
De pie en la proa, como la sombra de un capitán aventurero, un hombre dispara el cohete de su espiritualidad: León Felipe, el poeta de Castilla, convertido en romero del mundo, ancla su inquietud en la hospitalaria ciudad de San Cristóbal de La Habana.
Así lo ve llegar el redactor de Diario de la Marina cuando corren los muy calurosos primeros días de agosto de 1936.
La capital ya casi se ha acostumbrado al paso de los escritores españoles. En tránsito hacia México, Estados Unidos o cualquier otro punto del mundo, el ibérico gusta de hacer escala en la que, hasta bien entrado el siglo XIX, para España y su gobierno colonial fue «la siempre fiel Isla de Cuba».
Es ya por entonces la de León Felipe, una de las voces imprescindibles de la lírica española del siglo XX y una personalidad con relevantes méritos ciudadanos.
Aunque no se lo esperara, tiene en el país buenos amigos, lectores abundantes de su obra y admiradores de su estilo, quienes seguían con interés los desplazamientos del poeta que buscaba espacio en el destierro.
Algunos de estos amigos los había hecho León Felipe en la Península, como era el caso del ensayista Juan Marinello y del poeta Nicolás Guillén, quienes pudieron aquí reciprocarle las atenciones. La Institución Hispano Cubana de Cultura presidida por Fernando Ortiz le abrió sus salones para que el domingo 9 de agosto impartiera la primera de sus conferencias, titulada «La poesía en la vida y en la historia de España». Fue presentado al auditorio por Marinello y a continuación el charlista dio curso a su exposición sobre las que él consideraba principales tendencias en la poesía española de tiempos pasados y presentes.
Dos días después dio una segunda conferencia: «Universalidad y exaltación», tomando como ejemplo a don Quijote, quien salta de «lo español a lo universal». Al terminar la charla de aquella jornada, el poeta lanzó al público una pregunta, suerte de reto a los indecisos. Les dijo así: «¿En qué bando militáis, si en el de los domésticos o en el de los heroicos?».
«León Felipe —escribió un periodista— dejó una huella profunda en el ánimo de la concurrencia a su disertación. Todo el pasado de España y lo que en España puede pasar, es su estilo. Lo español».
La revista Ultra, órgano oficial de la Institución Hispano Cubana de Cultura, incluyó en su entrega de septiembre un resumen de las conferencias, así como la fotografía del escritor. En ella se observa la frente despejada, con calvicie avanzada, la cabeza bien modelada, la barbilla en punta que le alarga el semblante y los espejuelos de armadura redonda.
El 13 de agosto, en el Lyceum del Vedado, hubo ocasión para un nuevo encuentro con León Felipe, quien se sumó al homenaje que se le tributaba a la pedagoga chilena Amanda Labarca, de visita por entonces en la Isla.
Antes de concluir, compartimos con el lector el concepto que de la poesía tiene León Felipe. Es, en opinión nuestra, uno de los más sagaces y atrevidos que hemos leído, y nos deja pensando:
Deshaced ese verso,
Quitadle los caireles de la rima,
El metro, la cadencia
Y hasta la idea misma.
Aventad las palabras,
Y si después queda algo todavía,
Eso
Será la poesía.
León Felipe murió en México el 18 de septiembre de 1968, a la edad de 84 años. Desde las páginas digitales de Cubaliteraria rendimos sencillo homenaje a uno de los grandes, de los inmensos poetas de la lengua española.
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