
Poco recordado es el suceso, pero hace más de cincuenta años se celebró en Weimar —la ciudad de Goethe y de Schiller, entonces perteneciente a la República Democrática Alemana—, el Congreso Internacional de Escritores que con la presencia de más de 200 autores invitados en representación de 52 países, conmemoró el vigésimo aniversario de la victoria sobre el fascismo en una ciudad que, resurgida de las cenizas, sufrió la destrucción provocada por intensos combates y miles de pérdidas de vidas.
La delegación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) a ese congreso, que tuvo lugar en mayo de 1965, la integraron dos intelectuales ya fallecidos: Luis Suardíaz y Jaime Sarusky. Aunque hoy día el acontecimiento está casi olvidado, en su momento fue objeto de gran destaque por la prensa, y la revista Bohemia, en las páginas 28-29 de su edición del 23 de julio de 1965, reseñó las palabras de Sarusky, al tiempo que incluía su fotografía: la de un autor entonces de 34 años que, no obstante su juventud, había desarrollado ya una fecunda labor periodística y literaria.
Contaba Sarusky en su artículo para Bohemia que «quizá uno de los momentos más emotivos del congreso fue el discurso de apertura de Anna Seghers. Fue apasionada y sincera y parecía dulce y bella con sus 65 años, y sus ojos rasgados, azules, vivos. Decía Anna que: “para los escritores fue un acontecimiento grande y decisivo la liberación del fascismo hitleriano”. Recordó que los fascistas persiguieron a los escritores, quemaron los libros de grandes humanistas, asesinaron a Carl von Ossletzky y a Lorca, entre otros».
La delegación cubana expresó en el acto de clausura:
«Como creadores necesariamente tenemos que enfrentarnos a la muerte porque ese es el destino mismo del arte y la literatura: resistir a la muerte. Cada vietnamita o cada dominicano que cae bajo las balas norteamericanas es una derrota del arte y la literatura, un baldón —porque no supimos impedirlo a tiempo—, una declinación de la tradición humanista que nos legó Goethe».
Otro de los principios expuestos en el Congreso establecía:
«Que haya paz, sí. Pero paz para todas las naciones, sean grandes, medianas o pequeñas. Solo en esta lucha podremos asumir plenamente nuestra humanidad de hombres libres, responsables, progresistas».
Weimar, importante centro de la cultura alemana, renovó en su momento los objetivos de dos Congresos de Intelectuales en Defensa de la Cultura anteriores, celebrados en París (1935) y en Valencia, España, en 1937, convocados ambos para combatir el fascismo.
De ascendencia hebrea y nacido en La Habana el 3 de enero de 1931, Jaime Sarusky Miller escribió un libro que aún constituye un texto relevante para el estudio de las comunidades de norteamericanos, suecos, japoneses, indostanos y yucatecos asentados en Cuba. Su título, Los fantasmas de Omaja (Ediciones Unión, 1986), ha merecido desde entonces los más elogiosos comentarios críticos.
Para muchos lectores, sobre todo para aquellos seguidores de las publicaciones periódicas, Sarusky es ante todo el periodista, el cronista, el reportero, el articulista. Se justifica esta opinión: desde 1959 su firma acompañó las páginas del diario Revolución, pero también colaboró u ocupó jefaturas en La Gaceta de Cuba, Casa de las Américas, INRA (después Cuba), Unión, Revolución y Cultura, Granma, y La Jiribilla, entre otras publicaciones cubanas.
El tema de las migraciones, la historia, la política cultural, el cine, la música, entre otros, los desarrolló con la acuciosidad del investigador que combinó la erudición y tenacidad, con el lenguaje literario o las técnicas periodísticas, según fuera el género que lo ocupara.
Así, su producción impresa incluye las novelas La búsqueda y Rebelión en la octava casa (una y otra con varias ediciones) y Un hombre providencial; El tiempo de los desconocidos (crónicas); el ensayo La política cultural de Cuba; El unicornio y otras invenciones (ensayos y crónicas); Diario de una revolución, Cuba: La imagen y la Historia, La aventura de los suecos en Cuba; Una leyenda de la música cubana – Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC…
Laureado con el Premio Nacional de Literatura en 2004, le fue dedicada la Feria Internacional del Libro de La Habana en 2011, ocasión en que recibió el homenaje de toda la nación. Murió el 29 de agosto de 2013.
Recordar el Congreso Internacional de Escritores de Weimar y las palabras de Sarusky no ha sido sino un agradable «pretexto» para evocar a un importante escritor cubano y compartir con los lectores una fotografía entresacada de los archivos.
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