
Después de la muerte de su padre, Eliseo Diego, Josefina de Diego García Marruz acometió la tarea de organizar y clasificar toda su papelería. Allí encontró poemas, conferencias, traducciones, cuentos inéditos y hasta un proyecto de novela. Estos hallazgos se dieron a conocer paulatinamente en diversas publicaciones en Cuba y en otros países.
Años más tarde, decidió realizar el inventario de la extensa biblioteca de su padre: un trabajo ingente que el poeta dejó varias veces inconcluso. ¿Qué encontró en aquellos libros que la llevaron a escribir cuatro conferencias sobre esos tesoros? Leídas en varias instituciones cubanas y extranjeras, Ediciones Extramuros (2019) tiene el gusto de presentarlas al lector reunidas bajo el título de Un rumor apenas, en homenaje al centenario del natalicio del gran escritor cubano.
Se incluye en este volumen la conferencia sobre un estremecedor texto inédito de Fina García Marruz, pues Josefina de Diego no solo se ha dedicado al estudio y la divulgación de la obra de su padre, sino también a la de miembros de su familia que formaron parte del místico Grupo Orígenes.
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El idioma inglés y la literatura inglesa en la vida y obra del escritor Eliseo Diego*
Mi abuela, Berta Fernández-Cuervo Giberga. Su infancia en los Estados Unidos a finales del siglo XIX. Sus lecturas. Le enseña el idioma a su único hijo, mi padre.
Mi padre, el poeta cubano Eliseo Diego, aprendió el inglés siendo muy niño, se lo enseñó su madre, Berta Fernández-Cuervo Giberga, una criolla, hija de catalana y asturiano, quien lo había aprendido también desde muy pequeña. Mi abuela nació en La Habana el 21 de noviembre de 1891 pero en 1895 sus padres emigraron a los Estados Unidos, posiblemente con motivo de la guerra entre Cuba y España, y allá vivió hasta la edad de doce años, aproximadamente. Cuando abuela regresó a Cuba casi no recordaba el español. Sus canciones de niña eran en inglés, los nombres de sus juegos también, rezaba en ese idioma, pensaba en inglés. Se lo enseñó a su hijo porque no concebía la compañía si no podía encontrar ese extraño río subterráneo de comunicación que solo se establece a través de los matices que proporciona el primer idioma. Cuando le escribía cartas las encabezaba «Dearest Son». Combinaba las dos lenguas en una jerigonza que a nosotros, sus tres nietos, se nos hizo muy querida. Era una lectora insaciable, pero solo leía novelas escritas en inglés y sus favoritas eran las de Dickens y Lewis Carroll. Cuando papá tocaba a la puerta de su cuarto se oía su voz alegre, diciendo: «No room, no room»[1] a lo que él, inmediatamente, replicaba: uno de los parlamentos de «There’s plenty of room!», de uno de los parlamentos de Alicia en el país de las maravillas. Cuando alguno de nosotros tres íbamos postergando infinitamente el momento de, por ejemplo, hacer nuestras tareas, abuela citaba a Mr. Micawber, un personaje de la novela de Dickens, David Copperfield, y decía: «Never do tomorrow what you can do today. Procrastination is the thief of time».[2]
A veces, en medio de una conversación con mi padre, llegaba el momento en que abuela hacía una pausa y, con una sonrisa entre burlona y traviesa, decía: «The time has come…» a lo que él tenía que responderle, «the Walrus said…», y ella replicaba enseguida, «to talk of many things». Y continuaba: «of shoes and ships and sealing wax, of cabbages and kings, and why the sea is boiling hot, and whether pigs have wings». Al final de estos delirantes y absurdos versos de Through the Looking-Glass,[3] se oía una estruendosa carcajada de ambos.
Y así, siempre, el inglés estaba presente en la cotidianidad de nuestra casa.
Los Centros Especiales de Inglés y mi abuela Berta
Los conocimientos del idioma le permitieron —cuando en 1929 quebró la mueblería de mi abuelo, el asturiano Constante de Diego— comenzar a desempeñarse como profesora de inglés. Para la realización de este trabajo, abuela se esforzó mucho y estudió a fondo la gramática y fonética inglesa.
Con el paso de los años se convirtió en una verdadera especialista y escribió un libro en tres tomos para la enseñanza de este idioma, Excercises in Functional Grammar, que le proporcionó cierta holgura económica y, sobre todo, muchas satisfacciones. Sus libros se estudiaban en los famosos Centros Especiales de Inglés y abuela llegó a ser la Inspectora General de Inglés de estos centros, en todo el país,[4] durante treinta años, desde su fundación hasta 1960, fecha en que se cerraron y se eliminó la enseñanza de ese idioma en Cuba.
Primeras lecturas de mi padre. Su biblioteca. Estudios que realizó del idioma. Tesis de grado: «Sicología de la enseñanza del inglés en las escuelas primarias»
Mi abuela le trasmitió este amor por el idioma inglés y las literaturas inglesa y norteamericana a su hijo. Tanto ella como mi abuelo eran grandes lectores, abuelo, incluso, escribió poemas y una novela y fue miembro de la Asociación de Escritores Cubanos —siendo él español. Eliseo Diego nació el 2 de julio de 1920 y durante los primeros diez años de su vida vivió en una quinta, Villa Berta, en las afueras de La Habana, en el humilde pueblecito de Arroyo Naranjo.
Era hijo único y fue un niño bastante solitario. Uno de sus entretenimientos predilectos era leer, leía mucho. Sus primeras lecturas fueron, por supuesto, en español, pero las alternaba con los libros en inglés. Fue en traducciones al inglés que leyó por primera vez los cuentos del danés Hans Christiarn Andersen y de los famosos hermanos Grimm, y también leyó en inglés los clásicos de la literatura inglesa para niños y jóvenes, como Trensure lsland, una de sus novelas preferidas, Winnie the Pooh, Alice’s Adventures in Wonderland y muchos otros. Hace poco concluí el inventario de los libros de su biblioteca, un trabajo titánico y duro, que él inició muchas veces y nunca pudo terminar. De los casi cuatro mil ejemplares que la componen, el 45 % corresponde a escritores ingleses y norteamericanos. De los libros de su infancia quedan pocos, pero encontré algunos sobrevivientes de «las oscuras manos del olvido». Uno de ellos es The Tomb of Tut Ankh Amen, escrita por Howard Carter,[5] una edición de 1927 —papá tenía siete años. En la portadilla, anotado con letra de mi abuela, está escrito «Eliseo de Diego», o sea, obviamente, ese ejemplar pertenecía a la biblioteca personal del niño que fue mi padre.
Hay un libro, Our Island Story, una historia para niños de Inglaterra, escrita por Henrietta Elizabeth Marshall,[6] que me llamó la atención. En la primera página el niño Eliseo pegó una calcomanía de una banderita cubana. Quizás en la soledad de su jardín aquel niño, hijo de un español y de una criolla, que, extrañamente, leía en inglés sus libros de aventuras, sintiera la necesidad de aclarar que él era cubano y que esa «island» del libro no era la suya. Encontré muchos libros dedicados a él por mi abuela, siempre en inglés.
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* Leí esta conferencia por primera vez el 16 de octubre de 2014, en el Centro Dulce María Loynaz, en homenaje a mi padre por cumplirse, el 1º de marzo, veinte años de su muerte, durante la celebración de la Semana de la Cultura Británica. También la leí en el Simposio de Traducción Literaria (La Habana, 2015) y en la Universidad Autónoma de México, en septiembre de 2016 en el Congreso de Traducción Literaria. Esta conferencia y las demás incluidas en este libro, iban acompañadas con proyección de imágenes en Power Point.
Sobre la autora
Josefina de Diego (La Habana, 1957). Estudió dos años la Licenciatura en Lengua Inglesa y Literatura Inglesa y Norteamericana. En 1976 se graduó de Licenciatura en Economía en la Universidad de La Habana. En 1993 publicó en México El reino del abuelo, libro de recuerdos de su infancia que cuenta con ediciones en Colombia, España y Cuba.
[1] Lewis Carroll: Alice’s Adventures in Wonderland, pp. 90-95.
[2] Charles Dickens: The Personal History of David Copperfield, p. 174. La traducción sería: «Nunca dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Procrastinar es robarle al tiempo».
[3] Lewis Carroll: The Complete Works of f Lewis Carroll: «Ha llegado el momento, / dijo la Morsa, / de hablar de muchas cosas: / de zapatos, de barcos y de lacre, / de coles y de reyes, / de por qué el mar está hirviendo / y de si los cerdos tienen alas», p. 186.
[4] Ver Anexos 1 y 2.
[5] Howard Carter (1873-1939). Arqueólogo y egiptólogo británico, nacido en Londres. Desde 1891 hasta 1899 formó parte del equipo Misión Arqueológica en Egipto. En 1922 Carter y el también egiptólogo británico George Herbert, llevaron a cabo uno de los mayores hallazgos arqueológicos del siglo XX: en el Valle de los Reyes en Luxor, Egipto, descubrieron la tumba de Tutankamón, el faraón que reinó en el siglo XIV a.C. La tumba, que se conservaba intacta, contenía un gran tesoro.
[6] Henrietta Elizabeth Marshall, generalmente aparece como H. E. M Marshall (1867-1941). Autora británica, nació en Boʻness, Escocia. Se hizo famosa por su libro de historia de Inglaterra para niños, Our Island Story: A History of England for Boys and Girls (1905), ilustrado por A. S. Forrest. En los Estados Unidos el libro se publicó con el título de An Island Story. EI libro fue un bestseller y contó con numerosas reediciones.
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