
Con el perdón del lector que pueda discrepar –lo cual respeto- no creo que los actuales sean tiempos en que se lea mucha poesía. Y es craso error no hacerlo, porque ella es necesaria para la vida, la nutre, la enriquece y la embellece. El sentimiento poético es tan natural, está tan generalizado, que todos, unos más, otros menos, en algún momento sentimos que lo llevamos dentro. Y nos hace bien. A un excelente poeta dedicamos estos apuntes.
Quien redacta, visitó en una ocasión al poeta Fayad Jamís en su domicilio del Vedado, un bello apartamento de un alto edificio muy próximo a la Calzada de Infanta y a la emisora Radio Progreso. Allí me recibió un hombre de estatura mediana, bigote y cabello oscuro, rasgos morunos justificados por su ascendencia árabe, elegancia natural y un modo preciso de hablar.
Fayad Jamís, todo corrección y gentileza, se aprestó aquella noche de inicios de la década del 80 del siglo pasado, a recibir a un joven y desconocido periodista que solicitaba de él un breve testimonio y llegaba hasta allí sin recomendación alguna para apropiarse de unos cuantos minutos del hacer del autor de La pedrada.
Dicen las enciclopedias que Fayad Jamís nació en Zacatecas, México, el 27 de octubre de 1930, o sea, 95 años atrás. Pero fue en Cuba, en Sancti Spíritus, donde concluyó los estudios primarios y fue en La Habana donde hizo los de Arte, en la Escuela Anexa de la Academia de San Alejandro. Entre la plástica y la poesía se movió el artista, dotado de indudable talento y con una formación que siempre cultivó.
En 1954 se trasladó a París, recibió un curso de religiones semíticas comparadas y aprovechó para revisar los museos de la Ciudad Luz y recrearse en sus numerosas ofertas (así decimos ahora) culturales.
A Cuba regresó en 1959, para iniciar entonces una muy activa vida en el mundillo editorial y periodístico.
En 1962 alcanzó el Premio Casa de las Américas de poesía con el libro Por esta libertad, y un año después integró el jurado del citado concurso. También impartió clases de pintura en la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán y perteneció al ejecutivo de la UNEAC. Después, por varios años, prestó servicio diplomático en México.
Por motivos de trabajo viajó por Europa y Asia, y publicó en abundancia. Su producción puede rastrearse en Orígenes, Ciclón, Lunes de Revolución, Casa de las Américas, La Gaceta de Cuba, Unión y en unas cuantas publicaciones más tanto cubanas como extranjeras. Ello, sin dejar de pintar y de exponer, y sin dejar a un lado su labor como traductor, en tanto su propia obra también se traducía a otras lenguas.
Fayad Jamís se convirtió en uno de los autores cubanos mejor conocidos en el exterior y con mayor número de lectores en la Isla. En su bibliografía cuentan, entre otros textos, Brújula, 1949; Los párpados y el polvo, 1954; Vagabundo del alba, 1959; Cuatro poemas en China, 1961; La pedrada, 1962; Por esta libertad, 1962; Los puentes, 1962; La victoria de Playa Girón, 1964; Cuerpos (Antología), 1966; Abrí la verja de hierro, 1973 e Historia de un hombre, 1995.
Leer al poeta Fayad Jamís (murió en 1988) es una experiencia enriquecedora. «Para mí, dijo, la poesía tiene algo de tempestad, de sacudida larga e intensa, de incendio, de explosión. La poesía es una lucha permanente, una batalla de sangre y de luz entre el hombre y el tiempo, entre el hombre y sus circunstancias, entre el hombre y todas las cosas que pueblan el universo» [1].
Ahora le entregamos un fragmento de su muy conocido poema «Con tantos palos que te dio la vida»:
Con tantos palos que te dio la vida y aún sigues dándole a la vida sueños. Eres un loco que jamás se cansa de abrir ventanas y sembrar luceros. Con tantos palos que te dio la vida tanta crueldad y frío y tanto miedo. Eres un hombre de mirada triste que solo sabe amar con todo el pecho, fabricar papalotes y poemas y otras patrañas que se lleva el viento... El Moro, así lo sobrenombraron sus afectos, es uno de esos casos afortunados y lúcidos en que el tiempo se rinde ante la fuerza de la memoria.
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Referencias 1. Borroto Fernández, Desoderio 2020. Hilos del fuego en los extremos. Una entrevista inédita a Fayad Jamís.
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