
La obra teatral La visita, del joven escritor Alain Gómez Pérez, fue incluida en el catálogo de la editorial holguinera Ediciones La Luz, 2025. Felicitamos al autor y, como motivación para que nuestros lectores la busquen en librerías y la lean, compartimos la primera escena.
La visita
Is é an teach áit a bhfuil an croí.
(La casa está donde el corazón).
proverbio irlandés
Personajes
Dado que los nombres de los personajes son de origen irlandés, entre paréntesis se encuentra la pronunciación de estos.
Anciana
Nieta
Señor con sombrero
Niamh (Niv)
Deirdre (Díerdra)
Tadgh (Taig)
Cian (Kíenn)
Cartero
Oficial
Escena 1
Sobre una cama descansa una anciana cubierta hasta la cadera por una sábana. Una mesita junto al lecho, adornada con un jarrón que tiene flores de lino recién cortadas. Junto al jarrón un pequeño barco de vapor con cuatro chimeneas dentro de una botella de cristal.
Anciana. ¡Madre! (Pausa). ¡Madre!
Entra una joven con un vaso en las manos.
Nieta. Abuela, ella fue al mercado, regresará en cualquier momento.
Anciana. (Sin levantarse de la cama). ¿Y mi hermano? (Pausa). ¿Dónde está Tadgh? Me prometió que iríamos a jugar.
Nieta. (Suspira y niega con la cabeza). Abuela, toma este jugo, te asentará bien.
La Anciana acerca las manos y la Nieta coloca el vaso frente a sus labios para que beba.
Anciana. (Mira a la Nieta). Qué emoción, tía nos estará esperando.
Nieta. Cuidado, abuela, que te embarras.
La Anciana toma un poco de jugo y la Nieta devuelve el vaso a la mesita.
Anciana. (Apunta al techo con una mano). Cuidado la cabeza, que la puerta es pequeña. Cian no cabría por aquí. ¿Dónde está Cian? ¿Por qué no quiso venir?
La Anciana comienza a moverse en la cama y mantiene los ojos más abiertos de lo normal.
Anciana. ¡Auxilio! Mamá, ¿dónde estás? (Hace movimientos bruscos con intención de soltarse). ¡Ayúdenme! ¡Estas señoras me quieren llevar!
La Nieta intenta sostenerla para que no se haga daño.
Anciana. (Mira a los lados con impaciencia). Tadgh, no te veo, ¿dónde estás? ¡Mamá, mamá, no me dejes sola!
La Nieta agarra las manos de la Anciana con fuerza y logra hacer contacto visual con ella.
Nieta. No estás sola, abuela, aquí estoy contigo.
Anciana. (Forcejea). Tú no eres mi mamá, ¿dónde está mi mamá?
Nieta. Ella me pidió que te cuidara hasta que se volvieran a ver.
Anciana. Mentira, no te creo. (Agarra con fuerza la muñeca de la Nieta).
La Nieta se asusta un poco, pero no pierde la calma.
Anciana. (La mira fijo a los ojos). Pruébame que mi mamá te mandó a cuidarme.
Nieta. ¿Te parece bien si cantamos una canción?
Anciana. (Frunce el ceño y asiente). Está bien, te escucho.
La Nieta comienza a cantar en un tono suave la canción en gaélico «Mo Ghille Mear». La Anciana la mira y la libera de su agarre.
Anciana. Conozco esa canción, mi favorita desde que era pequeña.
La Anciana acompaña en el canto a la Nieta, mientras esta va bajando la voz. La Anciana canta en murmullos.
Nieta. Descansa y duerme un poco.
Anciana. (Se interrumpe y agarra la mano de la Nieta). Cuando llegue mi madre o mi hermano me despiertas, muchacha.
Nieta. (Coloca su otra mano encima). Por supuesto, no te preocupes.
La Nieta se inclina y le besa en la frente. La Anciana cierra los ojos y continúa su tarareo.
Nieta. (Se incorpora). Te lo prometo.
La Nieta acomoda unas flores de lino que están en un jarrón junto a la cama. Coge el barco en la Botella y comienza a limpiarlo con un trapo. Se escuchan toques en una puerta.
Nieta. (Mira hacia la salida de la habitación). ¿Quién podrá ser a esta hora?
La Nieta sale de la recámara con la botella del barco y el trapo en la mano. Pasa a una sala con dos butacas y una hoguera apagada sobre la cual hay un reloj y un cuadro con una fotografía de una pareja con tres niños de diferentes estaturas. Llega a la puerta y la abre.
Señor con sombrero. (Voz en off). Buenas tardes, joven.
Nieta. Buenas tardes, señor.
Señor con sombrero. (Voz en off). Usted disculpe mi atrevimiento en tocar a su puerta.
Nieta. Descuide, ¿qué se le ofrece?
Señor con sombrero. (Voz en off). Tengo entendido que acá vive una señora llamada Niamh.
Nieta. (Duda un instante). Mi abuela se llama Niamh.
Señor con sombrero. (Voz en off). A mis oídos llegó que no se encontraba bien de salud y quise hacerle la visita.
Nieta. Está en lo correcto, pero… (Pausa). Usted perdone que le pregunte, ¿es usted conocido de mi abuela, para preocuparse en venir a visitarla?
Señor con sombrero. (Voz en off). Hace muchos años conozco a Niamh. (Pausa). No solo a ella, a su madre Deirdre y sus hermanos también.
La Nieta se rasca la cabeza y abre un poco más la puerta.
Nieta. (Indica con la mano hacia adentro). Por favor, pase usted, no se quede ahí fuera que hace mucho calor.
Por la puerta entra un anciano con un sombrero. Su cuerpo encorvado se sostiene de un bastón que le ayuda en su caminar.
Señor con sombrero. Gracias, hija.
Nieta. Perdone la desconfianza, es que…
Señor con sombrero. (Interrumpe y levanta la mano que no sostiene el bastón). No se preocupe, en estos tiempos convulsos es normal desconfiar de un extraño.
Nieta. (Le indica una de las butacas). Por favor, siéntese.
Señor con sombrero. Muchas gracias, es usted muy amable.
Nieta. (Cierra la puerta). ¿Desea un poco de agua o un jugo para refrescarse?
Señor con sombrero. No se preocupe, tranquila, estoy bien.
El Señor con Sombrero se acomoda en el asiento. Coloca el bastón recostado contra uno de los brazos de la butaca.
Señor con sombrero. Cuénteme, por favor, qué es lo que sucede con su abuela.
Nieta. Abuela ha pasado por mucho en su vida, señor.
Señor con sombrero. Eso lo sé, recuerde que conozco a su abuela hace mucho tiempo. (Pausa). Pero hubo una etapa en que no podía estar cerca de ella o su familia y luego perdí su rastro.
Nieta. (Baja la cabeza). ¿Sabe usted lo que sucedió con mi familia antes de que mi abuela llegara acá a los Estados Unidos?
Señor con sombrero. Por supuesto. (Pausa). Yo era parte de esa tripulación.
La Nieta levanta la cabeza y mira hacia el rostro del Señor con Sombrero que la mira de regreso.
Señor con sombrero. Pero cuénteme, quiero saber por qué ellos estaban ese día a bordo. (Pausa). Es algo que nunca pude preguntarle a su abuela.
Nieta. Es extraño cómo pequeñas cosas o momentos generan una ola de acontecimientos inesperados en nuestras vidas. Un tren que no llega a tiempo y perdemos la oportunidad de la vida por llegar tarde a un sitio. Un beso que nunca llegó a los labios indicados. Un adiós arrebatado de repente. (Pausa). Una carta… (Pausa y acaricia la botella en sus manos). Una carta cambió la vida de mi familia para siempre.
Visitas: 71






Deja un comentario