
Dolores María Ximeno y Cruz conocida al paso del tiempo como Lola María pertenecía a una acaudalada familia matancera, un círculo familiar en el que también entra el poeta yumurino José Jacinto Milanés Fuentes (1814-1863). De fina sensibilidad, cultivaba el círculo de amistades; en las tertulias literarias que se daban en su casa, solían asistir entre otros, Nicolás Heredia y Vidal Morales y Morales.
Contrajo matrimonio con el erudito y bibliógrafo José Augusto Escoto, en cuya revista histórica, crítica y bibliográfica de la literatura cubana, apareció publicada su carta a «María» donde se refiere a las causas de la locura de José Jacinto Milanés. Dolores Ximeno, igualmente, colaboró en El Fígaro, Archivos del Folklore Cubano y en la revista Bimestre Cubana, donde publicó Memorias de Lola María que se publicó con el título de Aquellos Tiempos y que aparecieron por entregas, entre los años 1924 y 1929.
Aquí la autora nos ofrece interesantes detalles de la vida matancera en la segunda mitad del pasado siglo, y en el capítulo VIII nos pinta las temporadas de la aristocracia matancera en «La Cumbre».
Luego, aparecerían publicadas la totalidad de estas entregas agrupadas en forma de libro, en dos tomos, que totalizaban más de setecientas páginas, el primero, en 1928, y el segundo, en 1930, publicados por la Colección Cubana de Libros y Documentos Inéditos, dirigida por don Fernando Ortiz.
Sin embargo, algo más de cincuenta años después, en 1983, ese grande de nuestros libros, Ambrosio Fornet, publicó una selección de estos dos tomos, en uno solo, que tituló Memorias de Lola María, en el que incluía su selección de las mejores crónicas.
Hija de una de las familias más acaudaladas de Cuba, Ximeno y Cruz relata particularmente acerca de la vida de su padre, José Manuel Ximeno y Fuentes (1824-1883) —el principal coleccionista de obras de arte de Matanzas y quizás de la Isla en su época–, y de su madre, María de los Dolores Joaquina de la Cruz y Vehil (1840-1913), ilustrada y rica heredera, a quien Ernesto Lecuona, años más tarde, le dedicara su zarzuela homónima «Lola Cruz», y así su canción mundialmente famosa «Damisela encantadora».
Bibliotecaria en Matanzas
Lola María trató por varios años, con una constancia inigualable, de lograr un puesto de bibliotecaria, no solamente por tener un salario, sino para poder encausar todos sus conocimientos.
El erudito bibliófilo José Augusto de la Paz Escoto Castelló, quien se había hecho cargo de la dirección de la Biblioteca Pública de Matanzas, era conocido de Lola María, pero, a partir de 1906, cuando ella logra la plaza de auxiliar de bibliotecaria, es que se hace más fuerte la amistad y ella le ayuda en sus trabajos. Escoto enviuda en 1919. Al año siguiente Lola María y Escoto contraen matrimonio. Ella tenía en esos momentos, cincuenta y tres años.
La labor que Lola María desempeñó en la Biblioteca Pública de Matanzas fue no solamente muy grata para ella, sino que grata por lo que significó en ayuda a la población que acudía a ese centro del saber y a ella; y grata también por todo lo que pudo ayudar a Escoto en su trabajo publicitario.
Lola María Ximeno llegó a dominar inglés, francés e italiano y fue hereda de relevantes poetas o escritoras que le antecedieron en la literatura cubana. A pesar de proceder de una familia rica, por intereses de su padre y madre tuvo que estudiar todas las materias que la capacitarían como lo que fue: una mujer de gran cultura.
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