
El 17 de octubre de 1973 falleció en Roma Ingeborg Bachmann, una de las más notables poetas y prosistas del siglo XX en lengua alemana. Nacida el 25 de junio de 1926 en la ciudad de Klagenfurt, estudió filosofía, psicología y germanística en Innsbruck, Graz y Viena. Se graduó con una tesis sobre la filosofía existencial deHeidegger (Die kritische Aufnahme der Existentialphilosophie Martin Heideggers, 1950). En Viena formó parte del Grupo 47, al que pertenecían, entre otros, Ilse Aichinger, Heinrich Böll y Paul Celan, con quien sostuvo una relación amorosa marcada por las vivencias traumáticas de ambos.
Bachmann contaba que, al presenciar la entrada de las tropas hitlerianas en Klagenfurt, había experimentado «el primer miedo de muerte», un miedo que en lo adelante se haría presente en su escritura, caracterizada por su modernidad y una profunda vocación humana. Las visiones apocalípticas que recorren su obra son fruto de sus experiencias y de las secuelas que dejaron en su espíritu la guerra y la posguerra. También se destacan en sus textos el compromiso contra la guerra, en favor del desarme nuclear, y un feminismo militante.
A su primer libro de poemas, El tiempo postergado (Die gestundete Zeit, 1953), le siguieron el poemario Invocación a la Osa Mayor (Anrufung des grossen Bären, 1956), la colección de cuentos A los treinta años (Das dreissigste Jahr, 1961), volúmenes de ensayos y textos para el teatro y la novela autobiográfica Malina (1971), llevada al cine por el director alemán Werner Schroeter en 1990. Esta novela, primer tomo de la trilogía inconclusa Maneras de morir (Todesarten), fue el último trabajo que publicó y le valió en 1972 el importante Premio Anton Wildgans.
Elegida como miembro de la Academia Alemana de las Artes en 1961, Bachmann fue nominada al Premio Nobel de Literatura en 1963. Había recibido en 1957 el Premio de Literatura de la ciudad de Bremen, y en 1964 le fue otorgado el Premio Georg Büchner, la más alta distinción literaria de la lengua alemana. Mereció también el Gran Premio Estatal de Literatura de Austria en 1968.
Vivió en Italia de 1953 a 1957, y luego de breves temporadas en Munich, Berlín y Cambridge, se estableció en Suiza, donde fue pareja de Max Frisch entre 1958 y 1962. La intensa y tempestuosa relación entre ambos escritores fue llevada al cine por la directora alemana Margarethe von Trotta, bajo el título Viaje hacia el desierto (Ingeborg Bachmann. Reise in die Wüste, 2023).
Bachmann se desempeñó como periodista, dramaturga y libretista radial, y además incursionó en la traducción, con versiones de Thomas Wolfe y Giuseppe Ungaretti. En 1959 fue la primera profesora invitada por la Cátedra de Poética de la Universidad de Francfort del Meno, entonces recién creada. Allí dictó un ciclo de conferencias bajo el título «Cuestiones de poesía contemporánea». En 1965 se asentó en Roma, donde vivió hasta su muerte. Está enterrada en el cementerio de Klagenfurt, y la casa familiar de los Bachmann fue convertida en museo.
Desde 1977, la ciudad de Klagenfurt y la radio austríaca conceden anualmente el Premio Ingeborg Bachmann, uno de los más prestigiosos galardones literarios en el ámbito de lengua alemana.
Los poemas que aquí presentamos pertenecen al libro El tiempo postergado.
Todos los días
La guerra ya no es declarada,
sino continuada. Lo inaudito
se ha vuelto cotidiano. El héroe
se mantiene lejos de las batallas. El débil
se ha movido hacia las zonas de fuego.
El uniforme del día es la paciencia,
la condecoración es la mísera estrella
de la esperanza sobre el corazón.
Es otorgada
cuando ya nada más sucede,
cuando enmudece el fuego de tambores,
cuando el enemigo se ha vuelto invisible,
y la sombra de eterno armamento
cubre el cielo.
Es otorgada
por huir de las banderas,
por la valentía frente al amigo,
por la traición de secretos indignos
y el incumplimiento
de toda orden.
En la tempestad de las rosas
Adonde quiera que nos volvamos en la tempestad de las rosas,
está la noche iluminada por espinas, y el trueno
del follaje, que tan suave era en los arbustos,
ahora nos pisa los talones.
Monólogo del príncipe Mishkin
(Fragmento)
También esto es el mundo:
un temprano planeta que cuando niños
habitábamos; distribuido en las fuentes
como contenido y lluvia de las horas,
como provisión de un tiempo más sereno.
También esto es ya espíritu, un pobre
alegre juego de monotonía, el columpio
en el aire y una risa arriba y abajo;
esta es la meta, de nosotros mismos
no estar poseídos
y errar cada objetivo;
y también esto es música,
con un tono insensato,
siempre el mismo,
de seguir una canción
que nos promete otra que vendrá.
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