
Jacobo de la Pezuela y Lobo nació andaluz —más exactamente gaditano—, el 24 de julio de 1811, hace pues, 215 años. ¡Pero no es un personaje olvidado! A él mucho le agradecen cuantos en Cuba se adentran en la historia patria del siglo XIX, cuantos desean conocer de primera mano informaciones a veces mal manipuladas y controvertidas, aun cuando lo anterior no implique cerrar los ojos y aceptar todo cuanto escribió Don Joaquín, sino revisarlo, cotejarlo y tomar lo que de él vale —que no es poco, por cuanto se afirma que poseyó la cualidad de ser «bastante» objetivo.
Pezuela hizo una larga estancia en Cuba, donde dejó su huella de historiador, al punto que hizo historia en el panorama cultural y político de la isla. Fue tal su aplatanamiento que este redactor se atreve, muy libremente, a imaginarlo bastante parecido a los cubanos. Personaje interesante y fiel a la metrópoli colonialista, fue aun así un servidor de la nación cubana, a la cual aportó su laboriosidad como historiador y su sentido de la objetividad. En España se le nombró individuo de número de la Real Academia de la Historia.
De profesión militar, se desempeñó en Cuba como ayudante del capitán general, aunque además realizó funciones de coronel del regimiento de milicias de Matanzas y de teniente gobernador de la localidad de Güines, en La Habana.
En el orden que más concierne, el de historiador, Pezuela se nos presenta como un investigador laborioso, que reunió una cantidad apreciable de datos los cuales revisó y transcribió con sumo cuidado y paciencia. Solo luego escribió su primera obra, relativamente breve, titulada Ensayo histórico sobre la Isla de Cuba, que vio la luz en Nueva York, en 1842. A esta sucedieron otras, con las que su quehacer alcanzó mayor profundidad.
Como escritor fue, en el decir del profesor y crítico Max Henríquez Ureña, «castizo y correcto. Metódico y escrupuloso como historiador, trató siempre de asumir una actitud serena y prudente al comentar los acontecimientos históricos».
Sitio y rendición de La Habana en 1762, otro de los textos de don Jacobo de la Pezuela, apareció en Madrid, en 1859. A continuación entregó a la imprenta el muy importante Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la Isla de Cuba, en cuatro volúmenes, que se publicó en Madrid entre 1863 y 1866. Tal recopilación es aún fuente de referencia para investigadores y estudiosos. Ello, pese a que no está exenta de inexactitudes y hasta errores que el tiempo ha ido descubriendo sin que le quite mérito a la integralidad de la obra.
El Diccionario contiene las biografías de los altos funcionarios de la metrópoli que se desempeñaron en Cuba durante la colonia en las esferas administrativa, militar y eclesiástica. Sin embargo, no se detiene ahí y además aporta las fichas biográficas de personalidades cubanas muy diversas, desde Gertrudis Gómez de Avellaneda hasta Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) o José María Heredia. Véase pues cuán amplio es el diapasón que abarcó Jacobo de la Pezuela en su trabajo de recopilación de datos y cuán justo es considerar de «valiosísima» esta obra.
«Sin ser intolerante, era fundamentalmente conservador, enemigo de novedades y de cuanto pudiera poner en peligro la soberanía de España», apuntó el crítico Rafael Montoro sobre el criterio de Pezuela. Por cierto, dicho criterio lo ejerció el historiador con suficiente buen juicio como para que sus crónicas, aun aquellas referidas a los acontecimientos de la guerra de los cubanos por la independencia contra España, puedan leerse y ser tomadas en consideración como documentos históricos capaces de describir la situación política y social de Cuba.
La bibliografía de Pezuela incluye otros libros, tal vez menos conocidos, pero también importantes: Necesidades de Cuba, en 1865, y sobre todo Historia de la Isla de Cuba, también en cuatro volúmenes que se publicaron en Madrid entre 1868 y 1878, así como Crónica de las Antillas, publicado en Madrid, en 1871.
Jacobo de la Pezuela murió en Cuba el 3 de octubre de 1882, a los 71 años. Todo aquel que se interese en estudiar la historia de Cuba a lo largo de su período colonial continuará recurriendo a su obra. ¡Gracias, don Jacobo! ¡Enhorabuena sus 215 cumpleaños!
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