
Para C. A., su raro. A. J. M.
¿Más sobre la traducción?:
Io avevo pensato di tradurre una poesía da una lingua all’altra, poi far intervenire un secondo traduttore il quale traduce dalla traduzione non dall’originale; poi interviene un terzo traduttore il quale traduce dalla seconda, un quarto, un quinto, e ripetere l’operazione cento volte. Questo è un esperimento che l’Unesco potrebbe fare con la spesa di pochi milioni: sarebbe molto utile per la cultura. Poi si paragona la poesía N. I con la poesía N. 100 per sapere che cosa è rimasto. Credo che non rimanga assolutamente nulla”.[i]
Contra la presunción de que los mejores traductores son los poetas, he aquí Benjamin (1999), es decir, he aquí Walter Benjamin:
Ni siquiera la historia apoya el prejuicio tradicional según el cual los traductores eminentes serían poetas y los poetas mediocres pésimos traductores. Muchos de los mejores, como Lutero, Voss, Schlegel, son incomparablemente más significativos como traductores que como poetas; otros entre los máximos, como Höldelin y George, no se pueden entender, en el ámbito total de su creación, sólo como poetas, y mucho menos como traductores.
Ignoro qué tenga que ver todo lo anterior. Así las cosas, pasamos, de ciertos estados de opiniones, al estado del poeta; y del estado del poeta, al estado de la poesía en sí. ¿Qué si no? Veamos. Digamos que fue la primera mujer negra en obtener un Pulitzer en 1950. Que su primer libro fue A street in Bronzeville (1947). Luego, Annie Allen (1949), The bean eaters (1960). ¿Un homenaje a las pandillas juveniles negras y a figuras tales como Malcom X? Pues he ahí In the Mecca (1968)… Y tantos otros acompañados de algún premio o, cuando menos, nominado para alguno. También una autobiografía: Report from Part One,de 1972. Alguna vez tuvo la oportunidad de asistir a un ciclo de conferencias de escritores negros en Fisk University, momento en el que conoce la labor de jóvenes como Leroy Jones (¿devenido luego Amiri Baraka?) y Ron Milner.
Parte de su divisa estuvo siempre signada por el uso y explotación de un lenguaje directo; huir por demás de los espacios académicos. Cárceles, barrios pobres, escuelas negras, fábricas, minas, oficinas… fueron prácticamente su escenario natural. Sabemos que dijo: «Escribo sobre lo que veo y oigo en la calle. Vivo en un apartamento pequeño en un segundo piso que hace esquina. Puedo mirar hacia un lado y hacia el otro, y ese es mi material».
Solo una pregunta: ¿ha sido traducida ya a nuestra lengua Gwendolyn Elizabeth Brooks (Kansas, Topeka, 1917—Illinois, Chicago, 2000)?
La madre Los abortos no dejan que tú olvides. Recuerdas los niños que conseguías sin conseguirlo. Las húmedas pulpillas de los de poco pelo, los cantantes y trabajadores que nunca tocaron el aire. Nunca los dejaré ni les pegaré o silencio, o comprar con un dulce. Nunca dejaran el dedo nunca dejaran de creer en los fantasmas que venían. Nunca dejaran que les controlen su grato suspiro, devuélvanle un bocado, con engullido ojo de madre. He oído en las voces del viento las voces de mis débiles asesinados hijos. Me alivié y me contraje mis borrosos amados en los senos que nunca succionaron. He dicho, queridos, si pequé, si me apoderé de su suerte y sus vidas desde su inacabado alcance, si robé sus nacimientos y sus nombres, sus simples lágrimas de bebé y sus juegos, sus artificiales o hermosos amores, su desorden, sus bodas, sus dolores y sus muertes, si envenené el principio de su respiración, piensen que aún mi decisión no fue deliberada. Pero por qué tengo que gemir, gemir, si el crimen fue de otro, no mío?— Ya que de todos modos ustedes están muertos. O más bien, nunca fueron hechos, por eso también tengo miedo, es defectuoso: oh, qué diré, cómo es la verdad cuando hay que decirla? Nacieron, tuvieron un cuerpo, murieron. Menos mal que nunca rieron, desearon ni lloraron. Créanme, los amé a todos créanme, los conocí, aunque vagamente, y los amé, los amé a todos.
Traducción: Caridad Atencio
Nota
[i] La siguiente aproximación del diálogo de Eugenio Montale —o, transcreación, para decirlo a la bella y exacta manera de Haroldo de Campo— habría de ser:
Yo había pensado traducir una poesía de una lengua a otra, después hacer intervenir un segundo traductor el cual traduciría de la traducción, no del original; después interviene un tercer traductor el cual traduce de la segunda, un cuarto, un quinto, y repetir la operación ciento de veces. Esto es un experimento que la UNESCO podría hacer con el tributo de unos pocos millones: sería muy útil para la cultura. Pues si se compara la poesía N. 1 con la poesía N. 100 para saber qué cosa ha quedado, creo que no quedaría absolutamente nada. (Cima, 1973, p. 23).
Bibliografía:
Benjamin, Walter: Ensayos escogidos, 1.ra ed., p. 83, Ediciones Coyoacán, S. A. de C. V, México, 1999.
Cima, Annalisa: Incontro Montale., Fundación Schlesinger, Lugano, 1973.
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