
El poeta salvadoreño Roque Dalton sentía una admiración profunda por José Lezama Lima, lo visitó varias veces y quiso que un ensayo suyo sobre el poeta de las aventuras sigilosas del cubano apareciera en la Recopilación de textos que sobre el poeta preparaba el crítico Pedro Simón Martínez para la serie Valoración Múltiple de Casa de las Américas.
Le parecía a Dalton interesante, confesaría Simón Martínez a Carlos Espinosa en su Cercanía de Lezama Lima, que un poeta de su militancia y con una concepción de la poesía tan distante de la del cubano hiciera un análisis profundo de su obra. Ese era su propósito y bosquejó su texto. Pero no estuvo a tiempo para que se incluyera en la Recopilación y parece que, en definitiva, no llegó a concluirlo.
Entre los papeles del autor de El turno del ofendido que conservaba su viuda apareció el documento que reproducimos a continuación. Es una carta dirigida a Lezama, acompañada, en hoja aparte, por varias preguntas; la entrevista que Dalton quiso hacer al cubano. No hay constancia de que Lezama respondiera a las interrogantes, ni siquiera que las haya recibido; tampoco de que Dalton las enviara. No aparece el documento en cuestión en los fondos del archivo de Lezama que obra en la Biblioteca Nacional José Martí, de La Habana.
Poeta, narrador y ensayista, Dalton nació en San Salvador, en 1931, y murió en la misma ciudad, en 1975, asesinado por sus propios compañeros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) la guerrilla a la que pertenecía, luego de ser acusado de agente de la CIA y de trabajar para la inteligencia cubana, acusaciones que el ERP desmintió categóricamente cuando ya el poeta estaba muerto.
Se le considera una de las voces más influyentes de la llamada Generación Comprometida de su país. Era muy joven cuando fundó el Círculo Literario Universitario y, tras su excarcelación, en 1960, visitó la Unión Soviética y Corea del Norte y pasó largo tiempo en México, Checoslovaquia y Cuba. En 1969 su poemario Taberna y otros lugares mereció Premio Casa de las Américas. Antes, otro poemario suyo, El turno del ofendido, obtuvo mención en el mismo certamen.
Es autor asimismo de la novela Pobrecito poeta que era yo (1975). Entre 2005 y 2008 apareció, en tres volúmenes, su Poesía completa.
El columnista incluyó el documento que sigue en la edición crítica de Paradiso (Colección Archivos, Madrid, 1988) que, auspiciada por la UNESCO; coordinó Cintio Vitier.
PREGUNTAS SIN RESPUESTAS
Querido Maestro Lezama:
Leyendo la crítica cubana y mundial sobre su obra, hemos apreciado como medulares las inquisiciones sobre:
-el sistema poético del mundo
-el lenguaje como «personaje» de su poesía y de su narrativa
Leyendo su obra y aceptando como centrales en ella esas dos vías de aproximación, perspectivas de desarrollo, problemas a analizar, etc., a mí se me ocurre sin embargo que es el momento de levantar otro u otros aspectos estrechamente relacionados con aquellos (complementarios o básicos, como se quiera) que permitan abrir nuevas dimensiones de crítica y preocupación sobre el conjunto (poético, ensayístico) de su obra. Pienso en lo que está más allá (o más acá) de su sistema poético del mundo: en el origen cultural, histórico (social e íntimo-personal) del sistema mismo. Pienso en las raíces reales de su lenguaje. Y creo que todo ello gira en torno a una cuestión insuficientemente analizada por los críticos de su poesía, de su Paradiso, de su ensayística. Para mí sería más o menos la cuestión de «lo cubano» en la obra de Lezama Lima, complementada con la cuestión de «la obra de Lezama Lima» en el seno de lo cubano-histórico.
Quisiera decirle a Ud. que han quedado sonando en mis oídos algunas frases de la conversación que tuvimos en su casa hace tres o cuatro años (en la que participaron también los chilenos Isaidora Aguirre y Eugenio Guzmán). En un momento de la conversación Ud. nos explicó cómo había trabajado en rescatar del polvo de las bibliotecas del siglo XIX cubano, no solamente con su monumental antología de la poesía, sino con la realización de ediciones baratas, populares, de los clásicos nacionales de esa época, labor que fue posibilitada por el advenimiento de la revolución. En otro momento, Ud. dijo algo como: «Frente a quien tuvo la suerte de presenciar una carga al machete dirigida por Antonio Maceo, yo podría levantar el impacto de haber visto una manifestación estudiantil encabezada por Julio Antonio Mella».
Un buscador profesional de claves poéticas se habría otorgado el derecho de «entrarle» (como dicen los mexicanos) a su obra por el lado nacional, desde la misma noche de esa tarde para mí memorable.
Desde luego que en estos momentos tiene Ud. derecho por lo menos a una piadosa sonrisa. Ya La expresión americana y Tratados en La Habana daban qué pensar en ese sentido, aun para el experto en culturas nacionales, comparadas de menor imaginación.
Pero, aunque podamos olvidarnos de todo ello, el hecho simple de que Ud. no haya nacido en Italia y no se haya visto obligado a escribir una Divina comedia, ¿no impide acaso la correspondencia (dialéctica) de Paradiso o de Dador en Cuba y lo cubano (y con la historia de Cuba y lo cubano o sea lo cubano-histórico) con algo cuya dilucidación no debería postergarse más?
No pretendo ocultarlo: ese podría ser el primer paso de la crítica marxista a «la obra de Lezama Lima». Posibilidad inquietante, reto, etc., y más simple y seriamente: tarea cultural cubana a cumplir, que se plasma en términos yo diría que urgentes si tomamos en cuenta el sentido que la historia nacional ha adquirido con la realización de la revolución y con la construcción del socialismo. En resumidas cuentas, para la cultura cubana en desarrollo, esa tarea no sería sino una más dentro de la gran tarea de «asimilación crítica» de toda la cultura anterior de que hablaba Lenin.
Pero como una crítica tal supondría desde el inicio, como Ud. mismo lo ha dicho señalando como se hace el acercamiento a la poesía, «hablar del poeta, de la poesía y del poema», creo que es procedente (hablando en la jerga de los tribunales) ir depurando el proceso previo, ir aglomerando materiales de análisis que puedan ser posteriormente evaluados en una visión de conjunto, etc.
Es con ese criterio y con esas intenciones que me atrevo a proponerle unos pocos temas de reflexión en forma de preguntas breves. No pienso en un material destinado a la inmediata publicación. Más bien un material de trabajo básico sobre el que podremos volver con preguntas, peticiones de ampliación, nuevas preguntas, etcétera.
[En hoja aparte]¿Cómo se integra lo cubano a su sistema poético del mundo?
¿Qué entiende Ud. por lo cubano? ¿Cuáles son los elementos (históricos, «culturales», etc.) que se acentúan más cuando «lo cubano» juega en su obra?
¿Cómo se relaciona el pasado, el presente (o el presente relativo de la obra dada) y la perspectiva del futuro en su sistema poético? Particularmente, en las concepciones de sus personajes de su narrativa-poética (Paradiso)
¿Qué ha significado para Ud., para su sistema poético del mundo y para su obra poética en concreto, que «lo cubano» se encarne históricamente en una realidad revolucionaria, socialista, como en la actualidad, realidad en el seno de la cual sigue Ud. escribiendo y pensando su poesía?
¿Cómo se continua la tradición cubana en su obra? ¿Cómo propone Ud. que su obra se integre a la tradición nacional en [el] proceso actual de formación, la «tradición para el futuro»?
¿Qué vía de continuidad, de desarrollo (o de «asimilación crítica») piensa Ud. que podría desarrollar desde el seno mismo de su obra, a fin de que esa integración pueda cumplirse por la vía interpretativa-crítica, de nuevos creadores «influenciados» o asimiladores críticos, etc.) de la manera màs dinámica y fructífera?
¿Cómo ve Ud. el problema de la relación de su poesía y su ideología cristiana? ¿Cuáles son los niveles de autonomía entre ambas? Lo «peculiar» religioso en lo cubano.
Roque Dalton
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