
Sépase que la obra de Ko Un es tan extensa como su propia vida. La segunda más accidentada que la primera puesto que 1933 marca su fecha de llegada al mundo. Ko escritor, Ko activista, Ko preso durante un golpe de estado, lo cual tal vez no lo amedrantaría pues ya en cuatro ocasiones había sabido qué era eso de estar entre o tras las rejas. Ko maestro, Ko profesor en varias universidades dentro y fuera de su país. Ko, el prolífico Ko, ensayista y, por supuesto, el magnífico poeta que ha podido ver su obra traducida a múltiples idiomas. Y porque ya anteriormente había sido marcado en cuerpo y alma, y todo esto de por vida, por la execrable guerra de Corea. Ko había sido por demás, monje budista.
Que una sombra (chinesca) tal como dirían los cubanos, ha rodeado parte de su existencia, lo cual le ha impedido, quizás, a pesar de haber sido nominado al Nobel en algún que otro año, que el mismo le hubiera sido esquivo. Y lo fue. Grave la mancha que ensombrece su bien afianzada reputación: acoso sexual.
La última vez que supimos de él andaba cercano a los 93 años. Cámaras y micrófonos y hasta decenas de periodistas solían acampar frente a su casa en los días (y a la espera) que los suecos dictaminaran su votación. A otro de los suyos considerado un clásico contemporáneo de la tierra de surcorea, como Shin Kyong-Rim, el Nobel año por año no le ha sido agraciado. Pues ha de saberse que los suecos de su nominación nunca se dieron (han dado) por enterado, sobre todo, si se trataba o trata (práctica habitual en ellos) de mirar para otro lado.
Los lectores hispanos cuentan con el privilegio de conocerlo (de conocer a Ko Un), no faltaba más, que en traducción. Y sépase que son varias las colecciones de su poesía que distintas editoriales (¿independientes casi todas?) lo atesoran.
Los poemas que siguen de Ko Un pertenecen a su libro Diez mil vidas.
Chae-Suk
Chae-suk, la hija casadera de los Shiam,
mira a la lejanía
mientras camina con el cántaro rebosante de agua
en la cabeza.
¡El camino abierto del otoño temprano
está totalmente franco!
El próximo año
Chae-suk dejará la aldea, Chae-suk, cuyo corazón está lleno
de expectación.
Chae-suk, como la oscuridad que queda
cuando la luna se pone.
El pozo
Hay un pozo en aquella casa.
Hay un pozo hondo de más de diez brazas.
La cálida casa de la familia de Bun-rye,
donde la madre de Bun-rye, deslumbrante como flor de calabaza,
y la pequeña Bun-rye, como un lirio,
viven solas.
La madre, una joven viuda, discreta en cada palabra,
nunca se baña la espalda a jicarazos,
ni en pleno verano.
¡El agua azul oscura
que la madre Bun-rye sacaba del profundo pozo
bajando el pesado cangilón,
agua silenciosa y temible!
Cuando por algún encargo iba yo por aquella casa
y tomaba un trago de esa agua
todo mi cuerpo se estremecía y mi corazón palpitaba con fuerza.
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