
Si existe una nación con la más amplia raíz poética, esa es Cuba. Desde los cantos de Heredia, se aprecia cómo amar y vivir a través de la lírica. La décima, estrofa predilecta para ribetear con naturalidad en los campos cual rocío, es la voz de la oralidad en esta tierra.
En la memoria nacional se guarda un suceso que define la esencia de su identidad poética. El año 1955 fue testigo de una confrontación verbal sin parangón entre Jesús Orta Ruiz, conocido con afecto como el Indio Naborí, y Ángel Valiente, a quien todos llamaban Angelito. Este duelo de inteligencias recibió el título de la «Controversia del Siglo» debido a su impacto social y su perfección técnica.
El 15 de junio de 1955, el Teatro del Casino Español de San Antonio de los Baños se llenó de una expectación vibrante. Dos mil personas se congregaron para presenciar el primer encuentro. Los patrocinadores eligieron este lugar por ser la tierra natal de Valiente. El jurado estuvo compuesto por figuras de la talla de Raúl Ferrer y Rafael Enrique Marrero.
Los temas elegidos para esta jornada fueron el Amor, la Libertad y la Muerte. Desde estos universales temas, se logra conducir lo cubano, plasmando en la estrofa nacional, la sencillez de las inquietudes humanas y la crítica social.
Cada intervención de los poetas fue seguida por un silencio denso que solo se rompía con aplausos cerrados. La técnica empleada fue la de diez décimas por tema para cada poeta, alternando sus voces bajo el ritmo del laúd. Aquella noche, la perfección fue la norma. El jurado decidió declarar un empate ante la imposibilidad de hallar una falla en la estructura o el contenido de los versos.
La revancha se pactó para el 28 de agosto de 1955. El Estadio de Campo Armada, en el reparto Lucero de San Miguel del Padrón, fue el recinto para esta cita histórica. La cifra de asistentes creció de forma asombrosa hasta alcanzar las diez mil personas. Este estadio pertenecía a la zona donde Naborí creció y desarrolló su arte.
Los temas de este encuentro fueron el Campesino y la Esperanza. La atmósfera se cargó de una tensión distinta. Los poetas incorporaron a sus versos la realidad social de una nación sumida en una dictadura. Cada décima representó una denuncia y un acto de rebeldía. Al finalizar la jornada, el jurado otorgó la victoria al Indio Naborí. Este veredicto reconoció la labor de Valiente, cuya calidad se mantuvo a la par de su oponente durante todo el duelo.
La profundidad de los versos improvisados en San Antonio de los Baños superó cualquier expectativa previa. Al tratar el Amor, Naborí se alejó de los tópicos románticos tradicionales. Propuso una visión donde amar consiste en dar y no en pedir. Citó a Santa Teresa para definir este sentimiento como la alegría de alegrar. Valiente respondió con una dualidad emotiva. Para él, el amor es lágrima ardiente y carcajada sonora; se encuentra en el pecho que llora y en el niño sonriente.
El tema de la Muerte provocó imágenes de una fuerza visual desgarradora. Naborí la describió como un alfiler de frío. Afirmó que este fenómeno llega desde un palacio con forma de cráneo. Valiente abordó la finitud de la vida con una tristeza que desanima, señalando que el tiempo pasa por encima de aquellos que niegan el más allá. Estas décimas demuestran que el repentismo cubano alcanzó una cota de pensamiento filosófico equiparable a la poesía escrita de mayor prestigio.
La jornada de junio reservó un espacio para la Libertad. Este concepto fue abordado con una valentía notable en un contexto político represivo. Naborí vinculó la libertad con la inmensidad necesaria para la vida. Comparó al hombre con el pez y el ave, seres que perecen ante la estrechez. Su intervención culminó con una invocación a José Martí. Afirmó que basta decir el nombre del Apóstol para entender el significado de la libertad.
Valiente definió la libertad como una palabra de oro con sabor a sangre pura. Sostuvo que en los hombres sin decoro prospera la indignidad. Recordó que de un semillero de esclavos no brota la voluntad de los corazones.
Los poetas recorrieron la historia universal, mencionando la Revolución Francesa, la independencia de Haití con Toussaint y Dessalines, y la gesta de Bolívar en el Orinoco. Esta capacidad para integrar el conocimiento histórico en el verso improvisado subraya la erudición de ambos contendientes.
En Campo Armada, el tema del Campesino permitió a los poetas desplegar una crítica social acerba. Naborí describió al trabajador rural con una mirada escrutante que se pierde en una noche verde. Denunció las miserias precoloniales que persistían en la morada del guajiro. Según sus versos, el tiempo se detuvo para el hombre de campo, quien seguía parado en la hora siboney a pesar de la mecanización de la ciudad.
Valiente identificó a Cuba con el campesino. Señaló que el oro del trabajo campesino era amasado por manos ajenas que despreciaban el sudor del trabajador. Ambos atacaron al monstruo capitalista que solo buscaba la caña y al latifundio que echaba a las familias a las rutas polvorientas. Estas décimas constituyeron un análisis sociológico profundo de la Cuba rural de 1955.
La lectura de la controversia exige detenerse en la estructura del verso amebeo. Este término designa el canto donde los pastores o poetas compiten alternando estrofas. En San Antonio y Campo Armada, este diálogo alcanzó una fluidez asombrosa. Cada poeta debía estar atento a la terminación y al sentido de la décima de su rival para mantener el hilo argumentativo. La rima consonante de la espinela impone una restricción técnica que ambos superaron con creces.
Naborí utilizó recursos de la lírica culta, como la metáfora densa y la referencia clásica. Valiente recurrió a imágenes populares directas y a una emotividad contagiosa. Esta combinación permitió que el repentismo saliera de los guateques campesinos para entrar en los salones universitarios y en los teatros de la capital.
La poesía oral suele ser efímera. Las palabras mueren al nacer y quedan solo en la memoria de los testigos. La «Controversia del Siglo» escapó a este destino gracias a la intervención de María de los Refugios Segón. Esta taquígrafa registró de forma íntegra cada verso cantado en las dos jornadas. Su labor permitió que lo que fuera aire se convirtiera en papel y tinta.
La relevancia se sitúa en el corazón de la identidad nacional cubana. La «Controversia del Siglo» es un signo de resistencia cultural. En un momento de crisis institucional y política, la palabra poética sirvió para unir a la nación en torno a valores humanos fundamentales como el amor y la libertad. La movilización de diez mil personas para escuchar poesía es un hecho casi inédito en el siglo XX.
Al evaluar la controversia desde el pasar de los años, se percibe una madurez técnica envidiable. La ausencia de vacilaciones en el ritmo de los poetas asombra a los especialistas. Cada uno construyó su lógica argumental con una coherencia que se mantuvo durante horas. La «Controversia del Siglo» fue un debate de ideas sobre el destino del hombre y de la patria.
La historia de Naborí y Valiente demuestra que la poesía es una necesidad vital para los pueblos. Estos hombres convirtieron el escenario en un templo lírico. Su legado permanece vivo cada vez que alguien recita una décima en un rincón de Iberoamérica.
El lenguaje es la herramienta más poderosa para la redención humana. Naborí y Valiente usaron la rima para denunciar la injusticia y para exaltar la belleza de la esperanza.
La «Controversia del Siglo» representa el equilibrio perfecto entre la técnica, el sentimiento y el compromiso social. La voz de Naborí y Valiente seguirá resonando mientras exista un laúd y un poeta dispuesto a soñar con el octosílabo perfecto. Dos hombres, hace 71 años, demostraron cómo lo cubano habita siempre en la poesía.
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