
La recitante, poemario de Ismaray Pozo Quiñones (Pinar del Río, 1987) vio la luz en 2019 por Ediciones Extramuros. La obra, Premio Luis Rogelio Nogueras 2018, «se distingue por un poderoso discurso poético de largo aliento y madurez, que revela una escritura de atmósfera, densidad intelectual y profundidad ontológica», según el jurado del certamen integrado por Edel Morales, Yanelys Encinosa y Leyla Leyva.
De La recitante proponemos el poema «La casa»:
La casa
La celosía de las viejas casas
refulgiendo (…)
en los iris siniestros…
I
La tremenda necesidad
de los plátanos madurando al sol
ha sido echada al pozo de los deseos
como los lugares
que sabíamos cálidos ardorosos
hubo en la azotea un día para freír
nos doramos inyectados por líquidos ulteriores
suborden de peces y frutas deshidratadas.
Encima de aquellas veteranas tablas
asistí al nacimiento de raíz
a la primera absorción del agua
in-con-tin-gente
sin advertir que
cada maniobra había sido inoculada
en la necesidad de permanecer.
En la casa desmantelada
—donde mamá finisecular
cantó las distintas versiones—
dibujé luces
en mi propia desesperación
sembré cada pedazo tuyo humano
tuyo raíz tuyo extinto
Quien te abrazó supo la callada y tentacular fuerza
la gran escala.
En la casa sin paños
predije el relumbre
de los ojos infelices
el sueldo del mesnadero
la misérrima —de cualquier vínculo semejante
quien te abrazó un martes pidió
un tiempo chubascoso
una forma como a nadie nunca había tocado: Eterna
llamó a los pájaros pájaros
a alguien pidió perdón
por ver desplegada la gestualidad del gigante.
Desde afuera había logrado ver
la mude(s)(z) de la casa pinacular
la vaga existencial forma
apliqué la lectura de los objetos en sus no-mensajes:
la fruta era plástica encima de la mesa
tenía el tránsito rencoroso
la suspendida muerte de lo tieso.
Aquí hay un hueco atrapando a un niño —en esta casa— dicen
y es tarde para el agarre de los pescaderos
para la calle en que transitamos silenciosos
como si hubiese algo poderoso intercediendo
tarde para aquellos bancos
donde dijimos nuestros nombramientos
donde fui al pozo por los sucesivos regresos
que se quedaron en la azotea a la intemperie.
II
Nos gustaba representar el tedio lo añoso
por eso fuimos quitando la pintura con cinceles
sin el rebujo del yeso
sajarconlacincelarforma arañazos en las paredes
hasta hacer lucir la casa vieja.
IV
Durante la noche la ubre de la bestia daba para llenar Charcos
interminables
la mano como herencia biológica apretaba /
llenaba guijarros y bocas con la amplitud del Delta
la mano y ubre haciendo —continuamente— el trabajo
coagular del fuego
de guisar de amamantar como una feminización / una cosa
mía
de dotaciones generosas llenaba primero panzas
pero ubres firmes suavecitas estaban secas para simular el
ciclo humano
ese tedio de visitar las islas Órcades que no hubiéramos
predicho
no tuve recuerdo para esto de la embestidura de mis tetas
quizás ayer a la hora de comer, cuando dije y vi alguna
insignificancia
sentía la poderosa aureola / los ojos puestos en lo que ya usé
sin el gusto de la leche materna
sin la sorpresa de agresión por la cuajada
sin el susto fibroquístico que una adivina o presiente.
Sobre la autora
Ismaray Pozo Quiñones (Pinar del Rio, 1987). Poeta y narradora. Graduada en el 18 Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Tiene publicados los poemarios Regresiones (Editorial Guantanamera, España) y Abisales (Ediciones Loynaz, 2018. Mención en el Concurso Calendario de la Asociación Hermanos Saíz). Sus textos se encuentran recogidos en varias antologías, dentro y fuera del país.
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