
Morirse y ser olvidado es una de las injusticias mayores de la desmemoria. Pero no es el caso de Gerardo Castellanos, cuya obra sigue siendo útil, consultada y valorada por cuantos se adentran en el estudio de la historia de Cuba del siglo XIX.
Gerardo Castellanos es una personalidad con destellos múltiples: patriota, periodista, historiador, hombre cabal. Hace ahora setenta años que falleció, el 21 de agosto de 1956, en Guanabacoa, La Habana, y su recuerdo permanece vivo. ¡Qué mejor prueba de su valía ciudadana!
Fue un trabajador incansable, interesado por varios decenios en la indagación de los sucesos históricos nacionales, y sus libros continúan siendo, aún hoy, textos de referencia obligada para estudiantes y profesionales.
Significativo es su trabajo dentro del género biográfico. Lo inicia por su propio padre, Gerardo Castellanos Lleonart, y lo prosigue con figuras como Adolfo del Castillo, Néstor Aranguren, Serafín Sánchez, Calixto García, Francisco Gómez Toro, Juan Bruno Zayas e Ignacio Agramonte, próceres todos de la gesta independentista. En los libros Relieves y Destellos históricos redacta también biografías de menor extensión.
Otro libro muy conocido e importante es el titulado Relicario Histórico de Guanabacoa, seguramente la más completa monografía sobre esta localidad, e igual destaque merecen los títulos Raíces del Diez de Octubre de 1868 y En busca de San Lorenzo, que recoge las circunstancias de la muerte en combate de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria y primer presidente de la República en Armas.
Fue miembro de la Academia de la Historia de Cuba, de la Sociedad Geográfica de Cuba y de otras instituciones académicas. Su Panorama Histórico, exhaustiva cronología, le valió en 1936 el primer premio del Concurso Nacional convocado por la Secretaría de Educación. Ello, sin contar la muy vasta colección de trabajos aparecidos en publicaciones periódicas.
Castellanos García nació el 21 de octubre de 1879, en Cayo Hueso, Estados Unidos, pues su padre, el comandante del Ejército Libertador Gerardo Castellanos Lleonart, se hallaba exiliado allí, donde el pequeño realizó sus primeros estudios y se vinculó con la clase que tanto hizo en favor de la independencia cubana: los obreros tabacaleros de la emigración.
Hombre de perfiles culturales diversos, se interesó en los estudios de piano y de violín con el mismo ímpetu que por los de historia. En 1900, ya en Cuba, trabajó modestamente en la Tesorería General de la República y más tarde en el Ministerio de Hacienda, donde lo hizo hasta jubilarse.
Ensayista y personalidad vinculada al movimiento intelectual del país, se le reconoció como una de las autoridades más competentes en el terreno del periodismo histórico, destacando también sus conferencias y discursos, varios de los cuales se editaron con posterioridad.
Don Gerardo lo llamaron sus conciudadanos con amor y respeto, pues devino una suerte de símbolo de la cubanidad y ejemplo de seriedad en el tratamiento de los temas nacionales.
Establecido por largo tiempo en Guanabacoa, la casa en que vivió, en la calle Maceo, recuerda al transeúnte que pasa frente a la vivienda que tras esas puertas y ventanas se escribieron con pasión y honor páginas relevantes de la historia de Cuba.
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