
No recordamos en la cultura cubana otro caso como el de Leonardo Acosta, dos veces ganador de un Premio Nacional: en 2006 el de Literatura y en 2014 el de Música, dos expresiones artísticas que se disputaron la labor creativa de un intelectual inquieto, profundo, sapiente y a veces no suficientemente tenido en cuenta pese a su integralidad y trascendencia dentro del panorama de la cultura cubana.
En ocasión de recibir el Premio Nacional de Literatura , Acosta cerró su discurso de agradecimiento por tan significativo galardón con estas palabras:
Una última —o única— reflexión sobre mi obra preferentemente ensayística: casi toda ella está —en última instancia— en función de la lucha por la dignidad de los pueblos y culturas afroamericanas e indoamericanas, y por la unidad de la América Latina, nuestra América.
Curiosamente, en las fichas biográficas de este escritor el espacio dedicado a su producción dentro de la música suele ocupar más espacio que el dedicado al ejercicio de las letras.
Al triunfo de la Revolución, Acosta, nacido el 25 de agosto de 1933, tenía 25 años y se sumó al equipo de periodistas de la naciente agencia de noticias Prensa Latina, para la cual trabajó nueve años que le aguzaron el estilo y lo prepararon para la escritura diaria, incorporándole una visión analítica de la situación nacional e internacional, ambas, llenas de matices. Fue corresponsal de prensa en varias naciones. La entrevista, el reportaje, el artículo, la crónica, la crítica musical y literaria lo dieron a conocer a los lectores dentro y fuera de Cuba. El diario Hoy, El Caimán Barbudo, Unión, Casa de las Américas y el mensuario Revolución y Cultura (del cual fue redactor) también publicaron sus textos.
En cuanto a la música, pues téngase presente que fue miembro del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC y solista de la Orquesta Sinfónica Nacional, al tiempo que la música se convertía, cada vez más, en tema de investigaciones y asunto de sus libros.
La bibliografía de Leonardo Acosta incluye el prólogo a la edición cubana de La historia del jazz, de Marshal W. Sterns, un cuaderno de cuentos de 1967: Paisajes del hombre y los libros José Martí, la América precolombina y la conquista española, 1974; Imperialismo y medios masivos de comunicación, 1976; Música y épica en la novela de Alejo Carpentier, 1976; Música y descolonización, 1982; Del tambor al sintetizador, 1983; El barroco de Indias y otros ensayos, 1985; Novela policial y medios masivos, 1986; Medio milenio: esclavitud y genocidio, antropofagia e identidad, 1993…
En su producción prevalece el ensayo, con una prosa amena y argumentada, sin resquicios, donde la exposición es resultado de un proceso de maduración del pensamiento y una profunda convicción. El propio Leonardo Acosta ofrece una definición de ensayo que bien merece ser compartida con sus lectores:
«Es sin duda un género esquivo, que puede incluir casi todo y oscilar entre el artículo periodístico, la crítica, el divertimento, la semblanza, el discurrir literario o filosófico, el humorismo, lo costumbrista y lo historicista, y que en sus momentos brillantes está triplemente avalado por la investigación, la imaginación y la reflexión».
Varios Premios de la Crítica justipreciaron la producción literaria de Leonardo Acosta, un habanero fallecido diez años atrás, el 23 de septiembre de 2016, algo irreverente si de hablar se trata, que desarrolló magistralmente el difícil oficio de escribir bien.
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