
Como movimiento literario, el romanticismo se corresponde al siglo XIX. Como sentimiento humano, como fuerza interior subyacente incorporada en unos más y en otros menos a la personalidad, el romanticismo vive, perdura. Así siempre será… y no está nada mal llevarlo dentro en cada uno de nosotros. Este movimiento literario tiene varios autores relevantes en Europa y en España, donde más nos concierne, sin olvidar sus ramificaciones en la literatura que se escribe en el Nuevo Mundo.
Gustavo Adolfo Bécquer es uno de los nombres imprescindibles del romanticismo español del siglo XIX. De su muerte el 22 de diciembre de 1870 se conmemoran ahora 155 años, y pese al tiempo trascurrido Bécquer nunca se ha dejado de leer. Sus Rimas son recitadas por los amantes de la poesía y una en particular, la número XXI, jamás ha cedido en las preferencias:
“¿Qué es poesía?”, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.“ ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía… eres tú”.
Bécquer nació en Sevilla el 7 de febrero de 1836 y creció bajo la protección de un tío, pues ambos padres murieron siendo él un niño. Decidido por el camino de las letras parte hacia Madrid con 18 años. Ante la carencia de riqueza material alguna, solo lleva consigo una sensibilidad portentosa. Un primer amor le resulta inaccesible pero vino un segundo, con quien se casa y tiene descendencia. Al final, tampoco con este le va bien. Escribe versos, periodismo y enferma de tuberculosis, uno de los azotes más frecuentes en la Península y padecimiento que más vidas arranca. La de él se extingue a los 34 años.
La poesía de Gustavo Adolfo Bécquer se distingue por un lirismo intenso en el cual el sentimiento aflora con vehemencia cautivadora y la emoción se adueña del lector. El Cupido que Gustavo Adolfo lleva dentro lanza al amor flechas irresistibles. ¿Qué me dice de esta Rima, la número XXIII? ¿Se resiste usted?
Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso… ¡Yo no sé qué te diera por un beso!

La obra de Bécquer no comprende sola las Rimas, también sus Leyendas, igualmente poéticas en su prosa. Unas y otras le ganan renombre, aun cuando de sus versos en vida solo le publican un manojo de rimas en la prensa y el libro completo de más de setenta poemas solo ve la luz, por la gestión de amigos, un año después de su muerte. Él lo ha intuido cuando en la introducción al mismo escribe:
“Tal vez muy pronto tendré que hacer la maleta para el gran viaje”.Mi vida es un erial:flor que toco se deshoja;que, en mi camino fatal,alguien va sembrando el malpara que yo lo recoja. (Rima LX)Si hemos de ser honestos, la historia de la literatura nos revela que los autores románticos tienen por lo general escasa “suerte” con la vida, la cual pronto se les escapa.Se suman a Rimas y a Leyendas, sus Cartas, redactadas para una dama. Cuanto Bécquer escribió estuvo signado por el embrujo de una inspiración tórrida e inagotable. Y tuvo en Hispanoamérica tantos lectores como en España. En Cuba, medio siglo atrás, muchos lectores entonces adolescentes descubrimos a Bécquer porque sus Rimas estaban incluidas dentro del programa de Literatura Española de la enseñanza media. A decir verdad, eran muy bien recibidas por aquel auditorio joven y en formación. Cerremos estos apuntes con otra de sus Rimas, la IV:No digáis que agotado su tesoro,de asuntos falta, enmudeció la lira.Podrá no haber poetas, pero siempre ¡habrá poesía!
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