
Domingo Alfonso (1935), Jovellanos Matanzas es poeta y arquitecto, una de las voces esenciales de la Generación de los 50´, en Cuba.
Después del amor
Esta mujer y yo terminamos.
Ahora, dejando el desorden de las sábanas
hemos mirado por la ventana hacia la calle.
Un poco a la derecha
unos obreros componen una enorme valla
que dice: Todos con boinas rojas a la Plaza de la Revolución.
Ella se vuelve al interior del cuarto de hotel.
Yo miro sus nalgas color de tinta de imprenta.
Siento lo que los hombres normales ante tal espectáculo:
Doy gracias a quien corresponda por encontrarme vivo.
Gracias damos también sus lectores por la poesía, por los mundos que a través de los versos y la literatura ha regalado.
La poesía de Domingo Alfonso, poeta extraordinario, al decir de Roberto Manzano (…) no es hermética, no es introspectiva, no es de propaganda social. En última instancia podría ser ubicada entre las dos últimas, pero de una forma muy personal, de un intimismo social como en algún momento le llamó Mirta Aguirre a esta forma de hacer concurrir ambas tendencias. Es una poesía de intimidades extrovertidas, contadas de manera descarnada, de momentos desgarradores que se enmascaran tras la impavidez de la expresión. No es de propaganda social, pero la mirada sensible sobre el entorno social es una constante en su obra.[1]
Algunos de sus libros publicados son Sueño en el papel (1959), Poemas del hombre común (1965), Libro de buen humor (1979) ,Vida que es angustia (1998), El Libro Principal & Un transeúnte cualquiera (2007) y En busca de la poesía & En piel color tabaco (2020)
De su primer libro Sueño en el papel es el poema “La novia”, descarnado y brutal en toda su dimensión.
Hoy vi la novia que primero quiso
mi ardiente fantasía de muchacho,
entre el alba y la noche; yo
borracho
queriendo desnudar su cuerpo liso
Y vinieron de golpe
mis recuerdos…
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pasando ante mis ojos; la mujer
cercana y su mirarme de aquel
modo.
Tomamos en silencio algunas
copas…
y horas más tardes, en la habitación
de un hotelucho nos miramos con
los cuerpos abrazados y sin ropas.
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La recordé aquel año
callada en el pupitre, todavía
peinando trenzas…¡Pero me hizo
daño!
Quise gritar, llorar. ¡Y no podía!
Otro de sus poemarios es Poemas del hombre común (1965) en el que aparecen “El rostro de Marlon Brando” o “Nacida para el amor”.
Nacida para el amor
Yo he besado sus tetas
dentro de un auto, cerca de la orilla del mar.
La noche y su cuerpo negro
como una diosa cómplice:
Ella me chupa
con una maestría aprendida
durante muchos años en sus muchos hombres.
Mis nervios son alambres eléctricos;
toda mi piel vibra de sensaciones
como una tela prohibida.
Así, tendida sobre mis piernas
amo la cabeza de esta joven.
El viento mueve las hojas de los árboles;
pero el tiempo y la muerte
apagarán este fuego que calienta mi sangre.

Todo en este libro se expresa sin apenas delicadeza, con la brutalidad de los demonios que habitan al sujeto poético, lo sucio y lo feo tienen prioridad para exponer las preocupaciones del día a día de la gente ordinaria [2].
Esta poesía, directa, cruda y hermosa, atesora variados dramas humanos —y cotidianos, por cotidianos trascendentes— mediante retratos que también pueden ser encontrados en otros miembros de la generación de los años 50, donde describe seres desafortunados, como es el caso del poema “Adolfo”; ancianos que perdieron su mundo, véase en este sentido el texto “Árbol desarraigado”; situaciones determinantes de su vida, como pueden ser el placer o la muerte, entre los que se incluyen los autorretratos “Ese tal vez soy yo”, o “Duro, como yo mismo”, tan exacto. [3]
Duro como yo mismo
Duro, como yo mismo,
el pequeño hombre que me acompaña;
fuerte, inflexible,
lo pesa, lo juzga, lo analiza todo.
Pero a veces me decepciona:
abraza un niño.
Corta una flor.
Noventa años de una vida dedicada a la poesía, a contar en versos las sensaciones, las vibraciones de lo humano y lo divino. Noventa años cumple Domingo Alfonso y quisiéramos cerrar este regalo con “Para esa alma que leerá estos renglones”:
Escribo para esa alma
cuyas pupilas, en medio de la angustia,
leerán despacio mis pobres renglones.
Para este desconocido, con zozobra que veo
tal vez un poco derrotado— para enseguida poner los pies sobre la vía.
Escribo.
Sus manos recorrerán estas páginas
y esa persona lejana
—acaso una réplica tardía de mí mismo—será mi justificación.
Sus ojos
recorriendo las letras dispuestas
para él, unas después de las otras
a fin de que descubra
aquello que he buscado
toda mi vida en vano.
Escribo también para las putas,
para ellas (como para las rosas)
Escribo.
Nalgas abiertas, clítoris olorosos, tetas
erizadas por ese fuego
poniendo verticales
las vergas, que entonces,
nada piensan.
Deseo
mezclado en ocasiones con imágenes
de Washington, Máximo Gómez,
Hamilton y Grant.
Mujeres
ultrajadas en el foro abierto
—no están en la pantalla de televisión— pero anheladas dentro de la más íntima médula masculina.
***
Referencias
1. Lesmes Albis, Marta. 2025 «Con Domingo Alfonso la poesía puede ser devastadora como los ríos». Revista La Jiribilla. Consultado en https://www.lajiribilla.cu/con-domingo-alfonso-la-poesia-puede-ser-devastadora-como-los-rios/
2. Ídem
3. Atencio, Caridad. 2022 «Un nuevo libro de Domingo Alfonso y de él, mi antología». Revista La Jiribilla. Consultado en https://www.lajiribilla.cu/un-nuevo-libro-de-domingo-alfonso-y-de-el-mi-antologia/
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