
La persistencia de los fragmentos, del poeta y escritor Osmán Avilés, Premio de Ensayo Artístico Literario «Luis Rogelio Nogueras» 2010, es el título del poemario publicado por el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Universidad del Trabajo de la República Oriental de Uruguay.
Para el ex editor del Portal Cubaliteraria la poesía se le escapa del alma, cual pajarillo enjaulado que, una vez que se libera de las rejas invisibles que lo mantenían prisionero, vuela hacia el espacio infinito en busca de la belleza que irradia el universo subjetivo del poeta.
En los poemas recogidos en ese volumen, el autor va de lo divino a lo humano, de lo místico a lo material, lo cual deviene preludio de la vocación religiosa que venía incubándose en el espíritu de Avilés, quien, al final, decidió abandonar —solo temporalmente— la poesía y el ensayo, para dedicarse por completo a los estudios eclesiásticos.
Desde una óptica psicoanalítica por excelencia, incursiona en los componentes instintivo y espiritual del inconsciente freudiano. O para decirlo con palabras de San Juan de la Cruz, atraviesa la «noche oscura» para culminar en el estado de paz interior y placer espiritual que caracteriza a quien logra fundir —no sin realizar grandes esfuerzos y sacrificios— el alma purificada con el Amado (el Señor, en lenguaje sanjuanista).
Según el poeta y ensayista Roberto Manzano: «La poesía de Osmán Avilés ofrece una gran capacidad de síntesis, y sabe cómo explotar de forma adecuada las posibilidades del blanco y el silencio».[1]
El padre Marciano García (1934-2017), exdirector de la Editorial de Espiritualidad del Caribe, con sede en Santo Domingo, República Dominicana, estima que «detrás del silencio solo puede habitar el espíritu, que es sinónimo de luz, y esa luz —necesariamente— conduce al poeta ante la presencia del Ser Divino».[2]
Para Manzano, los versos del intelectual caribeño «se distribuyen o contraen, se adensan o suceden, según los reclamos de la vivencia plasmada, bajo los efectos representativos de la emoción. Son apuntes de la vida cotidiana, donde la anécdota se presenta siempre de alguna manera, a veces más explícita y a veces más escorzada. En algunas líneas puede estar la impronta coloquial, pero la naturaleza de su inspiración, de cimiento afectivo [espiritual], dispara lo expresado hacia sintéticas zonas de sugerencia. De aire contenido, su poesía estiliza la vivencia, para entregar al lector tan solo los salientes más decantados de la experiencia».[3]
De acuerdo con el escritor uruguayo Rafael Courtoisie, Premio de Poesía Casa de las Américas 2013, Avilés «hace dos cosas, aparentemente complejas y complicadas. Sin embargo, logra llevarlas a cabo por virtud de la poesía: se inscribe en la tradición y a la vez rompe [sin violencia con ella], la afirma y la dice de una forma nueva [signada por un proceso dinámico]. Maneja con habilidad los fragmentos para retornar a una esencialidad humana [y espiritual], a una unicidad en la que, no obstante las confusas geografías sociales de la globalidad, puede ser identificada sin dificultad alguna».[4]
Este cronista está convencido de que la lectura serena y reflexiva del poemario La persistencia de los fragmentos nutrirá, con creces, la mente y el alma de quienes decidan incursionar en la lírica sui generis de Osmán Avilés.
[1] Roberto Manzano. Citado por Félix Bolaños, en «Osmán Avilés desde Los extraños monzones a La persistencia de los fragmentos».
[2] Marciano García: Palabras de presentación al ensayo «San Juan de la Cruz: de la palabra y el silencio, de Fina García Marruz», Centro Cultural «Padre Félix Varela», La Habana, 2013.
[3] Roberto Manzano. Ob. cit.
[4] Rafael Courtoisie: «Osmán Avilés: la imposibilidad derrotada» (prólogo), en Osmán Avilés. La persistencia de los fragmentos, Ministerio de Relaciones Exteriores, Universidad del Trabajo de la República Oriental del Uruguay, Montevideo, 2011, p. 10.
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