
Publicado en 2019 por Editorial Oriente, Titanes del ajedrez cubano. Los primeros doce grandes maestros contiene las síntesis biográficas de los doce primeros grandes maestros cubanos, capitaneados por el genial José Raúl Capablanca (quien recibió el título post mortem en virtud de haber sido campeón mundial) y hasta el primer titulado en el siglo XXI. Además, luego de cada semblanza se reproducen tres partidas de cada trebejista; treinta y seis joyas del arte de los escaques comentadas por el Gran Maestro (GM) Reinaldo Vera.
Príncipe del ajedrez: Walter Arencibia Rodríguez

Su rating (2335) le señalaba el lugar 18vo, en el XXV Campeonato Mundial Juvenil de Ajedrez, en Gausdal (Noruega, 1986). Pero estaba por delante la lucha sobre el tablero entre 60 competidores de 55 países, de ellos un gran maestro y ocho maestros internacionales.
Y el maestro FIDE cubano con dos normas de Maestro Internacional Walter Arenclbia supo batirse de tú por tú. En la tercera ronda le tocó nada menos que el único GM de la justa, el noruego Simen Agdestein.
Walter nunca le había ganado a un gran maestro. Había hecho tablas con Guillermito, Silvino y dos veces con Román. Había perdido con el yugoslavo Milorad Knecevic. Pero ahí llegó su hora: derrotó a Agdestein en partida que, a la postre, resultó decisiva.
Estaba bien ubicado, pero cayó en la ronda siguiente ante el sueco MI Hellers, excampeón juvenil europeo, en partida que estaba a todas luces por el criollo. Realizó una novedad teórica en la defensa Grunfeld y quedó totalmente ganado. Pero la euforia le hizo trasponer un orden de jugadas y tuvo que declararse vencido.
Fue su única derrota a lo largo de las 13 rondas y considera que quizás lo benefició, porque supo sacar provecho de ella. A partir de entonces tomó mayor aplomo, estabilidad.
El empate de la ronda siguiente lo hizo bajar hasta cerca de la mitad de la tabla. Comenzó el ascenso: un triunfo, unas tablas, otro triunfo y se acercó un tanto a los líderes. Dos tablas seguidas le hicieron guardar cierta distancia de los de la punta. La primera de ellas subió mucho de valor con el tiempo: su contrincante era Viswanathan Anand.
Y entonces ocurrió la explosión cubana: Walter conquistó dos victorias sucesivas. Ante la última ronda la situación era la siguiente: en primer lugar Klinger y el subcampeón soviético de mayores Evgueni Bareev, ambos con 9 puntos. Eran escoltados por Agdestein y Walter, ambos con 8,5.
Les tocó en la ronda de la verdad batirse entre ellos cuatro: Walter y Agdestein llevaban negras frente a Klinger y Bareev, ¡pero triunfaron! Eso provocó el abrazo entre ambos en el lugar cimero.
Era la primera vez que Walter Arencibia ascendía a la cima y era, además, la última ronda. Subió en el momento preciso: se acabó el torneo y fue proclamado vigésimo quinto príncipe del ajedrez, ya que en la partida con Aissn había triunfado, en aquella tercera ronda.
Mucho se debatió entonces si Walter recibiría una norma de Gran Maestro por su actuación en Noruega. La Federación Internacional de Ajedrez había acordado, en uno de sus recientes congresos, que aquellos que ganaran el Campeonato Mundial Juvenil, además de obtener automáticamente el título de Maestro Internacional, conseguían una norma de Gran Maestro válida para 9 partidas.
Pero es el caso que tal bonificación era solo si se ganaba el campeonato en solitario, y aunque el noruego Simen Agdestein ya era gran maestro, el asunto fue sometido a consulta con el Comité de Calificación de la FIDE.
La moción no prosperó y el cubano no consiguió ningún beneficio en materia de promoción titular, ya que de todas formas recibiría el pergamino de Maestro Internacional por sus dos normas ya vencidas.
Recuerdo el júbilo con el que recibió la afición y el país entero aquel éxito sin precedentes. Razón tenía Walter cuando declaró a su retorno: «Mi triunfo es de la juventud cubana y de todo mi pueblo» (Juventud Rebelde, 01.09.86). Así fue. En la tierra de José Raúl Capablanca todos nos sentimos un poco campeones.
Aparece prodigio en Holguín
Walter Arencibia Rodríguez nació el 21 de julio de 1967, en Holguín, provincia que entonces formaba parte de Oriente. ¿Qué sucedía entonces en el ámbito ajedrecístico cubano? Quedaba el eco de la Olimpíada de La Habana disputada entre octubre y noviembre de 1966, y el campeón panamericano Eleazar Jiménez derrotaba a Silvino García en un match de desempate por el campeonato nacional, para ratificarse como la principal figura.
Pero en 1968 los que empataron fueron Silvino y Gilberto García, y el primero lo superó en el duelo de desempate 6-0. Ese mismo año Silvino se coronó campeón panamericano y, en 1969, logró el título de Maestro Internacional, para sumarse a los de Jiménez y el español nacionalizado cubano Francisco J. Pérez.
Se aficionó Walter al ajedrez viendo jugar a su tío Antonio Arencibia, cuando aún no había cumplido los nueve años, en la época en que Silvino obtenía el primer título de Gran Maestro, y pocos meses después Guillermo García se agenciaba el segundo con veintidós años. No podía sospechar aquel chico que él sería el séptimo, con veintitrés.
Cuando jugó su primer torneo, uno de tercera categoría en la sala Eradio Domínguez de su Holguín natal, lo sorprendió su décimo cumpleaños.
Entonces se publicó en el periódico provincial ¡Ahora! la primera entrevista con Walter Arencibia, porque al colega Moisés Pérez Mok, muy atinadamente, le pareció que había noticia allí, donde un niño, que al sentarse le colgaban los pies, vencía a quienes le triplicaban la edad.
A todas luces había surgido un prodigio en Holguín. Aquel niño hacía sucumbir a los adultos: era una atracción y un orgullo en la ciudad. Lo mismo profesionales que amas de casa comentaban sobre sus dotes, y el encanto trascendió a los medios nacionales de prensa.
Concluyendo el torneo empezado, quedó Walter en tercer lugar y clasificó para la segunda categoría, sin límite de edades. Fue la primera vez que jugó por sistema suizo y no lo hizo otra vez hasta el Campeonato Mundial Juvenil que lo llevó a la cumbre, guiado por su preparador Ramón Huerta.
Sus primeros entrenadores fueron Adelquis Remón y Luis Pupo. Fue monarca juvenil de Holguín cuando tenía doce años, pero no le permitieron jugar en el campeonato nacional por no tener todavía edad juvenil. ¡Vaya argumento!
Sorprendió cuando jugó una semifinal nacional del torneo mayor con trece años. Vinieron después triunfos en Juegos Escolares e Inter-EIDE. Se agenció tres preseas áureas por su actuación individual en lides colectivas. En 1983 fue promovido a la Escuela de Perfeccionamiento Atlético (ESPA).
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Sobre los autores
Reinaldo Vera González-Quevedo (Matanzas, 1961). Dos veces campeón nacional juvenil: 1976 y 1979. También dos veces campeón nacional absoluto: 1997 y 2001. Gran Maestro en 1988 y oro individual en la olimpíada de Elista 98, defendiendo el tercer tablero. Se ha desempeñado como preparador y capitán del equipo nacional cubano en varias olimpiadas. Entrenador Senior de la FIDE desde 2007. Ha publicado The Meran Serni-Slav (La variante Merano de la defensa Semieslava) y The Nimzo-Indian (La defensa Nimzo India), ambos por la editorial inglesa Gambit.
Jesús González Bayolo (Camagüey, 1952). Periodista e investigador. Fundador del Instituto Superior Latinoamericano de Ajedrez (ISLA) y profesor principal de los cursos televisivos de ajedrez en Universidad Para Todos. Preside la Comisión de Historia en la Federación Cubana de Ajedrez e integró desde 1994 hasta 2010 el Comité de Publicidad y Prensa (CHIP) de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE). Maestro nacional y árbitro nacional de ajedrez. Recibió el Premio Nacional de Periodismo Deportivo por la Obra de la Vida en 2018.
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