
Con Julián del Casal se cumplió literalmente la frase «murió de risa». Sí. En la noche del 21 de octubre de 1893 murió súbitamente en la sobremesa de una familia amiga, en casa del doctor Lucas de los Santos Lamadrid. En un ataque de risa provocado por un chiste de uno de los presentes, sufrió la rotura de un aneurisma, que causó una hemorragia mortal. Aunque algunos médicos consideran que la causa de su muerte fue la tuberculosis que padeció.
Lo cierto es que tuvo una vida breve pero capaz de dejar huellas; ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, sin embargo, abandonó los estudios para dedicarse a la literatura.
Publicó su primer poema conocido en un seminario de arte, ciencia y literatura llamado El Ensayo, en el número editado el 13 de febrero de 1881, y en 1890 publicó su primer libro de poemas Hojas al viento. Al año siguiente conoce a Rubén Darío en uno de los viajes que esté último realizó a La Habana, con quien establece una amistad.
En señal de su afecto, Darío dedicó a Casal «El clavicordio de la abuela»; Casal, por su parte, había conseguido ese mismo año que en La Caricatura apareciese el poema de Darío «La negra Dominga». Asimismo, Julián publicó en La Habana Elegante un artículo sobre su amigo el 5 de enero de 1893.
En 2019, el cineasta cubano Jorge Luis Sánchez legó a la pantalla grande el drama biográfico Buscando a Casal, que toma al poeta como protagonista.
Julián del Casal, antes de morir, corrigió parcialmente las pruebas de su libro Bustos y rimas. De este libro compartimos el poema «Crepuscular»*:
Crepuscular
Cómo vientre rajado sangra el ocaso, manchando con sus chorros de sangre humeante de la celeste bóveda el azul raso, de la mar estañada la onda espejeante. Aalzan sus moles húmedas los arrecifes donde el chirrido agudo de las gaviotas, mezclado a los crujidos de los esquifes, agujerea el aire de extrañas notas. Va la sombra extendiendo sus pabellones, rodea el horizonte cinta de plata, y, dejando las brumas hechas jirones, parece cada faro flor escarlata. Como ramos que ornaron senos de ondina y que surgen nadando de infectó lodo, vagan sobre las ondas algas marinas impregnadas de espumas, salitre y yodo. Ábrense las estrellas como pupilas, imitan los celajes negruzcas focas y, extendiendo las voces de las esquilas, pasa el viento ladrando sobre las rocas.
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