
Las venas abiertas de América Latina, del poeta, escritor y periodista Eduardo Galeano (1940-2015), es el título del libro publicado por Ediciones Casa de las Américas, y que recoge —sin floreos ni rejuegos lingüísticos innecesarios— vigentes fenómenos socioeconómicos de nuestro tiempo, que se encargan de mostrar al mundo realidades tristes y denigrantes propias de las relaciones humanas a lo largo de la historia.
Quede bien claro el hecho de que el eminente intelectual montevideano lo hace sin perder la pincelada humorístico-satírica que caracteriza su carismática personalidad, lo cual facilita descubrir —en medio de la desgracia— lo mejor de lo peor que esa lamentable situación trae implícita.
Las páginas de dicho volumen establecen un diálogo entre pasado y presente para entender problemas que aún nos acechan —por ejemplo, el ser preteridos del título de «americanos» para quedar circunscritos a un plano notablemente inferior frente a la supremacía estadounidense— y destacar la triste función de «perdedores» en las crónicas históricas, como contraparte del triunfo absoluto de nuestros oponentes: los blancos, rubios y de ojos claros (¿quiénes si no?), que «odian y destruyen» en las entrañas mismas del imperio, que nos percibe como su «patio trasero».
Ahora yo me pregunto y le pregunto al lector: ¿cómo es posible que un libro, escrito en la década de los 70 de la pasada centuria, fuera capaz de pronosticar —con precisión y exactitud matemáticas— la tragedia que le venía encima a Nuestra América (como la calificara el Apóstol), en las primeras décadas del presente siglo? Esa pregunta solo la puede contestar un aforismo martiano: «hay hombres que ven lo que otros no ven [o no quieren o no pueden ver]».
Galeano es un vate y escritor literario y no un historiador; de ahí que este texto se convierta —por derecho propio— en un valioso aporte a la historiografía latinoamericana, precisamente por la puntualidad de las fechas, datos económicos, procesos sociales y repercusión política que entraña.
Sin embargo, la pasión y el fervor que apoyan su impronta cubren — con creces— cualquier pequeño error, hijo legítimo de la inexperiencia y el desconocimiento, que se le hubiesen podido escapar al creador de Las venas abiertas…
En mi humilde opinión, el valor esencial de ese libro consiste en el hecho de que su ilustre autor sea uruguayo, y, por ende, pueda mostrar —desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia— la preclara visión que registrara en su archivo mnémico acerca de los despojos materiales, culturales y espirituales de que ha sido objeto esa parte del continente americano.
El testimonio que ofrece Eduardo Galeano es el de un intelectual que está decidido a narrar lo acontecido y cambiar lo que está por venir, con el objetivo de reescribir la historia «oficial» que hasta el momento siempre nos ha subestimado y juzgado de una forma peyorativa.
La sinceridad que signa cada línea, así como la cantidad de hechos relatados en esa joya de las letras hispanohablantes contemporáneas, reflejan la azarosa historia de rapacidad imperialista que, desde el siglo XIX hasta hoy, ha azotado y azota a los pueblos de la patria grande latinoamericana soñada por Bolívar, Martí, Che, Chávez y Fidel.
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