
Prologados por personalidades de la cultura cubana ─ como Enrique José Varona y José María Chacón y Calvo ─ Sánchez Galárraga publicó más de veinte títulos de poesía. Tras la lectura de sus páginas, esos textos serían juzgados severamente por colegas y críticos de su generación. Algunos formularon observaciones de negligencia y banalidad. Otros estimaron que su autor se prodigó al escribir tantos libros y hubiera ganado ─ como excelente poeta ─ de podar implacablemente su excesiva producción lírica. Fue juzgado de chico «bien que hace versos» y otros calificativos, con lo cual intelectuales elitistas fustigaban la contradictoria actitud proyectada por el bardo ante su procedencia de hombre rico.
Publicó varios poemarios y muchas de sus obras fueron traducidas al francés e inglés. Su obra fue publicada en las revistas más prestigiosas de su tiempo. Muchos de sus versos forman parte de la cancionística cubana, como la que compartimos con nuestros lectores.
En falso
A mi pecho oscuro Asoma tu rostro ¡Oh! mujer que fuiste Mi lejano amor, Para ver curiosa Si es que está cerrada La herida que abriste tú En mi corazón. Contempla la herida Pero no la toques Con tu mano blanca Cual lirio de abril, Mira que hay heridas Que cierran en falso Y si alguien las toca Se vuelven a abrir.
Poeta de profunda raigambre católica, escribió en 1932 su «Treno a la Caridad del Cobre», en momentos difíciles para la historia cubana; por ser poco conocido, lo transcribimos a continuación:
Virgen de Cuba, Virgen trigueña y amorosa, que sobre el mar en furia apareciste ayer: ¿por qué en esta tormenta que a las almas acosa no tornas, dulce madre, de nuevo a aparecer? La Patria es hoy palenque donde combaten fieras. Cada aurora, entre sombras, ahoga su arrebol. Y un yerto mar de sangre, sin fondo ni riberas, va creciendo sus aguas para tragarse el sol. El odio, como un cáncer, en las entrañas mina. Serena este sangriento y loco frenesí. ¡Qué no caiga del mástil la bandera divina que flotó en el divino ensueño de Martí! Contén esta epiléptica y suicida demencia. Derrama en este caos, tu limpia claridad. ¡Qué brotó mucha lágrima por nuestra independencia! ¡Qué rodó mucha sangre por nuestra libertad! Tú lo recuerdas, Virgen. Tú que miraste un día en las maniguas foscas al patriota caer, mientras, porque él volviera, bajo tu imagen pía –esposa, hermana, madre–, rezaba una mujer. Señala tú la ruta que salva del abismo dile a los corazones, Señora de la mar, que estrangulen la sierpe del funesto egoísmo, que lo cimero es Cuba, que es templo, dios y altar. Tanta victoria bélica, tanto épico trofeo, todo el legado heroico de la Revolución, –osadías de Gómez, arrestos de Maceo– ¿no han de domar las iras de nuestro corazón? Mas si no ceja el odio de hermano contra hermano, si unos y otros no amansan su cruenta hostilidad, tú, que riges las olas, ordena al océano que salte y nos sepulte bajo su inmensidad.
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