
La vida intelectual de Imeldo Álvarez recorrió un muy dilatado camino de acciones que lo revelan como escritor, editor, periodista y promotor cultural fundamentalmente, con un quehacer que se remonta a los años anteriores al triunfo de la Revolución, pero que después de 1959 alcanza su mayor desarrollo.
Quien escribe guarda de él una anécdota. En cierta ocasión le comenté acerca de una biografía que tenía a medio escribir. Él me escuchó atentamente y por último me preguntó cuántas páginas había escrito. Alrededor de 50, le contesté. «¡Ah, entonces de ese hombre no hay nada que decir!», fueron sus palabras. Ciertamente había mucho que decir de mi biografiado, y su comentario me alertó acerca de lo que aún me faltaba por indagar. Imeldo Álvarez acababa de darme una lección que gustoso acepté y de mucho me ha servido.
Imeldo —así todos le llamaban— nació el 21 de agosto de 1928 en el poblado de Amarillas, provincia de Matanzas.
El mundo de las artes le sedujo: primero el de las tablas, donde hizo de todo, desde apuntador hasta pequeños papeles secundarios en obras hoy olvidadas. También escribió piezas para el teatro, en un acto, con destino a los grupos de aficionados. Corresponden tales trabajos a un período de experimentación, de búsqueda de un oficio y un lenguaje literario para enfrentar los retos de los años por venir. Por entonces aparecen sus primeras colaboraciones en Cinema, El País Gráfico y otras publicaciones.
Cursó estudios de periodismo hasta segundo año y de biblioteconomía, trabajó en el comercio, desempeñó oficios, dio clases de español, corrigió pruebas, administró una empresa. También, en 1951, hizo un viaje a Estados Unidos y se dedicó con mayor empeño a escribir para la radio. Administró y fue redactor del periódico El Sol, del municipio de Marianao, y fungió de redactor en el periódico Noticias de Hoy.
Sus relaciones con el contexto intelectual se afianzan a partir de su estrecha relación con el escritor español Herminio Almendros y su familia, gana algún que otro premio periodístico, colabora en el semanario Carteles y en el diario El Mundo. Tal es, grosso modo, su currículum cuando cierra el año 1958.
El más conocido de sus libros, La sonrisa y la otra cabeza, le merece el Premio Uneac de Cuento Luis Felipe Rodríguez correspondiente a 1970 y se publica al año siguiente. Prepara la antología Noveletas cubanas, tomos I y II, de 1974 y 1977, respectivamente; Cuentos de amor, de 1978, e igualmente antología; el ensayo La novela cubana en el siglo XX, 1980; Glosas y criterios, 1988; El tema del bandidismo en la narrativa cubana, 1991, entre otros.
Su firma calza artículos en La Gaceta de Cuba, Revolución y Cultura, El Caimán Barbudo, Signos, Unión, Casa de las Américas… Cada vez más, Imeldo Álvarez se convierte en una de las voces autorizadas del panorama editorial cubano.
Ocupa la jefatura de Redacción de Literatura de la Editorial Arte y Literatura del Instituto Cubano del Libro. Estudios introductorios, notas, prólogos avalan un prestigio que alcanza su mayor reconocimiento en el Premio Nacional de Edición 1999. Intensa es su participación en las Ferias del Libro de La Habana (cuando estas tenían carácter nacional), en la Sociedad Cubana de Amigos del Libro y en los populares Sábados del Libro, donde su labor como promotor cultural es aún recordada.
Imeldo Álvarez falleció el 19 de junio de 2011, a los 82 años. Quedan sus antologías, libros, investigaciones y prólogos como prueba de su labor editorial por casi medio siglo.
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