
El 2 de marzo de 1942 nace John Irving, un autor fascinante de la literatura estadounidense, a quien debemos obras como Libertad para los osos, Un hijo del circo, Personas como yo y Avenida de los misterios. Algunos de sus libros han sido adaptados al cine.
«Mientras recorren los campos austríacos en una moto de gran cilindrada, persiguiendo a jovencitas rubias con largas trenzas y a orondas campesinas cargadas de recuerdos, Siggy y Graff van alimentando el exorbitante proyecto de liberar a todos los animales del célebre zoo de Viena. Como telón de fondo de las aventuras de estos dos entrañables lunáticos, Irving teje, en su primera novela, una intriga que explora las complejidades de la historia de Europa Central en la segunda mitad del siglo XX, así como una reflexión en torno a la identidad y al uso de la libertad».
Se trata de la sinopsis de Setting Free the Bears (Libertad para los osos), de John Irving publicada en 1969. Como invitación a leerla compartimos el primer capítulo.
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PRIMERA PARTE
SIGGY
Una dieta constante en Viena
Lo encontraba todos los mediodías, sentado en un banco del Rathaus Park, con una bolsa pequeña y gorda llena de rábanos de invernadero en el regazo y una botella de cerveza en una mano. Siempre llevaba un salero, y debía de tener muchos, porque no recuerdo ninguno en particular. Nunca eran saleros muy elegantes, sin embargo, y una vez incluso tiró uno; lo envolvió en la bolsa vacía y lo arrojó en uno de los cubos de basura del parque.
Todos los mediodías y siempre en el mismo banco: el menos astilloso, en el extremo del parque más cercano a la universidad. De vez en cuando llevaba un cuaderno, pero siempre la chaqueta de pana de cazador de patos con bolsillos laterales de tajo y el enorme bolsillón de malla en la espalda. Los rábanos, la botella de cerveza, un salero, y a veces el cuaderno… todo ello en el largo y abultado bolsillón. Nunca llevaba nada en las manos cuando andaba. El tabaco y las pipas iban en los bolsillos laterales de la chaqueta; tenía como mínimo tres pipas diferentes.
Aunque supuse que era estudiante como yo, nunca lo había visto en ninguno de los edificios universitarios. Sólo en el Rathaus Park, todos los mediodías de los recientes días primaverales. Solía sentarme en el banco de enfrente mientras él comía. Yo tenía el periódico, y era un punto estratégico para ver llegar a las chicas por el sendero; desde allí espiaba las pálidas rodillas invernales de esas chicas fuertes con sus diáfanas y holgadas blusas de seda. Pero él no las miraba; permanecía en estado de alerta, como una ardilla, encima de la bolsa con rábanos. A través de las tablillas del banco, el sol dibujaba rayas de cebra en su regazo.
Llevaba más de una semana de este contacto con él cuando observé otra de sus costumbres. Garabateaba algo en la bolsa de rábanos, y siempre se metía pedacitos de bolsa en los bolsillos, aunque con más frecuencia escribía en el cuaderno.
Un día vi cómo se guardaba una notita escrita en un pedazo de bolsa y después se alejaba del banco; sendero abajo decidió releerla. Sacó el pedacito de bolsa y lo leyó. Después lo tiró, y esto es lo que encontré:
«Es necesario el mantenimiento fanático de las buenas costumbres».
Fue más adelante, al leer su famoso cuaderno —su Poesía, como decía él—, cuando comprendí que esta nota no había sido del todo desechada. Sólo que la pulió un poco.
«Las buenas costumbres son dignas de que se las aborde con fanatismo.»
Pero en el Rathaus Park, con el pedacito de bolsa, yo no podía saber que él era poeta y creador de máximas; sólo pensaba que sería interesante conocerlo.
Sobre el autor

John Irving nació en Exeter, New Hampshire, en 1942. Su primera novela, Setting Free the Bears (Libertad para los ojos), se publicó en 1968, cuando tenía veintiséis años. Ha escrito dieciséis novelas a lo largo de su prolífica carrera, la mayoría de las cuales han sido bestsellers internacionales. En 1980, Irving ganó un Premio Nacional del Libro por su novela The World According to Garp. En 2000, ganó el Oscar al Mejor Guion Adaptado por The Cider House Rules. Escritor internacional, sus libros se han traducido a más de treinta y cinco idiomas. A Prayer for Owen Meany es su novela más vendida, en todos los idiomas. John Irving vive en Toronto.
La revista Time elogia sus libros como «épicos, extraordinarios, controvertidos y sexualmente valientes». Irving es descrito como «la voz de la justicia social y la compasión en la literatura estadounidense contemporánea» por The Globe and Mail. Se dice que su obra contiene «ironía devastadora, provocación silenciosa, obsesiones cómicas, libertinaje priápico» (Le Monde), mientras que sus personajes «nos seducen sobre hielo delgado y nos persuaden a bailar allí. Su marca instintiva es la elección moral al descubierto, y su objetivo es impresionante» (The Washington Post Book World). En palabras de Terrence Des Pres, de su Introducción a John Irving, «No los hechos, sino los hechos percibidos, es el dominio legítimo de la ficción, e Irving se ha apresurado a llevar esta licencia especial hasta su límite». Una y otra vez, los lectores han quedado cautivados por las historias de Irving, a veces trágicas y a veces cómicas, encarnadas por personajes inolvidables.
Su novela más reciente es La Reina Ester, una novela histórica que sigue a Esther Nacht, una judía de origen vienés cuya vida está marcada por el antisemitismo. Huérfana, Esther es abandonada en el orfanato de St. Cloud’s, donde el Dr. Larch tiene claro que la niña abandonada no solo sabe que es judía, sino que también conoce a la reina bíblica Ester, de quien recibió su nombre. El Dr. Larch sabe que no será fácil encontrar una familia judía que adopte a Esther; no encontrará ninguna que la adopte.
Cuando Esther tenía catorce años y estaba a punto de quedar bajo la tutela del estado, el Dr. Larch conoció a los Winslow, una familia filantrópica con una larga trayectoria en la atención a huérfanos no adoptados. Los Winslow no eran judíos, pero detestaban el antisemitismo y los prejuicios afines. La gratitud de Esther hacia los Winslow era inagotable. Mientras regresaba a su ciudad natal, Esther nunca dejó de amar y proteger a los Winslow, ni siquiera en Viena. En el último capítulo de esta novela histórica, ambientada en Jerusalén en 1981, Esther Nacht tenía setenta y seis años.
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Con información de la página oficial del autor
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