
Puede preguntarse por qué siendo la poesía tan poco necesaria en el mundo, ocupe tan elevado lugar en las bellas artes. Lo mismo puede decirse de la música. La poesía es la música del alma, sobre todo la de las almas grandes y sensibles. Uno de los méritos de la poesía, por todos reconocido, es que dice más que la prosa y con menos palabras.
¿Palabras de Voltaire? Muy bien, entonces, podríamos agregar nosotros, como diría uno de nuestros grandes músicos: santa palabra. Y dejar tales razonamientos y, claro, tratándose de Voltaire, no es que tampoco buscaríamos alejarnos. Pues los criterios sobre la poesía son, y han sido, a lo largo de siglos tantos y tan variados que si lo atemperamos a cualquier época no sería de negar que todos conlleven un signo en su interior que podríamos hasta refrendarlo con aquello de que, en resumen, un poema es un poema es un poema es… y no por su existencia, que al parecer es lo de menos. Lo que más nos debería interesar, a no pocos, debería ser su capacidad, en caso de que lo tenga, de su persistencia, o, como ya han afirmado otros, de su permanencia, más allá, o más acá, de la tradición o los movimientos que lo atesoren.
Dentro de la poesía de expresión alemana muchos son los nombres, los grandes nombres, en el pasado siglo XX que lo sostienen. No me refiero a Rainer María Rilke, Gottfried Benn, Ingeborg Bachmann o Georg Trakl, por ejemplo. O Ernest Jandl. Hablo, eso sí, de un nombre, un caso, muy singular: Friederike Mayröcker, quien tuvo su año de gracia en la Viena de Austria de 1924… hasta el final de sus días en esa misma ciudad en 2021. Noventa y siete fueron los años que ella vio llegar y salir el sol a la Tierra. Años de vida y de una creatividad, sabemos, que potable. Su particularísima relación con otro de los suyos, Ernest Jandl en lo particular, así lo refrenda:
Friederike Mayröcker, tal como ya veníamos dejando entrever, es una de las grandes voces de ese siglo. Multipremiada, entendió que podía valerse de la poesía (también lo hizo del teatro, de la literatura para niños, la radio…) y que, con la misma, es decir, con la poesía, podía valerse de recursos tales como la escritura automática y el collage para concretar asociaciones sorprendentes, o delirantes imágenes…
En Cuba sabemos de una edición en traducción directa del alemán de la también investigadora y poeta Olga Sánchez Guevara («Páginas mágicas», Torre de Letras, La Habana, 2006), a cargo de la poeta Reina María Rodríguez.
Nosotros que la hemos leído (a Friederike Mayröcker, quiero decir) ofrecemos para esta columna uno de sus textos.
A caballito
A caballito dijo mi primo mientras… Afuera el pino el abeto gris el pluvial pino de Flandes… Cincuenta y cuatro a cincuenta y siete Cómo te nombro En mi mochila... En un compartimento del… Friedrichshafen es un atracadero para ratones… Inventario de un lapso de vida Jeroglífico del amor La imagen sacra tiene… Los secretos oceánicos Mejor viajar en los pensamientos, Hokusai ¡Mi querido ojiplumbeo! Misterio Retorno a ti mi niño muerto Sobre la espalda, o bajo la lámpara… Tenemos ahora dientes de cabo de vela Tengo un niño yace enterrado… * * * Vea también en nuestro Portal, de Olga Sánchez Guevara Friederike Mayröcker, viva en su escritura
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