
Estão os terrivelmente sozinhos
Os doidos, os tristes, os poetas.
H.H.
Creía haber alcanzado ya una extensa y sólida carrera literaria cuando descubrió que aún no recibía la debida atención que debiera desde hacía mucho tiempo por parte de la crítica y la academia, lo que la hacía sentir un ser ignorado. Desatendida por, digamos, tales medios de legitimación cuando ya el teatro, la poesía, el ensayo, la novela… habían sido centro de su atención hasta que, llegado ese momento, decidió dar algo más que un paso hacia adelante, impulsar un poco más allá las cosas de donde las había llevado. Provocativo y «brusco» cambio de timón fue lo que se dispuso dar, y eso hizo. Y se dijo: «Ah, ¿sí? Pues voy a escribir pornografía». Y se lanzó con una prosa fresca, aguda, y con tal fuero, pasión, tanta cultura (literaria) hasta rozar, nada menos, que con el escándalo. Y no era para menos pues era su primera novela, en eso que siempre se ha considerado un subgénero… Hilda Hilst se lanzó hacia la novela pornográfica. Por-no-grá-fi-ca, tal como lo oyeron; siendo su primera producción El cuaderno rosa de Lory Lamby, cuyo personaje, una niña de ocho años y con la anuencia de los padres… bueno, y no digo más en ese sentido por lo cual se entiende que el escándalo que provocara no iba a ser para menos. El cuaderno rosa de Lori Lamby aún sigue siendo su carta de presentación, aunque aún no tiene traducción al español como si las tienen Cartas de un seductor, Obscénica, Pequeños discursos. Y uno grande, Cuentos de escarnio y La obscena señora D.
De que hubo escándalo atravesado por su primera novela porno ya lo hemos señalado, solo que al llegar su obra a los traductores y editores de Gallimard estos no se tardaron en exclamar: Hilda no solo ha reescrito el género, sino que lo ha reinventado, y todo claro, sin salir ello (los traductores y editores) de su bendecido asombro.
Y hela aquí, Hilda Hilst (Nacida Hilda de Almeida Prado Hilst,1930-2004) nacida en el seno de una familia de bien allá en San Pablo, Brasil; ciudad en la que vivió hasta el fin de sus prolíficos días. Luego de haber estudiado la carrera de Derecho, descubrió que eso no era lo suyo, por lo que dedicó sus esfuerzos a la literatura con énfasis, posiblemente, en un género que nadie sabe por qué todo el mundo reclama para sí: la poesía.
Habría que añadir que dentro de los terrenos de la casa de su propiedad se hizo construir otra, la cual logró caracterizar solo para dedicarse en ella a la creación. Y recibir amigos. Y a la cual llamó Casa do Sol. Gustaba tanto de sus mascotas que llegó a tener no menos de noventa perros a los cuales es obvio que solía mimar. Esta era Hilda Hilst una mujer desenvuelta en la vida, e incluso, a la hora de hablar. Mucho que decir de esta gran escritora. Pero dejémoslo aquí y veamos algo de su poesía.
No te espantes de la voluntad Del poeta En transmutarse Quiero y quería ser buey Ser flor Ser paisaje. Sentir la brisa de la tarde Y mirar los cielos, ver las tardes Mis hermanos, becerros, astas Amar el verde, pastar Nacer junto a la tierra (En la noche amar las estrellas) Tener los ojos claros, ausentes, Sin ser consciente De ser buey, ser flor, paisaje, No te espantes. Y reserva Tu sonrisa para los hombres Que a toda costa han de ser oradores, eruditos doctos doctores frente y sien endurecida. Quiero y quería ser buey Antes de querer ser flor. En la planicie, en el monte Moviendo con igual compás Mi armazón, los cascos (Mirando más allá del horizonte) Un pensamiento yo tendría: Más vale la mente vacía. Y siendo buey, soy ternura. Aunque pueda parecer Que lo del poeta Es locura.
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