
La historia no es una sola, es una multitud de relatos y voces que conforman un tejido, es un constructo del imaginario de quien la vive. Eso le hace poseer un enfoque relativista.
Augusto Monterroso, en un breve relato nos cuenta que una jirafa se topa con un combate entre dos ejércitos en un desfiladero. Mientras era testigo de la batalla, observó que ambos bandos consideraban heroicos sus propios muertos: «Wellington era un héroe para los ingleses y Napoleón era un héroe para los franceses» (Monterroso, 2022, p.45). Así, comprende que todo depende del punto de vista y de las condiciones: todo es relativo. Con esta parábola, el autor propone que efectivamente la historia recoge las hazañas, de ambos ejércitos, pero esa única realidad histórica se narra de forma diferente, pues la verdad podía alterarse según quien la cuenta.
Así, nos enfrenta con la noción de que la realidad, lejos de ser unívoca, se construye desde múltiples perspectivas, condicionadas por la posición que se ocupe en la historia.
Esta idea se ha convertido en punto de análisis para escritores inclinados hacia la novela histórica, en la que narrar un hecho, equivale a examinar la historiografía, captar los enfoques múltiples de un hecho y romper con algunos relatos que han fijado una versión lineal de la historia. Pensemos en la conquista de América y en quiénes la han narrado. Su historia ha sido contada desde la mirada de cronistas que impusieron su relato como verdad absoluta. Sin embargo, como advierte Monterroso, toda verdad es relativa al ojo de quien la observa, y es allí donde Isabel Allende interviene con la novela histórica Inés del alma mía, al reescribir la historia desde una voz silenciada: Inés Suárez. Su perspectiva narrativa de la conquista no podrá ser, ni aun participando en los mismos hechos bélicos como lo hizo, codo con codo junto a los hombres, parecida a la versión masculina. Allende, rescata este prisma oculto hasta entonces. La reflexión vendría en ver cómo esta novelista lo hace.
Acerca de la novela histórica, Amado Alonso (1984) sostiene que el criterio fundamental para llamar a una novela: histórica, es que el escritor no pueda haber formado parte de los hechos que narra. Digamos que el novelista histórico es aquel que ni participa ni podría participar sobre los hechos que está narrando. Y esto es muy interesante porque viola un sentido común epistemológico del presente, que es que uno debe escribir sobre lo que sabe, y ahí «saber» se entiende casi en el sentido gustativo.
Así tenemos una suerte de principio de ignorancia narrativa según la cual la novela histórica es aquella en la que el escritor escribe sobre lo que no tiene ni idea, pues no lo vivió ni percibió. Y por supuesto, este principio niega la concepción de la relatividad de Monterroso.
Una postura muy asumida es que la novela histórica no sea ni una «prudencia» ni una «ciencia» sino que sea un «arte». Y aquí por supuesto el texto de referencia al que no podemos dejar de volver es La Poética, de Aristóteles. En ella dice que la poesía es más filosófica o científica que la historia, por una sencilla razón: porque no existe ciencia de lo particular. Para la visión aristotélica tan solo existe ciencia allí donde hay leyes, y puede haber leyes, donde hay regularidades, y hay regularidades donde hay repeticiones.
Para Aristóteles, la historia no puede ser científica porque trata de hechos particulares e irrepetibles que están situados en una línea temporal que no vuelve sobre sus pasos. Si volviesen a emprender un largo viaje de conquista a la región del Arauco, no sería igual al vivido en el siglo XVI, factores sociales y hasta naturales negarían tal fenómeno. Si aplicamos la reflexión de Monterroso, demostramos entonces que la historia, evidentemente, no es científica porque en ella operan perspectivas, y en cuanto ellas intervienen entonces hablamos de literatura.
Por consiguiente, sostiene que la poesía es más científica que la historia porque en la poesía no se puede escribir cualquier cosa. La poesía no puede tratar sobre cualquier cosa, sino que genera una necesidad caracterológica. En la novela histórica los personajes no pueden decir cualquier texto, un rey no puede hablar como un plebeyo y viceversa. No sería procedente que hubiera saltos espaciales ni temporales, pues hay una serie de unidades de medida y de reglas, luego exageradas por los neoclásicos, de espacio, tiempo y acción que deben cumplirse para que el drama sea verosímil. La mímesis del arte respecto a la realidad se cifra precisamente en esa necesidad caracterológica de ser verosímil e inalterable. Necesidad que no se cumple en la historia. En esta última los héroes no cumplen su destino, no existe una suerte de justicia cósmica que recompensa a los buenos y castiga a los malos, la idea de la moraleja, del final feliz, y de tantos otros artificios, o mejor dicho, necesidades propias de la poesía. Es en la poesía, donde se producen finales que son al mismo tiempo imprevisibles y necesarios. Es decir finales que, mientras uno está leyendo la obra no se sospecha que van a suceder, pero una vez se ha terminado la obra resulta el único final posible. La poesía es más científica que la historia: en la historia pueden pasar todo tipo de locuras; en la novela tan solo puede pasar lo que nos resulta verosímil lo que nos resulta creíble dialécticamente, lo que nos parece posible y que, conforme se va desarrollando la narración, se vuelve necesario.
Además, defiende la idea de que, al contrario de la historia, la literatura sí es repetible. La literatura se puede reescribir, alterar una historia, cambiar un acontecimiento, reinventar la realidad; a favor de la relatividad de los hechos, pero en la historia los hechos ya quedaron ahí, inmutables.
Bajo estas concepciones, los novelistas al narrar hechos históricos suelen tener dos caminos para enfocar la verdad: uno en el que la defienden, donde los acontecimientos de la historia se imponen y determinan la trama ficcional; y otro en el que defienden la verosimilitud, pues mientras la historia trabaja con la verdad, la literatura trabaja con la verosimilitud. A veces la verdad es menos verosímil que la ficción, pero en estos casos el novelista soslaya esos aspectos inverosímiles de la realidad, pues los detalles de la historia determinan la trama ficcional.
Pero también estos novelistas suelen tener dos caminos para enfocar la historia. Cuando «el pedestal es más grande que la estatua»: en estas novelas el gusto por las descripciones por los hechos históricos reconstruidos es más fuerte que el personaje principal. El segundo camino es el de hacer la estatua más grande que el pedestal”. La novela deja de ser sociológica para convertirse en personalista y heroica, los personajes hacen ese tránsito de lo anónimo a lo heroico, mientras que la historia, al revés, pasa de lo heroico a lo anónimo.
En la novela Inés del alma mía, Isabel Allende tomó dos caminos, para la verdad: el camino de narrar los acontecimientos de la historia y para la historia. Se enfocó en la estatua en lugar del pedestal. Así, con esta obra, la autora se inscribe dentro del género de la novela histórica, pues sin renunciar a la invención literaria, se basa en personajes, procesos y contextos documentados por la historiografía.
La novela reconstruye la vida de Inés Suárez, figura real del siglo XVI y única mujer española partícipe en la expedición de Pedro de Valdivia a la región del Arauco. A través de un relato verosímil sustentado en las Crónicas de Indias sobre el proceso de conquista y colonización de América Latina, Allende da forma a una narración que combina la fidelidad histórica y documental con percepciones subjetivas, ficcionalidad y crítica social. Y es que, esta novelista lejos de ofrecer una mera ilustración del pasado, propone una reescritura de los hechos, dando voz a quien fue silenciada de los relatos oficiales de la historia de la conquista. Precisamente su carácter histórico radica en que recrea acontecimientos de la conquista pero desde el prisma femenino, que también fue real y legítimo.
En la novela se acomete una operación narrativa de naturaleza crítica: la recuperación de una figura histórica femenina, Inés Suárez, que ha sido relegada a una nota marginal en los registros oficiales de la conquista de América. ¿Cómo la autora le ofrece protagonismo y a la vez certifica que los acontecimientos narrados son reales? Fácil, a través del recurso de la narración en primera persona. Nada habrá más real, al momento de contar una historia, nada será más vívido, que la perspectiva individual. Si la historia se narra desde una focalización íntima, los hechos se venden, ciertamente o no, como reales.
Por otro lado, con esta narradora protagonista en primera persona, Allende subvierte el canon historiográfico tradicional dominado por cronistas hombres, construyendo una perspectiva que tensiona el discurso épico colonialista masculino. La novela no se limita a inscribir una mujer en el relato de la sangrienta conquista de Chile, sino que reestructura las coordenadas de enunciación, ofrece un viraje a la lente histórica, reconstruye las páginas, otorgando centralidad a la subjetividad femenina como forma legítima de narrar y reinterpretar la historia.
Y es que Inés Suárez como narradora es tan solo un acto de impugnación de los cronistas de la conquista. La configuración de este personaje como narradora-autobiográfica implica un gesto político de reapropiación de la palabra histórica. Desde el inicio de la novela, el acto de narrar se presenta como un proceso de reparación simbólica.
Me asombra el poder de esos versos de Alonso, que inventan la Historia, desafían y vencen al olvido. Las palabras sin rima, como las mías, no tienen la autoridad de la poesía, pero de todos modos debo relatar mi versión de lo acontecido para dejar memoria de los trabajos que las mujeres hemos pasado en Chile y que suelen escapar a los cronistas, por diestros que sean. Al menos tú, Isabel, debes conocer toda la verdad, porque eres mi hija del corazón, aunque no lo seas de sangre. Supongo que pondrán estatuas de mi persona en las plazas, y habrá calles y ciudades con mi nombre, como las habrá de Pedro de Valdivia y otros conquistadores, pero cientos de esforzadas mujeres que fundaron los pueblos, mientras sus hombres peleaban, serán olvidadas.
Allende, 2021, p.80
Esta declaración funciona como un marco metanarrativo que anuncia la intención de confrontar y complementar las versiones oficiales, sobre todo, la que ofreciese a la historia de la literatura Alonso de Ercilla, con su obra La Araucana.
A diferencia de este cronista, cuya mirada exalta la gesta heroica de los conquistadores, la voz de Inés se sitúa desde la experiencia vivida de las mujeres y su afectividad. La narración no pretende una objetividad documental, sino que prioriza la memoria femenina desde lo afectivo. En este sentido, la novela se posiciona como un contra-discurso que evidencia los silencios y omisiones de la historiografía oficial. La narradora, legitimando su testimonio como una forma de conocimiento histórico alternativo, afirma:
No estuve de acuerdo con él en esa ocasión…cuando le dio la fiebre de fundar ciudades, que no podíamos poblar ni defender. Esa testarudez lo condujo a la muerte. Las mujeres no pueden pensar en grande, no imaginan el futuro, carecen del sentido de la Historia, sólo se ocupan de lo doméstico y lo inmediato, me dijo una vez, a propósito de esto, pero debió retractarse cuando le recité la lista de todo lo que yo y otras mujeres habíamos contribuido en la tarea de conquistar y fundar.
Allende, 2021, p.214
Resulta relevante cuando nos percatamos cómo la autora juega entre la historia real y lo inverosímil para ofrecerle mayor fuerza a la historia y engrandecer la figura de Inés. Isabel Allende viaja por el camino en el que los acontecimientos de la historia se imponen y determinan la trama ficcional. Nótese que Inés sí es un personaje histórico, sí acciona en un hecho tan real como lo fue la conquista de Chile, pero su proyección determina una trama, toca aspectos ficcionales.
En la escena en que defiende la ciudad de Santiago decapitando prisioneros indígenas, la protagonista nos narra un hecho pero la escritora ofrece pincelas inverosímiles, porque como dice Aristóteles, la literatura sí se puede reescribir, y más si se trata de enaltecer la figura femenina. Leamos:
Y entonces enarbolé la pesada espada a dos manos y la descargué con la fuerza del odio sobre el cacique que tenía más cerca, cercenándole el cuello de un solo tajo. El impulso del golpe me lanzó de rodillas al suelo, donde un chorro de sangre me saltó a la cara, mientras la cabeza rodaba a mis pies. El resto no lo recuerdo bien. Uno de los guardias aseguró después que decapité de igual forma a los otros seis prisioneros, pero el segundo dijo que no fue así, que ellos terminaron la tarea. No importa. El hecho es que en cuestión de minutos había siete cabezas por tierra. Que Dios me perdone. Cogí una por los pelos, salí a la plaza a trancos de gigante, me subí en los sacos de arena de la barricada y lancé mi horrendo trofeo por los aires con una fuerza descomunal, y un pavoroso grito de triunfo…
Allende, 2021, p.60
Así, sentencia la narradora, despojando la empresa colonizadora de cualquier justificación ideológica.
Este tipo de afirmaciones interpelan directamente al discurso épico tradicional, reescribe y reinterpreta la historia. A diferencia de la retórica grandilocuente de los conquistadores, la voz de Inés está atravesada por la moral y la sensibilidad.
Asimismo, la elección de una voz femenina para relatar la historia que siempre ha estado relacionada a los hombres asevera la idea de centrarse más en la estatua que en el pedestal, pues Inés no solo participa activamente en batallas, juega un papel real en la historia de la conquista de Chile, recogido en la documentación histórica, sino que también observa, reflexiona y opina sobre los acontecimientos, otorgándoles una dimensión ética y emocional que suele estar ausente en los cronistas de Indias, y que potencia la intención subjetiva de Isabel Allende, de narrar y observar la historia desde la figura o el personaje de la mujer.
Es por esto que la novela introduce en el discurso histórico la perspectiva de la conquista de la mujer. La historia no se reduce a batallas y tratados, sino que incluye el mundo afectivo y cotidiano de las mujeres. Inés habla de su amor por Pedro de Valdivia, del dolor de no tener hijos propios, de las redes de mujeres indígenas con quienes convive, de su papel en esa batalla.
De este modo, Allende expande el campo de lo narrable dentro de la novela histórica, integrando las experiencias femeninas como constitutivas de la historia.
Las mujeres hacíamos empanadas, frijoles, papas, guisos de maíz y cazuelas con las aves y liebres que los indios lograban cazar. A veces conseguíamos pescado y marisco traído de la costa por los indígenas del valle, pero olían mal…” (Allende, 2021, p.186).
Los soldados se aburrían, porque, aparte de practicar con sus armas, holgar con sus mancebas y pelear cuando les tocaba, eran pocas las ocupaciones. El trabajo de construir la ciudad, sembrar y cuidar los animales lo hacíamos las mujeres…
Allende, 2021, p.212
Inés del alma mía constituye una propuesta de revisión crítica del pasado colonial desde una perspectiva femenina que le hace reconstruir y reinterpretar la historia. A través de la elección de Inés Suárez como narradora, Isabel Allende interpela las formas tradicionales de construir esta historia de la conquista de Chile, denuncia las exclusiones sistemáticas de la memoria oficial y ofrece un contrarrelato que revaloriza la subjetividad, la corporeidad y la experiencia desde el personaje de Inés, para proyectar un prisma narrativo desde la estatua. En lugar de repetir la épica del vencedor, la novela se posiciona como una voz que narra desde el margen, que descarna las heridas del pasado y que demanda su lugar en la escritura de la historia. En esa operación, Allende no solo rescata a Inés Suárez, sino que reconfigura los modos posibles de contar el pasado desde la literatura.
***
Referencias
Allende, I. (2021). Inés del alma mía. Barcelona: Penguin Random House.
Alonso, A. (1984). Ensayo sobre la novela histórica. El modernismo en «La gloria de don Ramiro». Madrid: Gredos.
Visitas: 18






Deja un comentario