
Los trovadores y juglares fueron muy conocidos en la Edad Media. En la literatura de lengua alemana se destacan, por ejemplo, Walther von der Vogelweide y Oswald von Wolkenstein, entre otros. Pero es en Occitania donde se registran nombres de damas que ejercitaron las artes poéticas y musicales: las trovadoras o trobairitz, el término occitano con que se designa a las mujeres poetas del Medioevo. En lengua occitana se creó el arte de la trobar y se cantaba al fin’amor (el amor cortés, la alegría del amor y de la juventud). Se han conservado alrededor de cincuenta poemas y fragmentos de poemas de estas mujeres, que en su mayoría escribieron y compusieron entre 1180 y 1260. Ellas son la versión femenina del trovador, en occitano trobador.
Las trobairitz trataban temas como el amor, la religión y la política. Expresaban en sus versos la pasión y el deseo, y abordaban aspectos muy variados de la realidad existencial de las mujeres en los siglos XII y XIII. Muchas trovadoras participaron en poemas de debate, llamados tensón, donde una trobairitz y un trobador discutían en verso sobre un asunto.
Según algunas investigaciones, estas autoras procederían de ambientes privilegiados, lo que les habría dado la oportunidad de dedicarse a la poesía en una época muy poco favorable para las mujeres. En otras se señala que esto habría sido posible porque las occitanas tenían ciertos derechos equivalentes a los de los hombres, en particular el derecho a heredar y el acceso a la educación.
De cualquier modo, solo han llegado hasta la actualidad los nombres de unas veinte trobairitz de los siglos XII y XIII, lo cual constituye un cinco por ciento del total de la poesía trovadoresca conservada. A estas se añaden las autoras de una serie de obras transmitidas de forma anónima. Entre los nombres que han perdurado se destacan dos: Blanca de Castilla y Beatriz de Dia.
Blanca de Castilla nació en 1188 y fue educada y preparada para ejercer en campos como la política y las artes (su abuela Leonor de Aquitania influyó mucho en su gusto por la música y la poesía). A los doce años se casó con Luis, hijo del rey de Francia. De esa época data un poema escrito por Blanca, del que consta notación musical, atesorado en la Biblioteca Nacional de Francia. No se han conservado otras obras suyas.
La condesa Beatriz de Dia nació en 1140 y falleció en 1212. Un autor anónimo escribió en el siglo XIII una biografía poético-legendaria de Beatriz, bajo el título “Vita”, en la que se describe a la condesa como esposa de Guillermo de Poitiers y amante del célebre trovador Raimbaut d’Orange. “La condesa de Dia era la esposa del señor Guillem de Poitiers, una bella y noble dama. Y ella se enamoró del señor Raimbaut d’Aurenga y y le escribió muchas hermosas canciones”.
En la canción «Estat ai en grèu cossirièr», dice la condesa:
Ben volria mon cavalièr Tener un ser en mos bratz nut Qu’el se’n tengra per ereubut Sol qu’a lui fezés cosselhièr, Car plus m’en sui abelida No fetz Floris de Blanchaflor: Eu l'autrei mon còr e m’mor, Mon sen, mos huoills e ma vida. Bien quisiera tener a mi caballero, una tarde, desnudo, entre mis brazos; Y que se considere realizado Mientras tenga mi cuerpo como almohada, Porque de él estoy más enamorada De lo que fue Flora de Blancaflor. Le entrego mi corazón y mi amor, Mi mente, mis ojos y mi vida.
Solo se ha conservado la música de un poema escrito por Beatriz: A chantar m’er de so qu’ieu no volria (“Debo cantar sobre lo que no quiero cantar”). El tema de su canto es el amor visto desde una perspectiva femenina.
Es una trovadora que, desde los tópicos del amor cortés, logra dar a la expresión del sentir femenino una inusual gallardía y frescura, al mismo tiempo que autoridad y conciencia de su propio mérito. Es decir, se muestra audaz en su ruptura con el tópico de la mujer pasiva, que no toma la iniciativa y no manifiesta explícitamente sus deseos. Se conservan cinco obras: cuatro “canciones” y una “tensó”, inspiradas en el sentimiento amoroso.
Martinengo, Marirì [1997]. Las trovadoras, poetisas del amor cortés.
Traducción: Rivera Garreta, Mª Milagros y Mañeru Méndez, Ana. Madrid: Hora y horas.[1]
La condesa de Dia inspiró a la escritora alemana Irmtraud Morgner su novela Leben und Abenteuer der Trobadora Beatriz nach Zeugnissen ihrer Spielfrau Laura (Vida y aventuras de la trobadora Beatriz según testimonios de su juglar Laura), donde la condesa hace un pacto con la diosa griega Perséfone y esta le concede, en vez de morir, dormir un sueño de ocho siglos, tras el cual aspira a despertarse en una época más favorable para las mujeres. Así reaparece en el París de 1968, de donde pasa a Berlín Oriental y allí se encuentra con Laura, sus destinos se entrelazan y surge una historia llena de matices en la que ocupa un lugar preponderante la lucha por los derechos de la mujer.
[1] https://www.womenlegacyproject.eu Consultado en enero de 2026.
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