hemos puesto la bandera y el televisor matarla fue difícil pero sabemos sonreír claro diferente que los niños.
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Con información del perfil de Facebook del periodista y crítico Joaquín Borges Triana.
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