
Foto tomada de The Guardian
Posó como la Virgen María para dos cuadros de su hermano Dante Gabriel: «The Girlhood of Mary Virgin» («La infancia de la Virgen María», 1849, en que la madre de ambos posó como Santa Ana) y «Ecce Ancilla Domini” (1850). Dante Gabriel la retrató en varias ocasiones e ilustró su primer poemario, Goblin Market and other Poems (El mercado de los duendes y otros poemas, 1862).
Nacida el 5 de diciembre de 1830, Christina Georgina Rossetti era la más joven de cuatro hermanos que inicialmente fueron educados en casa por su madre, Frances Polidori, quien deseaba cultivar en ellos la excelencia del intelecto. Alcanzó su objetivo: Maria Francesca y William fueron traductores y reconocidos críticos de literatura y arte; Dante Gabriel, pintor, poeta y traductor; Christina es considerada hoy una de las grandes poetas británicas del siglo XIX.
El poeta y erudito italiano Gabriele Rossetti había llegado a Londres en 1824, y se estableció allí como profesor. Su esposa era hija de Gaetano Polidori, poeta y traductor, cuyo hijo John William fue médico y escritor: toda una familia de intelectuales. Según refirió la propia Christina en sus diarios, las visitas a la finca de su abuelo Gaetano, en las cercanías de Londres, fueron muy importantes en su formación, no solo por las lecturas que le propiciaba la gran biblioteca de la casa (William Blake, Colleridge, Shelley, Keats y Tennyson, así como los poetas italianos Dante, Tasso y Metastasio), sino también porque el lugar favorecía el contacto directo con la naturaleza, que se vería reflejado en su poesía.
William Michael Rossetti contaba en sus memorias que Christina había compuesto sus primeros versos cuando aún no sabía escribir, y su primer poema, «To my Mother on her Birthday», a los once años. A los dieciséis tenía escritos unos cincuenta poemas; la mayoría de ellos aparecieron reunidos en un volumen titulado Verses (Versos), cuya edición costeó en 1847 el abuelo Gaetano. El librito circuló con críticas positivas entre familiares y amigos. En 1848, siguiendo el consejo de su hermano Dante Gabriel, Christina envió dos de sus poemas a la prestigiosa revista literaria The Athenaeum (El Ateneo), que aceptó publicarlos, lo que le reportó gran reconocimiento a la joven autora.
Los textos de Christina van de lo lírico a lo místico, pasando por baladas, pastorales y poemas narrativos, entre los que destaca el ya mencionado «Mercado de los duendes», reiteradamente analizado por sus implicaciones sociales y su vinculación con el feminismo. Según algunos críticos, la experiencia de las hermanas protagonistas del poema se relaciona con la colaboración voluntaria de Christina, durante diez años, en una casa de acogida para mujeres víctimas de la prostitución, cuyas vivencias pudo conocer de cerca. La participación en esa y otras tareas caritativas surgió de una profunda religiosidad que marcó también su obra literaria, de la que una gran parte es de tono devocional e incluye oraciones, versiones de los salmos, villancicos y hasta un ensayo crítico sobre el Apocalipsis. Además, fue autora de literatura infantil y narrativa para adultos.
Aunque estuvo prometida tres veces, Christina nunca se casó. Se ha dicho que no pudo superar la decepción ocasionada por la ruptura de su primer noviazgo. En cualquier caso, escribió poemas en los que de diversas formas celebra el sentimiento amoroso, si bien subyace siempre en ellos una melancolía que le es característica, tal vez originada por su frágil salud y las crisis de depresión que padeció.
Sus últimos años los pasó retirada de la vida social, lo que no le impidió criticar la esclavitud, el imperialismo y las agresiones militares, además de pronunciarse a favor de que las mujeres tuviesen representación en el Parlamento. De esa época datan los pocos trabajos académicos que escribió: varias entradas sobre escritores italianos para el Imperial Dictionary of Universal Biography (Diccionario Imperial de la Biografía Universal, 1857-1863), así como un artículo sobre Petrarca y tres sobre Dante.
Christina falleció en Londres el 29 de diciembre de 1894. La Iglesia Anglicana celebra su memoria cada 27 de abril. La Universidad de Louisiana publicó, entre 1979 y 1985, una edición crítica de su Poesía Completa, en tres tomos.
Con frecuencia se ha valorado a Christina Rossetti como la mayor poeta mujer de la era victoriana, pero cada vez más su obra se va asegurando un lugar entre la poesía más bella e innovadora de su tiempo, sin distinción de sexo.[i]
Comparto con los lectores mis versiones de los poemas «Canción» y «En el estudio de un artista», de Christina Rossetti.
Canción
Cuando esté muerta, amor mío,
tristes canciones no cantes
para mí; tampoco plantes
rosas a mi cabecera
ni un ciprés triste y umbroso;
sobre mí sé verde hierba
por llovizna humedecida;
si así lo quieres, recuerda,
si así lo quieres, olvida.
Yo no veré ya las sombras,
la lluvia no sentiré;
al ruiseñor no lo oiré
sus penas triste cantar;
y al soñar en el crepúsculo
que no se alza ni desciende
puede que tal vez recuerde,
o tal vez pueda olvidar.
En el estudio de un artista
Una cara se asoma desde todos sus lienzos, una misma figura se sienta, se reclina o camina; escondida tras mamparas la hallamos, ese espejo refleja todo su amable encanto, una reina vestida de ópalo o rubí, una joven sin nombre en el verdor más fresco del verano, una santa, un ángel: cada óleo significa lo mismo, nada más, nada menos, noche y día en su rostro él encuentra alimento, mientras ella lo mira con ojos bondadosos, gentil como la luna, cual la luz jubilosa, ni lánguida en la espera, ni en la pena sombría, no como es, sino tal cual brillara la esperanza no como es, mas cumpliendo lo que ha soñado él.
Referencias
[i] Sánchez Guevara, Olga (trad.), en The Poetry Foundation, abril de 2026, <www.poetryfoundation.org>.
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