
Para la historia de la pedagogía cubana, el nombre del doctor Juan Miguel Dihigo se asocia ineludiblemente al desarrollo de los estudios de filología y de lingüística, reconociéndose en él a la figura cumbre de una y otra materia. Notable es también su huella en la divulgación de ambas disciplinas y en el acercamiento y aprendizaje de estas por los cubanos de la primera mitad del siglo XX.
Favorecido por una vida larga y fecunda, nació 160 años atrás, el 8 de mayo de 1866, en La Habana, en cuyo Colegio de Belén estudió y en cuya universidad se doctoró en Filosofía y Letras, para después llegar a ser, en ella, uno de sus profesores de mayor relevancia internacional.
La contienda independentista de 1895 en modo alguno le resultó ajena. Fue delegado de uno de los clubes revolucionarios de Nueva York y colaboró en las actividades que desde allí se promovían en favor de la insurrección en la Isla.
Se doctoró también en Derecho Civil y Canónico, siempre en la Universidad de La Habana, para la cual trabajó toda la vida, pues impartió clases de griego, de lingüística, de filología clásica, sin dejar —a partir de 1910— de atender la Revista de la Facultad de Letras y Ciencias, de la cual fue fundador y director. Las colaboraciones del doctor Dihigo en la prensa pueden encontrarse en Revista de Instrucción Pública, La Escuela Moderna, La Discusión. Consignemos que fue un conferencista de alto nivel en los temas de la lengua.
Los libros que publicó sobre su especialidad son varios e importantes: La fonética experimental en la ciencia del lenguaje, 1915; El habla popular a través de la literatura, 1915; Dos grandes lingüistas: Hatzidakis y Meillet, 1922; Los estudios clásicos en Cuba, 1928; Léxico Cubano. Contribución al estudio de las voces que lo forman, que dejó inconcluso. Es cuantiosa su bibliografía contenida en folletería, dentro de la cual se incluyen asuntos históricos, biografías, temas ortográficos, elogios y un sinfín de artículos sobre filología y lingüística.
De saber enciclopédico y humanístico, alcanzó un prestigio internacional tal, que integró la Asociación Lingüística de París, se le nombró miembro de la Asociación para el Fomento de los Estudios de Griego, con sede en París, y asistió al Congreso de Orientalistas, celebrado en Atenas, en 1912. Perteneció igualmente a la Academia de la Historia de Cuba y figuró entre los fundadores de la Junta Municipal de Educación de La Habana, la cual llegó a presidir.
Trascendental resultó su empeño personal para la creación del Laboratorio de Fonética Experimental y del Museo de Arqueología Clásica.
El conocimiento que sobre las lenguas alcanzó el profesor Dihigo resulta pasmoso y aunque de su tiempo a estos que corren la Lingüística ha alcanzado gran desarrollo, sigue siendo de obligada referencia transitar por sus textos para todo aquel que estudia los temas del lenguaje.
Se trató de un intelectual de intereses que también volcó en el ensayo y el estudio de los asuntos históricos. Se le recuerda como ilustre Decano de la Facultad de Letras, título que entre los muchos que ostentó, tal vez fuera para él uno de los más significativos; porque en Juan Miguel Dihigo permaneció siempre, y por sobre todo, la simiente del maestro.
Murió el 15 de febrero de 1952, cercano a los 86 años de edad.
En un texto suyo aparecido en 1916 bajo el título El movimiento lingüístico en Cuba, apuntaba:
A medida que se vayan profundizando estas materias —aludía a las de la lengua— habrán de advertirse los múltiples atractivos que han de ofrecer a sus pacientes escudriñadores y surgirán motivos de admiración hacia lo que el lenguaje en sí representa.
No se equivocó el profesor Dihigo, quien contribuyó decisivamente al develamiento de las particularidades de la lengua en sus alumnos y en los lectores de su obra.
A un siglo y seis décadas de su nacimiento, las investigaciones en torno a la lingüística gozan de muy buena salud en su Isla.
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