
La sociedad del cansancio es un libro de ensayos del filósofo Byung-Chul Han (alemán, nacido en Corea) publicado en 2015. En este, Byung-Chul hace un diagnóstico sobre las patologías mentales de la actualidad: la depresión y el burnout, y las relaciona con la concepción que actualmente tenemos como sociedad sobre el trabajo, el éxito y el desempeño.
Byung-Chul Han nació en Seúl, Corea del Sur en 1959, es filósofo y ensayista experto en estudios culturales. A los 22 años se mudó a Berlín y por eso escribe sus obras en alemán. Es uno de los más destacados filósofos contemporáneos por su crítica al capitalismo y la sociedad del trabajo. También es llamado filósofo del padecimiento porque en sus textos caracteriza al sujeto actual como cansado y víctima del vértigo que le impone una «sociedad del rendimiento».
Seleccionado por el semanario Gatopardo entre los ocho ensayos contemporáneos imprescindibles, La sociedad del cansancio, es una sociedad en la que todo el mundo vive apurado y estresado porque siente que no va a alcanzar a lograr hacer nada de lo que se propuso. Los individuos están saturados de sí mismos por querer cumplir con las autoexigencias y productividad que se imponen.
El autor divide la historia en 2 etapas: la era moderna, en donde ubica a una sociedad más disciplinaria, y la era de la modernidad tardía, la de actualidad, en donde ubica a la «sociedad del rendimiento». En la sociedad de la modernidad, el recorrido que una persona podía hacer y los caminos que podía tomar en su vida estaban totalmente predeterminados y normativizados, claramente ligado a las diferentes institucionalidades de la época y el mundo era concebido como un territorio lleno de límites.
Se trata de un ensayo breve, aunque no de fácil lectura debido a su corte académico. Resulta una propuesta sagaz e incisiva, que a pesar de su desaliento invita a pensar en preguntas importantes: ¿Qué significa ser una persona exitosa?
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Fragmentos de la obra
En un sistema dominado por lo idéntico solo se puede hablar de las defensas del organismo en sentido figurado. La resistencia inmunitaria se dirige siempre contra lo otro o lo extraño en sentido empático. Lo idéntico no conduce a la formación de anticuerpos. En un sistema dominado por lo idéntico no tiene sentido fortalecer las defensas del organismo. Debemos diferenciar entre el rechazo inmunológico y el no inmunológico. Este último va dirigido a la sobreabundancia de lo idéntico: al exceso de positividad.
No implica ninguna negatividad y tampoco conforma ninguna exclusión que requiera un espacio interior inmunológico. El rechazo inmunológico, por el contrario, es independiente del Quantum porque consiste en una reacción frente a la negatividad de lo otro. El sujeto inmunológico, con su interioridad, repele lo otro, lo expulsa, aun cuando se dé solo en proporciones insignificantes.
La violencia de la positividad, que resulta de la superproducción, el superrendimiento o la supercomunicación, ya no es «viral». La inmunología no ofrece acceso alguno a ella. La repulsión frente al exceso de positividad no consiste en ninguna resistencia inmunológica, sino en una abreacción digestivo-neuronal y en un rechazo.
El agotamiento, la fatiga y la asfixia ante la sobreabundancia tampoco son reacciones inmunológicas. Todos ellos consisten en manifestaciones de una violencia neuronal, que no es viral, puesto que no se deriva de ninguna negatividad inmunológica. Por eso, la teoría baudrillardesca sobre la violencia carece de claridad argumentativa, puesto que intenta describir la violencia de la positividad, o mejor dicho, de lo idéntico, que no implica ninguna otredad, desde claves inmunológicas. Así, escribe:
Se opone una forma propiamente contemporánea de violencia, más sutil que la de la agresión: es la violencia de la disuasión, de la pacificación, de la neutralización, del control, la violencia suave del exterminio. Violencia terapéutica, genética, comunicacional: violencia del consenso […]. Esta violencia es vírica, en el sentido de que no opera frontalmente sino por contigüidad, por contagio, por reacción en cadena y desde el primer momento atenta contra todo nuestro sistema inmunológico. En el sentido también de que —a diferencia de la violencia negativa, la violencia clásica de lo negativo— esta violencia-virulencia opera por exceso de positividad, esto es, por analogía con las células cancerígenas, por proliferación indefinida, por excrecencias y metástasis.
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Fragmentos tomados de Han Byung-Chul: La sociedad del cansancio, Herder Editorial, S.L., Barcelona, 2012, pp. 19-20.
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