
Héctor Quintero llevó al teatro a quienes no eran asiduos. Los hizo disfrutar, descubrir e incorporar a sus vidas la más antigua de las manifestaciones escénicas. Ello resultaría suficiente para agradecerle por su obra y nos permite afirmar que, al morir, Héctor Quintero era el más popular de los autores teatrales cubanos, aseveración que pudiera resultar polémica, aunque no tanto, porque este autor trascendió más allá de los medios teatrales, incursionó en la vida pública de la nación e impregnó a la cultura una huella de cordialidad, elegancia y buen humor.
Si el teatro es una manera de llevar la vida a las tablas, Quintero lo consiguió con creces, una y otra vez, con la gracia que hace meditar, y la capacidad de perdurar que solo los autores con luz larga y conocimiento de la sensibilidad de su pueblo pueden hacerlo sin pecar ni por exceso ni por defecto, con la vara de la justa medida que agradece el concurrente a la sala de teatro.
Una obra suya de 1964, El premio flaco, fue llevada a la pantalla por el realizador Juan Carlos Cremata, indicador de la vigencia y aceptación de la producción de Quintero aún en nuestros días.
Héctor nació en La Habana el 1ro de octubre de 1942 y vivió 68 años. Hizo estudios de Contaduría, pero fue el teatro su pasión, como actor primero, en cuanta ocasión se presentara desde los días en que estudiaba en la Escuela de Comercio y se adiestraba en las Artes Dramáticas.
Finalmente, se graduó de licenciatura en Lenguas y Literatura Hispánica en la Universidad de La Habana. Y en verdad, Quintero fue un maestro de la lengua y de la palabra, un enamorado de las formas de decir, y un hombre con el oído siempre atento al acento popular.
Su faceta como actor de diversos colectivos teatrales la combinó con la escritura de libretos radiales y televisivos, adaptaciones de piezas de teatro y cuentos. Es una etapa de afianzamiento como autor, pues ya ha escrito algunas de sus piezas antológicas. Contigo pan y cebolla data de 1962, con la cual gana mención en el Premio Casa de las Américas del siguiente año. Después, casi inmediatamente, llega El premio flaco, con similar éxito de crítica y enorme de público, a lo largo de décadas de repetidas puestas en escena. Estas dos obras se han traducido y representado en escenarios internacionales.
Escribe también Mambrú se fue a la guerra, Si llueve te mojas como los demás, Algo muy serio, La última carta de la baraja, Esto no tiene nombre, Estoy aquí, Sábado corto, Te sigo esperando, El lugar ideal. ¡Uf! Además de autor de las obras citadas, dirige las puestas en escena. Asume también la dirección de versiones de obras famosas y comedias desde su condición de fundador y director del Teatro Musical de La Habana.
Como delegado asistió a varios Congresos del Instituto Internacional de Teatro (ITI).
De la trascendencia de la obra de Quintero dan crédito los numerosos reconocimientos que en vida recibió: la Distinción por la Cultura Nacional, la Medalla Alejo Carpentier, la Réplica del Machete de Máximo Gómez y el Premio Nacional de Teatro correspondiente a 2004.
Declamador, figura familiar en la televisión y la radio, comunicador natural, el dramaturgo y comediante Héctor Quintero no se cansó de trabajar para los asiduos al teatro y para los lectores de piezas teatrales, pues vieron la luz a través de las editoriales del Instituto Cubano del Libro.
El fallecimiento de este intelectual de tan vario quehacer, el 6 de abril de 2011, devino una pérdida muy sensible para la cultura cubana. ¡Se le extraña, de veras se le extraña!
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