
Esta obra desde su portada lleva una advertencia: «Cocina gourmet no es libro de cocina». Publicada por Cubaliteraria recientemente, la pieza teatral, concebida en un acto único propone descubrir qué sucede en una cocina de casa. La autora, María Alejandra Santovenia Sardón (1998) es graduada del 24º Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, donde obtuvo la Beca El Caballo de Coral. Es Premio en el Concurso de Relatos Breves por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, en 2022 y merecedora de menciones en diferentes certámenes como el Concurso de cuento de Ciencia Ficción Juventud Técnica 2022 y el XIV Concurso Literario de Ciencia Ficción y Fantasía Oscar Hurtado 2023 en las categorías de cuento y poesía fantástica. Sus cuentos y poemas han sido publicados en diversas revistas y antologías nacionales e internacionales.
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«En un mundo lleno de sufrimiento, nosotros tenemos la solución contenida en una silueta ovalada. Experimente el placer de detener el tiempo con un toque de nuez moscada y albahaca, quizás perejil. No dude en visitar nuestra croquetería, una entrada al paraíso. Si se pierde, no se preocupe, no tenemos servicio a domicilio, pero el destino encontrará formas de hacerle llegar. ¿Qué cuál es el ingrediente clave? Si se lo dijéramos, tendríamos que matarlo y convertirlo en croquetas, así que solo déjese llevar por este exclusivo sabor sin hacer preguntas. Recuerde: las croquetas son la solución para cualquier aflicción. La divinidad en un solo bocado».
ACTO ÚNICO
Personajes
LAURA
MARCOS
RAFAEL
La cocina de un apartamento. Hay tres ventanas de cristal, las tres están cerradas. Los cris0tales, sucios. Polvo y alguna que otra salpicadura. Una gota cae del fregadero cada quince segundos. La llave de agua tiene una capa de sarro. Hay platos y cubiertos acumulados en una pila, con restos de comida. La luz mortecina del tubo de luz fría parpadea tres veces y repite el ciclo cada un minuto. Produce un murmullo constante. Hay varios estantes de madera en las paredes. Todos se encuentran cerrados. Un refrigerador rojo de dos puertas, con imanes desperdigados, se encuentra junto a una de las ventanas. Algunos son de recuerdos de viajes, con nombres de capitales de diferentes países. El fogón se encuentra del lado opuesto. De las cuatro hornillas, solo una se encuentra encendida, calentando una tetera del mismo color del refrigerador. En las demás hay ollas con restos de comida. El horno está cerrado. Las paredes encima de los azulejos están pintadas de un tono crema, en combinación con la meseta. Encima del refrigerador, clavado en la pared, hay un reloj parado en las 2:30. También es rojo.
El cadáver de una mujer entre los setenta y los ochenta años yace tirado en la mesa de centro. Los pies descalzos le cuelgan de un extremo. Lleva las uñas pintadas de rosa, aunque algunas partes de la pintura están desgastadas. La uña del dedo gordo es mucho más larga que las otras. El cabello entrecano está recogido con pequeños rolos. Lleva una bata de dormir rosada, de florecitas, con una línea de botones de nácar en la parte delantera. Tiene los ojos cerrados, las manos sobre el estómago, una encima de la otra. En la derecha lleva dos anillos de oro. Las uñas de las manos, cortadas casi a rente, también están pintadas del mismo color que las de los pies, pero con mucho más desgaste. Hay una mujer de veintinueve años recostada a la meseta. Sus ojos van del cadáver a la tetera repetidas veces, hasta que decide concentrarse en la tetera. Lleva el cabello recogido en una coleta, varios mechones caen en su rostro. Viste una blusa color crema y pantalones de dormir. Sus pies están cubiertos por pantuflas. Su hermano, tres años mayor que ella, camina de un lado a otro de la habitación. Él lleva una camiseta y pantalones de mezclilla. El pantalón tiene varios rotos a lo largo de las piernas y le queda un poco grande, lo que lo obliga a subírselo cada cierto tiempo.
Sus ojos van de la puerta al cadáver, a la tetera y luego a su hermana. Repite el ciclo varias veces. La pierna derecha de la hermana se mueve con rapidez. Ambos se encuentran a la expectativa.
MARCOS. ¿Por qué, de todos los días, tiene que llegar tarde hoy?
LAURA. Tranquilízate, ya llegará, a no ser que fuera atropellado, o asaltado, o baleado…
MARCOS. Sí, sí, que corra tu imaginación. (Deja caer las manos sobre sus muslos y resopla). Tenemos que resolver esto lo más rápido posible.
LAURA. Lo sé, ya el olor está empezando a regarse.
Marcos toma aire y lo deja salir casi de inmediato. Se apresura a un gabinete y rebusca entre los objetos. Saca un atomizador y riega aromatizante en la habitación.
LAURA. Eso no era necesario.
MARCOS. ¿No dijiste que te molestaba?
LAURA. Dije que se estaba regando, no que me molestaba. (Aspira con fuerza y atrae el aire a su alrededor con las manos).
Laura suspira y se acerca al fregadero. Aprieta la llave. El agua deja de gotear por unos segundos. Laura sonríe triunfante hasta que una nueva gota borra su expresión. Regresa a su postura anterior, a vigilar la tetera.
LAURA. Ahora se va a mezclar el olor a muerto con el de… flores.
MARCOS. Nunca se queda bien contigo.
LAURA. Contigo tampoco.
MARCOS. No empecemos ahora.
LAURA. Esto empezó desde mucho antes.
MARCOS. ¿Qué quieres decir con «esto»?
LAURA. Lo sabes perfectamente. (Lo señala con el dedo). Siempre me criticabas el cuidado que le daba a nuestra madre, pero no veía ninguna otra preocupación de tu parte, hasta el punto en que me culpas de… (Se le entrecorta la voz). De…
Un toque enérgico a la puerta interrumpe la conversación. Se miran. Laura insta a Marcos a abrir, aunque lo mira con el rostro serio. Él le da un vistazo al cadáver y se detiene en la mirilla de la puerta.
MARCOS. Es él, al fin.
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