Más vale hacer cosas pequeñas que no hacer nada.

Un precioso libro llamado La abeja diligente. Mil proverbios chinos, se editó en La Habana, al cuidado de la Editorial Arte y Literatura en 2017. Su traductor y selector de los proverbios fue el sinólogo peruano Guillermo Dañino, quien resulta en este libro antónimo de su apellido. Una obra suya célebre es Esculpiendo dragones, antología de la literatura china, así como libros de poemas de Li Po, de cuentos de ese enorme país, y varios volúmenes de un diccionario español-chino. Labor de erudito, nos asegura que su selección de proverbios sea seria y rica.
En su breve prólogo, más bien guía de lectura, Dañino, con benigna intención, fija las cuatro características de los textos que él antologa: forma fija tradicional, brevedad típica del enunciado que es un aforismo, belleza expresiva formal y sabiduría. Aclara que «Los primeros seiscientos son dichos populares…», los cien siguientes resultan refranes historiados; el centenar que siguen son retruécanos muy típicos del chino, y al final añade doscientas sentencias o máximas de filósofos o poetas de gran reconocimiento.
Ante tales anuncios, me siento tentado a hacer su propia según mis preferencias, por ejemplo: «El mosquito recibió un golpe de abanico, solo la palabra puede hacer tanto mal» o la idea de «Montarse a un tigre y no saber bajar». Algunas de humorismo sumo: «Quien fue mordido por una serpiente le tiene miedo a las sogas». Al hispano «Del árbol caído todo el mundo hace leña» hallamos la equivalencia: «Cuando cae un árbol los monos se dispersan». Otros son muy prácticos y no dejan de asumir humorismo: «De un gallinero no se saca un ave fénix», y con otros cercanos en español, este singular: «Mejor es ser pico de gallo que trasero de toro». La obstinación surte efecto: «Si no quiere, el buey no bebe / aunque le metan la cabeza en el agua». Y lo irremediable halla su enunciado: «Aunque el gallo no cante, comenzará el día».
Decenas de gotas de sabiduría recuerdan otros textos, como aquel de Rabindranath Tagore: «El hacha del leñador pidió su mango al árbol, y el árbol se lo dio», que en proverbio chino resulta: «El hacha no es capaz de cortar su propio mango». Si el uno tiene que ver con la generosidad, el segundo más bien atina con la imposibilidad, la limitación.
Consejos rotundos deberían imponer normas de vida, como la: «Intolerancia al menor insulto / puede arruinar grandes proyectos». O también cuidar de no: «Gastar diez velas para encontrar un centavo». Un escritor debería tener en cuenta que: «Quien leyó diez mil libros escribirá inspirado». Y se opone o complementa un famoso verso de Antonio Machado la idea de «El no haber camino es justamente un camino». Y, claro, «Nunca mates una mosca en la cabeza de un tigre».
Son más difíciles de comentar en una reseña del tipo que yo sigo, los que el traductor llama «historiados», porque el enunciado implica luego un pequeño relato, como «La zorra toma el poder del tigre», que conduce a una explicación de orden moral: «Apoyarse en el poder o el conocimiento de otro, tratando de hacer creer a los demás que es propio mérito, es lo que critica este proverbio». Igualmente, comentar los retruécanos resulta algo complicado, como tener por equivalente de «¡Magnífico! El Gua gua jiào», o sea, «El perro persigue a los patos» (grazna gua gua como ellos). O la sabia idea de que «Confucio viste ropa occidental. (Combina lo nacional con lo extranjero)».
La sección final del libro, «Sentencias de autores famosos», vuelve al breve enunciado que espera ser interpretado por el que lee o escucha. Muchos son de Confucio, como los cultos: «Se sumerge en la perplejidad quien lee sin comprender, mientras que corre gran peligro el que piensa sin leer», muy útil para las campañas de lectura. Y para los defensores de las cartillas de abastecimiento: «¿Cómo podría un hombre vivir satisfecho con solo comida y nada más?».
Salimos de la sabiduría de Confucio para penetrar en la de Lao Tse (o Laozi): «Un gran árbol fue antes una semilla pequeña; un edificio de muchos pisos se construye a partir de un puñado de tierra; un viaje de mil leguas comienza por un paso». Y luego pasamos a Mencio: «El defecto más difundido entre los hombres es el de gustarles que los consideren maestros». Y es muy poética la idea en forma de interrogación sacada de los Registros históricos: «¿Cómo podría un gorrión conocer los gustos del cisne?». Calderón de la Barca se sentiría realizado en el proverbio de Su Dongpo: «La vida es como un sueño». Sírvanos de consuelo saber con El libro Zheg Meng que: «La pobreza, las humillaciones, las pruebas y las penas ayudan de manera especial a realizar grandes hazañas». Esperémoslas.
Y nadie olvide que «Los deseos de un sabio son los mismos que los de la gente común», según El libro Zuo Shuan. «Un proverbio es como una abeja», nos dijo el traductor Dañino, sabiamente, y añadió que es: «pequeño, ágil, penetrante, útil, laborioso y dulce». en esos seis adjetivos está la esencia de la lectura de La abeja diligente, preciosa obra cuya compilación debemos al peruano, pero asimismo sobre todo a la sabiduría china, cada vez más necesaria de conocer. La importancia de China en toda época, pero sobre todo en el siglo XXI, invita a que cada vez conozcamos mejor su cultura y la universalidad que hay en ella. Los proverbios son una rica fuente para comprender esa sabiduría. Habiendo leído los Mil proverbios chinos que nos presenta el favorable Guillermo Dañino, tenemos una idea hermosa, limpia como agua recién salida de manantial, nube blanca, o mejor gris cargada de otras aguas, libro para deleite y para la praxis cotidiana, libro para hacer con él lo que pedía el latino Horacio para la poesía: ser bella y útil. Es un privilegio su lectura.
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