
Nacida en 1098 en Bermersheim vor der Höhe (Sacro Imperio Romano Germánico, actualmente Alemania), Hildegard fue la menor de los diez hijos del matrimonio formado por los nobles Hildebert von Hosenbach y Mechthild von Merxheim-Nahet. Según las costumbres de la época, por ser la décima hija (décimo: diezmo para Dios), debía ser destinada a la vida eclesiástica. Así, cuando cumplió los ocho años, Hildegard fue puesta por sus padres bajo la tutoría de la condesa Judith (Jutta) von Spanheim, para que esta la instruyese en la oración, la lectura del latín y de la Biblia.
Ambas vivieron un tiempo en el castillo de Spanheim, y en 1112 pasaron al monasterio de Disibodenberg. Allí, Hildegard continuó estudiando liturgia, música y ciencias de la naturaleza, y profesó como religiosa benedictina. Tras la muerte de Judith, en 1136, Hildegard fue elegida abadesa de su comunidad.
En lo que referiría más adelante como inspiración divina, al cumplir 42 años se sintió fuertemente impulsada a dejar constancia de lo que había experimentado desde muy temprana edad en visiones místicas, y así comenzó la redacción de su Liber Scivias (Conoce los caminos), una exposición de sus ideas sobre el cosmos y el lugar que la humanidad ocupa en él.
Al respecto expresa Hildegard:
Toda la creación que Dios ha creado, en las alturas como en las profundidades, la ha puesto al servicio del ser humano. Y como las criaturas deben servir al ser humano para sus necesidades corporales, igualmente están destinadas a la salud de su alma.
En este mundo Dios ha rodeado y fortalecido al ser humano con todo, y lo ha circundado con muy grande fuerza, para que la creación esté a disposición suya en todo. La naturaleza entera debe estar a disposición del ser humano, para que este obre con ella, porque sin ella el ser humano no puede vivir ni sostenerse.
Pero la gracia de Dios ha creado al ser humano, que se apoya en la razón, para que en el conocimiento del bien y el mal ejercite la justicia, y a partir de ese conocimiento aspire a lo bueno y arroje lejos de sí lo malo.
Después de Scivias, Hildegard escribió dos libros, Phisica y Causae et Curae, sobre ciencias naturales y médicas, que en la historia de la Medicina se consideran como testimonios de época. En ellos se unen la práctica médica conventual y la tradición erudita. Hildegard recopiló también una colección de cantos de su autoría que tituló Symphonia armonie celestium revelationum. Todas sus obras fueron escritas en latín con ayuda de sus secretarios, los monjes Volmar, Gottfried y Guibert, así como la monja Ricardis von Stade.
En la Edad Media y a lo largo de varios siglos, los conventos y monasterios fueron el entorno ideal para las mujeres que buscaban dedicarse al estudio: es el caso de Filipa de Lencastre (1435-1476) en Portugal, o sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695) en la Nueva España. Sin menoscabo de sus dotes de visionaria y mística, la vida monástica le permitió a Hildegard von Bingen alcanzar una erudición realmente extraordinaria, pues además de las obras teológicas, médicas y musicales ya mencionadas, escribió poesía, incursionó en las artes plásticas y dejó una extensa correspondencia con personalidades de su época, incluidos altos dignatarios del poder eclesiástico y mundano.
Por su sabiduría se ganó el respeto de sus contemporáneos, aunque estos no siempre aceptaron las posiciones adoptadas por la abadesa, quien, según escribe Josep Lluís Barona en la revista Mètode:
No escondió su opinión crítica con la degradación de las costumbres y la falta de compasión con los pobres, además de discrepar sobre aspectos fundamentales de la doctrina, como es el caso de la culpabilidad de Eva, sobre la que recaía todo el peso del pecado original y a quien Hildegard consideraba, por el contrario, una víctima engañada por el demonio, envidioso de su capacidad de procrear.
Por esas y otras razones, el profesor Julien Théry, de la Universidad de Montpellier, califica a Hildegard como «la mística feminista de la Edad Media». Dice también el profesor Théry:
Algunos han detectado en ella una intuición de la concepción heliocéntrica del mundo y de la teoría de la circulación de la sangre, y su obra inspiró incluso en la década de 1980 la moda de la medicina alternativa. Hoy día son especialmente conocidos sus himnos litúrgicos, setenta en total, compilados en la Sinfonía de la Armonía de las Revelaciones Celestes (…) Aunque el Decreto de Graciano prohibía a las mujeres predicar, Hildegard realizó cuatro campañas de predicación. Clérigos, nobles y ciudadanos se reunían para escuchar sus sermones.
Hildegard falleció en 1179, a los 81 años, por entonces una edad muy avanzada. Aunque ya en vida era venerada como santa, el Papa Benedicto XVI la canonizó el 10 de mayo de 2012, y la declaró doctora de la Iglesia en octubre del mismo año.
Para conmemorar el aniversario 900 de su nacimiento, se organizaron en su región natal festejos que comenzaron en septiembre de 1997. Una exposición relacionada con su vida y obra, una peregrinación al Rochusberg de Bingen, así como conferencias y conciertos, simposios y congresos sobre la que en su tiempo fue llamada Sibila del Rin, formaron parte de las celebraciones.
La cineasta Margarethe von Trotta dirigió en 2009 el filme biográfico Visión, sobre la vida de esta gran erudita medieval de Alemania. También en 2009, la escritora danesa Anne Lise Marstrand Jorgensen publicó la novela histórica Hildegard, que le valió el premio Weekendavisen y fue publicada en español por la editorial Lumen en 2021, bajo el título Hildegarda y en traducción de Blanca J. de Carranza y Queirós. La ficción histórica juvenil Hildegarda, de Itziar Miranda y Jorge Miranda Vicente, vio la luz por la editorial Edelvives en 2020.
Los escritos de Hildegard von Bingen siguen despertando interés hasta hoy. Sus Obras completas, en 10 tomos, se publicaron en 2017 bajo el sello editorial Beuroner Kunstverlag. Y en 2025 vieron la luz, entre otras, Über die Liebe (Sobre el amor, editorial C. H, Beck) y Der Weg der Welt (El camino del mundo, editorial BoD-Books on Demand).
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