
¿No te acuerdas gentil bayamesa que tú fuiste mi sol refulgente, y risueño en tu lánguida fuente blando beso imprimí con ardor…? (La bayamesa, 1851)
Los versos anteriores son del poeta José Fornaris y casi todos los cubanos los conocemos. Aun así, no es él de esos autores que hoy conserven la preferencia del lector, pese a considerársele la figura más descollante de la corriente siboneyista, a la cual dio nombre al publicar en 1855 sus Cantos del Siboney, un cuaderno que por aquellos tiempos le ganó gran popularidad y por lo que mereció varias reediciones sucesivas, algo así como lo que hoy llamaríamos un best seller de la poseía cubana de mediados del siglo XIX.
Nacido en Bayamo el 18 de marzo de 1827, Fornaris falleció en La Habana hace ahora 135 años, el 19 de septiembre de 1890.
Hizo los estudios primarios en el Seminario de San Basilio el Magno, en Santiago de Cuba, y a partir de 1840 los completó en La Habana, donde se graduó de Bachiller en Leyes en 1844 y ocho años después de Licenciado.
Los primeros textos de Fornaris —ensayos literarios— aparecieron en La Prensa.Pero al autor le movía una evidente vocación independentista, que le envió a prisión por varios meses en la tempana fecha de la quinta década del siglo XIX.
La vida de este inquieto hombre se movió entre Bayamo, su ciudad natal, y La Habana, donde su obra poética más se hizo sentir.
El siboneyismo, corriente a la cual aludíamos al comienzo, utilizó en sus textos palabras y nombres del vocabulario autóctono; pero, en opinión de los especialistas, no hubo una sincera profundización en un tema que pretendía rescatar escenas y costumbres de los habitantes naturales de la Isla.
Fornaris también cultivó el teatro y hasta estrenó dos dramas en versos: La hija del pueblo y Amor y sacrificio, súmese también otro texto dramático (El toque de alarma), si bien ninguno de ellos le incorporó un ápice de renombre al autor. Hizo además varias traducciones de poetas europeos.
Aunque los versos de La bayamesa (musicalizados por Francisco del Castillo) se asociaron al movimiento insurreccional iniciado en 1868, Fornaris rehusó comprometerse en este y permaneció en La Habana.
La relación de publicaciones en que aparecieron sus poemas es extensa, entre ellas La Abeja, El Colibrí, El Almendares, Revista de La Habana, Civilización, La Prensa, Correo de La Tarde, Álbum cubano de lo bueno y lo bello y La Aurora…
Entre sus libros se cuentan Poesías de José Fornaris, Flores y lágrimas, Cantos tropicales, El arpa del hogar… En 1951 la Dirección de Cultura publicó una antología de los versos de Fornaris con el título Poesías de la patria.
Su lírica ha sido criticada por su tendencia al facilismo, un vicio o descuido que suele acompañar a quienes creen tener siempre de la mano a las Musas y pasan por alto el trabajo de taller. Sin embargo, no falta en ella emoción y sinceridad, ni tampoco musicalidad. Así que su poesía no debe ser desdeñada, sobre todo cuando se intenta recorrer con seriedad el catálogo de los autores cubanos del siglo XIX.
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