
En un entorno social abigarrado y complejo donde la hambruna, las diferencias de clases y la ignorancia marcan el día a día, se desarrolla esta novela. En ella, a pesar de las adversidades, el amor filial prevalece, sale vencedor, y la relación entre Kalo y su hija, Chandra Lekha, mueve los resortes de los sentimientos de todo ser humano, al sobreponerse a las complejidades de una vida que llega, incluso, a límites insospechados como la prostitución, la cárcel y el engaño a los demás. Esa India de faquires, marajás, cobras, riquezas y elefantes, la que habitualmente estamos acostumbrados a ver o a leer, no es a la que nos transporta El que cabalga un tigre.
El autor va más allá y ahonda en la psicología de los personajes y multitudes, para así involucrar al lector en un mundo lleno de singulares contradicciones.
Publicado por la editorial Arte y Literatura como parte de la colección Huracán en 2014, esta obra tuvo su primera edición en 1972. Sin prólogo, la obra comienza con un viejo refrán oriental “El que cabalga un tigre no puede descabalgar”.
Capítulo I
El que cabalga un tigre
no puede descabalgar.
Viejo refrán oriental
No es raro que los padres llamen a sus hijos «Rey Guerrero», o «Valeroso Luchador». Robustas muchachitas de tez morena se lanzan a la vida con el nombre de «Débil Resplandor» o «Corona de Loto», Pero Kalo, el Negro, era el nombre que convenía a quien lo llevaba, porque tenía la piel oscura como la tinta, y cuando el sudor la perlaba parecía como si pudiera recogérsela en un tintero. Kalo respondía a esa broma amistosa con un rasgo de su acostumbrado buen humor.
—Ahora que los tiempos son difíciles y que mis clientes cierran los cordones de sus bolsas, me pregunto por qué no cierro mi forja y fundo una fábrica de tinta. Vean, soy gordo y fornido, sudor me brota a chorros. Bastaría con que me sentara sobre una vasija frente al fuego de la cocina, o simplemente bajo los rayos del sol, para llenar centenares de tinteros. ¿Qué les parece?
Cuando empezó a envejecer, la negrura de su color cedió al menos en un punto de su persona: desde que entro en la edad madura, los cabellos que coronaban el casco de su cabeza empezaron a caer y dejaron en su lugar un disco brillante de piel clara, rodeado de mechones espesos. Era como si la coronilla de su recia cabeza bien plantada sobre su cuerpo robusto, hubiera sido afeitada al rape y barnizada. Las gentes decían, utilizando voluntariamente palabras con doble sentido: «Es todo de hierro, tres maunds de metal, un solo punto débil en su cima, y este punto débil es Lekha, su hija».
El nombre de Lekha tenía su historia. En ese tiempo Kalo era joven, estaba casado desde hacía cuatro años Un día, un cliente, un viejo brahmán, Ilegó a la forja para hacer reparar una vasija agujereada. Estaba sentado sobre un estrecho banco de madera con la espalda apoyada contra el muro blanqueado de cal, las manchas grasosas de tantas cabezas que allí se habían recostado. Miraba a Kalo, arrodillado con los pies desnudos manejando a Forja y Mofletes, su martillo y su fuelle.
—¿Qué te pasa, Kalo? Te sonríes contigo mismo con un aire vago y feliz como si estuvieras comiendo un melón de agua bien helado. İAh! iAh! iAh!
Kalo alzó los ojos y una sonrisa iluminó ampliamente su cara, apartando su espeso bigote negro.
—Pensaba—dijo.
—¡Qué locura! —gritó el viejo brahmán horrorizado—. ¿En qué estarás pensando así? Sobre todo, no vayas a arruinar mi vasija con alguna reparación mal hecha, so pretexto de que pensabas.
Kalo seguía sonriendo, inclinado sobre su trabajo.
—Pienso —dijo—. Mi mujer… mi mujer está encinta. Pronto le llegará el momento…
—¿Y eso te hace sonreír de felicidad? Una boca más que alimentar. ¡Loco! ¡Loco!
—Pienso —continuó Kalo, sin escuchar la interrupción—. ¿Qué nombre daré a mi hijo? ¿Y si es una niña…?
—iHum! —exclamó el sacerdote—. Y bien, si es muchacho llámale Obhijit. Si es una niña, llámala Chandra Lekha.
Sobre el autor
Bhabani Bhattacharya (1910-1988) es un novelista nacido en la ciudad india de Bhagalpur. Su producción literaria está muy influenciada por Rabindranath Tagore y Mahatma Gandhi. La crítica ha apuntado que la escritura de Bhattacharya está marcada por un fuerte realismo. El propio autor ha afirmado que no cree en el arte por el arte, pues toda escritura tiene para él un propósito social, con un punto de vista altamente constructivo.
Sus libros han aparecido en veintiséis lenguas y entre sus trabajos se incluyen traducciones de Tagore. Algunas de sus obras son: Tantas hambres (1947), Música para Mohini (1952) y Un bien llamado oro (1968).
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