
Hace 130 años fallecía este importante autor cuyas obras se inscriben dentro de la literatura científica. No escribió Johannes Christopher Gundlach novelas, cuentos ni poemas, pero sí una obra perteneciente a la literatura científica de incalculable y vigente valor. Este naturalista alemán pasó en Cuba más de 55 años. Y ello, pese a que llegó para una breve estancia, en viaje de estudios.
Arribó a La Habana el 5 de enero de 1839. Era entonces un graduado universitario perfectamente desconocido, de apenas 28 años y con toda su historia aún por escribir.
Dotado para la observación, excelente taxidermista y dispuesto para el trabajo, quedó deslumbrado por la fauna cubana. Se trasladó a Canímar, en la provincia de Matanzas, y allí se dedicó al estudio de los variados componentes de la fauna del lugar. Nada escapó a su atención: los mamíferos, las aves, los insectos, los moluscos y crustáceos, los reptiles.
Estableció relación, primero epistolar y después personal, con el sabio cubano Felipe Poey, quien expresó de él: «Es hombre que como Diógenes sabe beber en jícara y sin jícara, y todo lo da por bien empleado si descubre una especie nueva de insecto o molusco terrestre, o un pájaro que falta a su colección».
Poseedor de una enorme capacidad de concentración y de un amor ilimitado por la zoología, se convirtió en uno de los pioneros de la ecología en Cuba. Adaptó su magra y alargada configuración a las necesidades más sencillas y puso a un lado lo superfluo en aras de satisfacer su curiosidad científica.
Publicó muchos artículos y libros. La más significativa de sus obras la tituló Ornitología cubana; catálogo descriptivo de todas las especies de aves tanto indígenas como de paso anual o accidental observadas en 53 años. Este volumen apareció en 1893 y es comparable a la mundialmente conocida obra Ictiología cubana de Poey.
El científico fijó residencia en una hacienda de la región de Cárdenas, donde instaló su biblioteca, su colección de ejemplares zoológicos y un estudio para las prácticas de taxidermia.
En 1892 el Gobierno español le compró su colección de fauna cubana, pero Gundlach, poco apegado a la riqueza material, entregó el dinero a un amigo cuya familia lo había albergado en sus primeros años de estancia en Cuba.
Los trabajos de este laborioso alemán le valieron para ser nombrado miembro honorario de varias sociedades científicas europeas y americanas. En Cuba se le designó Conservador Vitalicio del Museo de Historia Natural de La Habana.
Su dinamismo, el incansable trajinar por los campos, así como el aire puro y el contacto con la naturaleza vigorizaron la salud de Gundlach, quien vivió 86 años. Murió en La Habana el 14 de marzo de 1896, cuando los cubanos a quienes había visto crecer tenían decidido y bastante adelantado el camino de la independencia.
Su obra incluye numerosas monografías muy originales, está escrita en alemán, inglés y español, y sigue siendo de consulta obligada por los especialistas hoy día.
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