
Lo que veo en la ciudad de Jönköpings —independientemente de la calidad, para mí, todavía enigmática de su gente— es la perfección de su urbanismo. Solo que para hablar de perfección en estos temas si es Brasil, diríase Oscar Niemeyer; si se trata de Suecia, de una Suecia posbélica, un nombre acaso: Alva Alto.
Pienso ahora en el Vättern, segundo lago del país. Se congelan sus 130 km de largo y sus 32 de ancho en invierno. El centro no. Aunque es otoño puedo imaginarme el frío, nieve, saunas móviles a la orilla. También algunos manzanos (era la primera vez que veía algunos manzanos) por las ramas y en el suelo. La casa a unos pocos metros del lago.
Porque la historia de cualquier poesía resume una tradición. Y la poesía que nos pudiera venir del país de los suecos no lo es menos. ¿Verbigracia?:
La primera condición para ser vikingo, y no vikings como pensaba o, peor, como malinterpretaba en tono de chanza Jorge Luis Borges —me dijo un día ese amigo mejor, el poeta, narrador y traductor colombiano, Víctor Rojas, sabedor de cuanto tiene que ver con los nórdicos— era que había que ser poeta.
Y Suecia es el país de Pär Lagerkvist, Harry Martinson, Gunnar Ekelöf (existe una oportuna traducción de Octavio Paz al español), María Wine, Tomas Traströmer y… para qué decir más.
Víctor supone que la poesía actual sueca se encuentra muy pero que muy apegada a la naturaleza. Y en el caso de Goy travestida de surrealismo y de hiperrealismo, travestida, además. De Goy Persson (Blekinge, 1930) no es mucho en nuestro idioma lo que se puede conocer. Títulos casi inencontrables en español como Entre los signos que digiero de otros platos (1999) y la plaquette Ardor de invierno (2003), ambos de poesía. Y Goy ha sido actor, maestro, traductor. Escribe ensayos.
La casa de Goy Persson. La poesía de Goy. El surrealismo que creo ciertamente se aclimata a su poesía. En fin, 130 km de largo y 32 de ancho, el lago Vättern. Buscando profundidad en algunas de sus orillas, y en lo que de paisaje lo rodea, cada mañana el cuerpo y la poesía de Goy Persson.
Una especie balada
Me abandonaste por la colectividad aunque en el fondo nunca estuviste de mi lado pero me río de eso y de lo que no ha sido te borro tanto de mi interior como de mi carne aunque nunca me he dedicado a especular ni te he pasado en limpio, ni te he purgado todas las naturalezas que pueden afectar al hombre entiendo que el alma era bovina y provista de cabellos flotando en el agua cotidiana entonces ¿qué me había esperado? Eran esos días cuando los ciruelos al crecer pesaban contra el pilar de la naturaleza y el tronco se agrietó y se dividió su centro como el hombre cuando la sabiduría se vuelve demasiado grande y el cuerpo sobrepasa sus anillos anuales el orden cae y nadie puede ya siquiera mantener respeto estructural En esos días de agosto que no sólo se apropiaron de la mitad del ciruelo sino cuando también supe que Kem Smith estaba muerto —había atrapado la enfermedad legionaria en el mismo hotel en que vivimos en La Habana y estuvo mucho tiempo en el respirador, se animó un instante y luego murió el 20 de mayo— tanto tiempo necesitó la información para alcanzarme fue cuando supe que la bella Mercedes directora de la Casa de Poesía Silva se había quitado la vida. Esos días de agosto fueron tiempo de extinción se trataba tanto de aquellos que habría que mirar varias veces para considerarlos logrados como de aquellos autoproclamados que relampaguitos de la sociedad colgaron de la escalera de seguridad poder e impotencia del poder tan ridículos detrás de los marcos dorados que se vuelven fondo del cual no han podido salir un zonzo, un papa, un cuerpo encerrado atravesado de hormigas atraídas por agua azucarada Se había apartado al rescoldo de tus ojos desaparecido rápidamente como cuando un castaño pierde su erótica humedad y permanece cansado en la piel y la carne se transforma en medida los ocasionales avanzaban con culos balanceándose como morrales alguien explicaba que el término gringo procede de los mexicanos que decían a los americanos green go, green go porque querían que desaparecieran de su vista all is clear todo está bien, tan sencillo era Patéalos hasta que los testículos se azuleen esos son de lo peor pese a que dibujan estéticos mondrianes alrededor de sus relamidos argumentos y moralejas patéalos hasta que los testículos se azuleen hasta que los denarios de sus ventajas caigan de sus chaquetas de seda y de los bolsillos de sus vaqueros Fue una de esas raras noches cuando se veían tan claras las estrellas en el cielo de Londres como cuando Ken Smith frenó en seco en La Habana y parecía como si pudiera cambiar toda su cosecha poética por las estrellas continuamente presentes en el cielo de La Habana cuando la libertad cayó sobre mis ojos como al apretarse un limón sobre el arenque apanado En algún lugar he leído que quien lee o escribe poesía debe ser caliente como una estufa de azulejo la estufa estaba fría no podía ni escribir ni leer lo que había escrito vi mis articulaciones endurecerse como vientre o cola de cangrejo Las palabras me prenden por el cuello la libertad esta palabra miserable que uso y de la que me colgaré un día digo a la mierda con la poesía me pides leer un poema y casi caigo en la trampa digo que no se puede escribir cuando la libertad ha empezado a tartamudear ha contraído el parkinson ha empezado a mirar fijo a senilizarse atacada de alzheimer.
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