
Autor de más de sesenta libros y gran defensor de las culturas indígenas, Daniel Munduruku nació en 1964 en Belém, en el estado de Pará, al norte de Brasil. Es graduado en Filosofía y Doctor en Educación por la Universidad de São Paulo (USP), y actualmente dirige el Instituto Uk’a – A Casa dos Saberes Ancestrais.
Su obra Meu Vô Apolinário: Um Mergulho no Rio de Minha Memória (2009) recibió el Premio Tolerancia Para Niños y Jóvenes, otorgado por la UNESCO. Munduruku también cuenta con un Jabuti —uno de los premios literarios más importantes en Brasil— en la categoría de Jóvenes por su libro Vozes Ancestrais (2016). Otros títulos de su autoría son Coisas de índio (2000), Um estranho sonho de futuro (2004) y As peripécias do Jabuti (2007).
En 2024, en entrevista para la Agência Brasil, Munduruku explicaba el propósito y destino de su escritura:
Utilizo mis escritos dirigidos a niños como un medio para conmover a sus padres. Imagino que un adulto leerá un libro antes de entregárselo a su hijo, así que intento conectar con él a través de temas universales. A veces, necesitamos de las lágrimas de los niños para conmover a los adultos, quienes son los que realmente necesitan un cambio. Esa es la esencia de mi escritura: un llamado universal para sensibilizar a los adultos.
A continuación, comparto mi traducción del cuento «Hoje acordei beija-flor» («Hoy desperté zunzún»), de Daniel Munduruku.
Hoy desperté zunzún
Hoy vi un zunzún frente a mi ventana. Me miraba y reía con su revoloteo de alas.
Pensé en las palabras de la abuela:
«Zunzún es animalito que comunica el mundo de aquí con el mundo de allá. Es mensajero de las noticias de los cielos. Aquel-que-todo-lo-puede le hizo cuerpo ligero para que pudiera llevarles las noticias a sus escogidos. Cuando nos vamos a dormir para siempre, despertamos zunzún».
La abuela me parecía extraña cuando me hablaba así. ¡Era como si no estuviera bien de la cabeza! Mamá decía que era por la edad. Hace mucho tiempo que la abuela está enferma. Pero siempre me gustó su manera de contar historias. Decía cosas bonitas, de tiempos antiguos.
Me gustaba escucharla. Siempre empezaba así: «Mi niña, hay un mundo dentro de nosotros. Ese mundo sale cuando abrimos el corazón…» y contaba cosas que había vivido… y contaba cosas de papá y mamá… y contaba cosas de hoy y de ayer. Pero no le gustaba hablar del futuro… decía que no valía la pena. «Futuro es tiempo que no veo», me decía.
Me habían llegado aquellos recuerdos con el zunzún y había olvidado ir a visitar a la abuela en su habitación. Siempre lo hacía al despertar.
Y ya iba a visitarla, cuando mamá entró en mi cuarto. Estaba triste. Traía una nota para mí. Se sentó en mi cama y me mostró el papel. Lo abrí despacio. Dentro había un mensaje escrito. Era la letra de la abuela:
«Mi niña, hoy desperté zunzún».
Sonreí y miré a mamá, que no entendía nada. Pero yo sí.
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