
Hace cien años, el 27 de febrero de 1926, nació Elisabeth Borchers en Homberg, Alemania. Pasó parte de su adolescencia junto a sus abuelos en Alsacia, y el conocimiento del francés que allí adquirió le permitió trabajar como intérprete de esa lengua en la zona de ocupación francesa en Alemania, de 1945 a 1954. A partir de 1960 comenzó a laborar como lectora[1] en las casas editoriales alemanas Luchterhand, Insel y Suhrkamp, y tuvo a su cuidado las publicaciones de poetas como Günter Eich, Hans Carl Artmann, Marie-Luise Kaschnitz y la Premio Nobel polaca Wislawa Szymborska.
Borchers escribió poesía, ensayos y literatura infantil y juvenil, además de radiodramas y el libreto para una «ópera multimedia». Fue también traductora literaria, y llevó al alemán textos de Marcel Proust, Jacques Prévert, Marguerite Duras, Alexander Pushkin, Vladímir Maiakovski y escritores de lengua inglesa e italiana.
Miembro de la Academia de Ciencias y Letras de Maguncia y la Academia Alemana de Lengua y Literatura, recibió entre otras distinciones el Premio Friedrich Hölderlin, en 1986, y la Cruz de Oficial de la Orden al Mérito de la República Federal de Alemania, en 1996. Falleció en 2013, a los 87 años, en Frankfurt del Meno, y está enterrada en el Cementerio Central de esa ciudad.
De su obra poética destacan Wer lebt. Gedichte (Quién vive. Poemas, Suhrkamp, Berlín, 1986); Von der Grammatik des heutigen Tages. Gedichte (Sobre la gramática del día de hoy. Poemas, Suhrkamp, Berlín, 1992); Was ist die Antwort. Gedichte (Cuál es la respuesta. Poemas, Suhrkamp, Frankfurt, 1998); Alles redet, schweigt und ruft. Gesammelte Gedichte (Todo habla, calla y convoca. Poesía reunida, con selección y epílogo de Arnold Stadler, Suhrkamp, Frankfurt, 2001). La editorial española Calima Ediciones publicó en 2002 una Antología de cien poemas de Borchers, traducidos por José Luis Reina Palazón.
La poesía de Borchers reflexiona serenamente sobre la vida, la naturaleza y la legítima aspiración de felicidad de todo ser humano. Sin estridencias, de manera sencilla y a la vez profunda, sus versos hablan al corazón del lector.
Los poemas que he traducido para compartirlos aquí han sido tomados de sus libros Wer lebt y Von der Grammatik des heutigen Tages.
Para crear un paraíso
Una espera un jardín un muro en torno un portón con bastantes cerrojos y pestillos una espada un pedazo de luz de la mañana un susurro de hojas y de arroyos un sonido de flautas y arpas un chirrido un jadeo (de modo armonioso) medicinas de bálsamos y aromas de siempreverde y nuncanegro no ajetreo ni queja ni esperanza ningún sí ningún no ninguna discordancia un eco de alegría un mecerse y ondear en todas partes el juguete un ocho de oro un hoy ningún mañana el derroche de tiempo el prodigio el testamento de cálida nieve quién viene quién iría de nuevo Lo averiguaremos.
Duda
Los montes se envuelven en silencio
La nieve oculta la luminosidad
El pescador empuja el bote hacia los peces
Más allá de las nubes
Tal vez
La luz
A un niño
Si esperamos el tiempo suficiente,
entonces llegará.
Será hoy, pregunta el niño.
Hoy o mañana. Un barco,
debes saberlo, necesita tiempo.
Tan ancho y vasto como el mar.
Después ya serás grande.
Entonces subiremos a bordo
y haremos el viaje.
Juntos. Nosotros dos.
Y cada uno a su manera.
Al caer la tarde
Cansado del verano
descansa sin zozobra
hasta muy lejos
participando del horizonte
este sendero que asciende
hacia el lago
e invita
a caminar sobre las aguas.
Sabemos lo que significa
Un día como este nos faltaba, como antaño faltaron muchos para llegar aquí. Y aún faltan muchos. Para satisfacernos, para estar satisfechos, nos hace falta más. Todo aquello que vomitan los montes, cómo se hinchan los ríos, cómo arde lentamente el incendio del mundo. Y siempre es este día, un día claro como el día, un ala que no puede quebrarse, que aún nos falta.
[1] El trabajo del Lektor o Lektorin es equivalente al del editor en Cuba.
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