
«Las peregrinaciones de Childe Harold», es un extenso poema narrativo dividido en cuatro partes o cantos que se publicaron a lo largo de seis años. Las dos primeras vieron la luz en 1812, la tercera se publicó en 1816 y la última en 1818.
Las peregrinaciones de Childe Harold, III ¡Oh astros! Poesía de los cielos, ya que se cifra entre sus hojas diáfanas el destino de imperios y de hombres, se puede disculpar que, en nuestro afán de grandeza, olvidemos lo que somos —simples mortales— y nos comparemos con ustedes, que son un bello enigma, e infunden en nosotros desde lejos tanto amor y tamaña reverencia que el poder y la vida, la fortuna y la fama, a su nombre han bautizado cada una su estrella. Cielo y tierra se quedan quietos, pero no dormidos: dejan de respirar unos instantes como cuando en un rapto de emoción se nos corta el aliento. Y luego callan, como cuando nosotros nos sumimos en la profundidad del pensamiento. Cielo y tierra se quedan quietos: desde el altivo sitial de las estrellas al lago somnoliento y a la costa de escarpadas montañas. Así, todo se constela en enérgico vivir donde nada se pierde —ni un rayito de sol, ni un soplo de aire, ni una hoja— sino que cada cosa tiene parte y lugar y sentido en la Creación.
El poema, claramente autobiográfico, describe los viajes y reflexiones de un hombre joven hastiado del mundo, desilusionado de una vida de placer y deleite, mientras goza de los paisajes de las tierras extranjeras por donde va pasando. En sentido amplio, es una expresión melancólica y desilusionante caída de una generación harta de las guerras postrevolucionarias y la Era napoleónica. En el título aparece la palabra «childe», nombre dado en la Edad Media en Inglaterra a los jóvenes aspirantes a caballero.
Esta obra introdujo el concepto de héroe byroniano, el cual se fue haciendo cada vez más popular. Este tipo de héroe es descrito como un marginado de la sociedad, un «fuera de la ley», que además esta en controversia con él mismo, a veces cruel, a veces amable, devoto pero sin fe, y nunca satisfecho, pero buscando, siempre, nuevas sensaciones.
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