
De padres libaneses que abandonaron el Líbano durante la Guerra Civil (1975-1990), Diane Mazloum nació en 1980 en París. Vivió gran parte de su infancia en Roma y, tras abandonar los estudios de astrofísica, estudió arte y diseño en la Universidad Americana de Beirut. Su vida transcurre entre París y la capital libanesa.
En 2020 la explosión del puerto de Beirut destruyó una parte de las instalaciones del Museo Nacional. Fue este el sitio que escogió Diane Mazloum para integrar la colección Ma nuit au musée, una serie de textos reunidos a partir de una idea tan original como cosmopolita: los autores deben elegir un museo de entre todos los del mundo, pasar una noche en él, y escribir una obra a partir de esta experiencia. Inspirada en su estancia en el Nacional de Beirut, Mazloum escribió la que es hasta la fecha su más reciente obra: Le musée National (Éditions Stock, 2022). En este libro la autora se aferra a la esperanza que representa un sitio que reúne vestigios de antiguas civilizaciones en un país de identidad fragmentada:
A mi derecha, la luz que se cuela dibuja líneas movedizas sobre la espalda y la túnica de terciopelo de una estatua femenina. Higía, diosa de la salud, del siglo II o III, de pie sobre un zócalo en el interior de la alcoba septentrional . (…) Sobre la pared, a la izquierda, se encuentra el gran mosaico del Buen Pastor, con animales y colores suaves y apacibles.
(…)
Vitrina número 70. Contiene un magma de objetos irreconocibles, fundidos y mezclados unos con otros durante los bombardeos, bolas de mármol calcinado y de bronce informe, un conjunto ecléctico de hierro quemado, de vidrio irisado, de marfil y tierra cocida, expuesto como recuerdo de guerra y en memoria de la ocupación del museo. Me acerco a la vitrina y escucho el furor indescriptible de los militares, de las facciones armadas, de los soldados que vivieron, comieron y defecaron entre estas paredes para después salir a matar y combatir. En este cubo de hierro los estratos de civilizaciones se confunden con la historia reciente, brutal, excesiva. A pesar de la impresión que me causa la vitrina, debo admitir que es a partir de ella, ínfimo eslabón en la larga cadena del tiempo, que mi vida comenzó. Después, habrá cientos y miles de vitrinas, hasta que el sol explote y no haya más vida sobre la Tierra.
Desde las galerías del museo, Mazloum también da cuenta de su propia fragmentación identitaria:
Nací en París y crecí en Roma. Cuando era niña, no me sentía ni libanesa, ni francesa, ni italiana. Mi país eran mis padres y mi hermana.
(…)
Soy libanesa. Ni franco-libanesa. Ni de origen libanesa. No. Libanesa.
Otro espacio simbólico en la geografía creativa de Mazloum es el Monte Hermón. La montaña bíblica es el escenario en que se desarrolla su novela Une piscine dans le désert (JC Lattès, 2020): la historia de Fausta, una mujer que construye una piscina ilegal en un pueblo rodeado de montañas, en la frontera de tres países en guerra.
Mazloum también ha publicado los libros Nucléus: En plein coeur de Beyrouth City (Éditions de la revue phénicienne, 2009); Beyrouth, la nuit (Éditions Stock, 2014) y L’âge d’or (JC Lattès, 2018) -este último recibió los premios France-Liban 2018 y Amic 2019.
A continuación, comparto la traducción de un fragmento de Une piscine dans le désert, novela que estuvo nominada al premio Renaudot, al Femina y al Médicis 2020.
Apartó las ramas y descubrió, cavada en la propia tierra, una piscina de un azul mineral, perfectamente cúbica y llena hasta el borde, surgida de las profundidades. Dejó escapar una exclamación de sorpresa indignada. La piscina emitía una luz difusa y submarina. La rodeaba un ligero vapor fosforescente que iluminaba las piedras zafadas y las hileras de olivos de un terreno rocoso. El resplandor casi sobrenatural constrastaba con la ondulante línea de horizonte que dibujaba la luna. Y nadie en el agua de aquel azul lacustre. Las circunvoluciones tranquilas de un robot de limpieza acompañaban al zumbido lejano de los valles con un suave susurro de agua y apenas perturbaban la superficie satinada de la piscina. Después de un largo minuto de contemplación, el hombre sacó su celular y tiró una foto.
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Vea también:
Escritores libaneses en la diáspora (Parte 4)
Escritores libaneses en la diáspora (Parte 3)
Escritores libaneses en la diáspora (Parte 2)
El viaje de la higuera: escritores libaneses en la diáspora (Parte 1)
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