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Diane Mazloum, Le Musée National (Stock, 2022)
Una noche en el museo
En 2018 Alina Gurdiel lanzaba un desafío de escritura para conformar la colección Ma nuit au musée (Mi noche en el museo)[1]: se les pedía a los escritores que pasaran la noche en algún museo y que después contaran la experiencia en una obra literaria. Kamel Daoud en el Museo Picasso de París, Léonor de Récondo desde el Museo del Greco en Toledo, Zoe Valdés en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid: la colección se aseguraba una favorable acogida.
Para la escritora francolibanesa Diane Mazloum, la invitación era una posibilidad de retorno no exenta de violencia: la llevó a abrir las puertas de un lugar de memoria que reunía, en el espacio de unas cuantas vitrinas y de unas salas sin electricidad, la historia milenaria de sus orígenes.
¿Por qué el Nacional de Beirut, el museo situado en la línea de demarcación entre Beirut Este (cristiana) y Beirut Oeste (musulmana)[2], que sobrevivió primero a la guerra y después a la explosión del puerto?[3] La frase con que Mazloum inicia su más reciente obra (Le Musée National, Stock, 2022) justifica la elección: «Tengo cita conmigo misma en el Museo».
Durante su deambulación por entre sarcófagos, mosaicos y estatuas, busca curarse de muchos de los males y paradojas de este siglo: ¿Cómo pertenecer a un país del que no conoces nada? ¿Qué duelo hacer de una guerra que no viviste? ¿Ser portador de cuál testimonio —el de las víctimas, el de los culpables? Y, sobre todo, ¿a quién pedirle una rendición de cuentas?
Las vitrinas
La guerra civil libanesa (1975-1990) causó la muerte de más de 150 000 civiles y arrojó a más de medio millón de libaneses al exilio.[4] Enseguida, una minuciosa política de olvido se impuso como condición para reconstruir el país: además de la no mención del hecho en los manuales escolares, la ley de amnistía general de 1991 cubría de silencio todos los crímenes perpetrados durante el conflicto.[5]
En facciones y cuerpos de milicias la guerra irrumpió en el Museo, dispuso escondites que buscaban la perfección del tiro, ideó trampas, y anduvo por pasadizos y pasillos hasta dar con las vitrinas:
- Vitrina número 70. Contiene un magma de objetos irreconocibles, fundidos y mezclados unos con otros durante los bombardeos, bolas de mármol calcinado y de bronce informe, un conjunto ecléctico de hierro quemado, de vidrio irisado, de marfil y tierra cocida, expuesto como recuerdo de guerra y en memoria de la ocupación del museo. Me acerco a la vitrina y escucho el furor indescriptible de los militares, de las facciones armadas, de los soldados que vivieron, comieron y defecaron entre estas paredes para después salir a matar y combatir. En este cubo de hierro los estratos de civilizaciones se confunden con la historia reciente, brutal, excesiva.[6]
- Vitrina número 71. Expone un viejo ejemplar de un manual escolar de historia-geografía cuyo programa se detiene en la independencia del Líbano, colocado sobre la bandera que fue utilizada para esconder el altorrelieve de inspiración fenicia el día de la reapertura del establecimiento después de años de combate.[7]
Las vitrinas también guardan la memoria de un pasado más reciente:
- Vitrina número 72. Muestra una reconstitución de un puño alzado, símbolo de la huelga del 17 de octubre de 2019[8], con el eslogan Tous, c’est-à-dire tous (Todos, quiere decir todos), mientras emerge de una pila de billetes de libras libanesas y de cartas de crédito destruidas, con la divisa: Pris en otage par notre État (Secuestrados por nuestro Estado).[9]
- Vitrina 73. Llena de fragmentos de vidrio, con fecha del 4 de agosto de 2020, con la frase: My government murdered my people.[10]
- Vitrina 74. Del tamaño de una cabina, y contiene dos maniquíes de cera, un hombre y una mujer de rasgos juveniles, con tenis y trajes deportivos, las mangas del suéter recogidas, ambos con una expresión chic y despreocupada, pero llenos de asombro. Me acerco para leer la descripción: Últimos de los últimos herederos de un cierto Líbano por desgracia ya desaparecido y lamentado, especímenes femenino y masculino nacidos durante la guerra civil, a los que la guerra vivida de lejos o de cerca hizo avanzar más rápido en el tiempo, y que creyeron, al inicio del siglo XXI, que el Líbano les pertenecería, que serían los futuros actores. Veinte años más tarde, miran con espanto cómo su país se les escapa, sumidos por la desaparición del Líbano tal y como lo conocieron, obsesionados por la pregunta: ¿Cómo llegamos a este punto?[11]
A la salida del Museo
Después de andar sin rumbo fijo por las galerías del Museo —y de sí misma, porque Mazloum se entrega a una visión interior guiada por preguntas[12] y recuerdos[13]—, una sorprendente aparición la esperaba a la salida del recinto:
(…) la corteza terrestre se agrieta, se ahonda, surge una brecha, una falla de donde brota, inmensa y festiva, una fuente de espuma blanca que me arranca un grito de estupefacción, millares de burbujas se elevan hasta el cielo: ¿cómo no adorar a este país? Si no sospecháramos que se roban las tapas metálicas de las alcantarillas, porque alcanzaron cierto valor en estos tiempos de crisis, algo de lirismo persistiría para siempre, y tornaría la separación aún más penosa. Tras el géiser de espuma, con una mano sobre el pecho, me despido del museo. Esta vez, se hizo realmente de noche; la noche más larga[14].
Si el Museo es el origen, guardián de la identidad fragmentada del Líbano[15], si la visita de Mazloum es un viaje de retorno por entre pasadizos, vitrinas y recuerdos, la aparición, a la salida del recinto, es entonces el frágil traspaso de memorias: Crecí escuchando a mis padres / Le hablaré a mi hijo[16]; pero, entre intentar transmitir la experiencia de la guerra y querer describir el sentimiento de la pérdida de un pasado y de un país, en una vida de exilios heredados[17], de esperanza casi imposible, se abre un abismo tan grande como el que va de la poesía del géiser de espuma, inmensa y festiva, a la realidad de las alcantarillas.
* * *
Ver también Volver a narrar el grito: Escrituras de la posmemoria (Parte 1)
[1] https://www.alinagurdiel.com (Consultado el 21 de septiembre de 2026.)
[2] El centro de Beirut es destruido en diciembre de 1975, y una línea de demarcación separa al Oeste, mayoritariamente musulmán, del Este, en esencia cristiano. Las estructuras de la sociedad pluriconfesional se desintegran y las comunidades se transforman en guetos. Ver La «guerre des deux ans» (1975-1976), en Le Liban en guerre (1975-1990), Dima de Clerck et Stéphane Malsagne, Éditions Belin / Humensis, París, 2020.
[3] La explosión del 4 de agosto de 2020 devastó el puerto de Beirut y sus alrededores; murieron 235 personas y otras 6500 resultaron heridas. Cientos y cientos de toneladas de nitrato de amonio —un producto altamente tóxico— habían sido almacenadas en el puerto sin ninguna medida de protección. https://www.radiofrance.fr/franceinter/podcasts/affaires-sensibles/affaires-sensibles-du-mardi-25-mars-2025-6369080 (Consultado el 23 de septiembre de 2026).
[4] Ver Xavier Baron: Histoire du Liban. Des origines à nos jours, Éditions Tallandier,París, 2017. Ver también Dima de Clerck et Stéphane Malsagne: «Quitter le Liban en temps de guerre», en Le Liban en guerre (1975-1990), Éditions Belin / Humensis, París, 2020.
[5] Ver por ejemplo Xavier Baron: Le Liban en 100 questions, Éditions Tallandier, París, 2020.
[6] D. Mazloum : Le Musée National, Stock, París, 2022, p. 37.
[7] Ibid., p. 38.
[8] Los manifestantes, reunidos en Beirut, Trípoli, Tiro, Sidón, Nabatieh y Baalbek, pedían el retiro de la clase política y la instalación de un gobierno que no respondiera a los intereses de los partidos políticos. Por primera vez, codo a codo, se reúnen manifestantes de religiones diferentes, ondeando banderas libanesas, con el eslogan: «Kellon yaani kellon». («Todos, quiere decir todos»). Xavier Baron: Le Liban en 100 questions, Éditions Tallandier, París, 2020.
[9] D. Mazloum: Le Musée National, Stock, París, 2022, p. 38.
[10] Ibid.
[11] Ibid.
[12] ¿Qué sintieron mis padres cuando, de la noche a la mañana, tuvieron que abandonar su vida monótona por causa de una guerra vergonzosa, bárbara e incomprensible? (p. 8) ¿Cómo imaginar, cuando se es una niña, y después una adolescente, que caminamos, sin darnos cuenta, sobre necrópolis hundidas bajo nuestros pies, ruinas de imperios de los que ya no queda nada, osamentas y reliquias que cantan la gloria eterna de las civilizaciones? (p. 14).
[13] Nací en París y crecí en Roma. De niña, no me sentía ni libanesa, ni francesa, ni italiana. Mi país eran mis padres y mi hermana (p. 11). Desde pequeña, mantuve un vínculo muy fuerte e íntimo con mis sueños (p. 19).
[14] D. Mazloum: Le Musée National, Stock, París, 2022, pp. 56-57.
[15] En una entrevista difundida por el programa radial La Grande Table Mazloum destaca el lugar que ocupa el museo en la identidad plural del Líbano: al reunir piezas y reliquias que datan de épocas diferentes, el museo constituye la esperanza de una identidad plural posible. https://www.radiofrance.fr/franceculture/podcasts/la-grande-table-culture/le-liban-de-diane-mazloum-et-ely-dagher-2026624 (Consultado el 25 de septiembre de 2026).
[16] D. Mazloum: Le Musée National, Stock, París, 2022, p. 35.
[17] La idea de «exilio heredado» ya ha sido desarrollada en el análisis de obras como Mar Azul (Paloma Vidal, 2012) y A resistência (Julián Fuks, 2015). Ver «Post-mémoire, post-fiction et héritage de l’exil dans A resistência», de Julián Fuks, en T. Basile y C. González (Eds.): Las posmemorias: Perspectivas latinoamericanas y europeas, Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, La Plata, 2022; Bordeaux: Presses Universitaires de Bordeaux. (Pasados Presentes; 4/Maison des Pays ibériques ; Série Amériques). doi:10.24215/978-950-34-2104-8.
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