
Gracias a la edición más reciente del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, Federico García Lorca regresó a La Habana noventa y cinco años después de aquella visita que lo hizo vivir días bullentes y desbordados en la isla, donde pasó, según confesión propia, los mejores días de su vida.
Lorca en La Habana, documental de José Antonio Torres y Antonio Manuel, producido por Plano Katarsis, con la colaboración del Canal del Sur, y cuyas proyecciones han emocionado y conmovido al público numeroso que lo ha visto, tanto en Cuba como en España, donde, increíblemente, antes de la realización de este filme, se conocían poco y mal los detalles de aquella visita del poeta en la primavera de 1930, y que en la cinta es abordada, sobre todo, a partir del impacto emocional que supuso para el autor de Poeta en Nueva York.
Este cronista conversó con sus realizadores, que prefirieron acoplar en una sus respuestas.
Antonio Manuel (Antonio Manuel Rodríguez Ramos) es abogado y profesor de Derecho Civil de la Universidad de Córdoba. Poeta y narrador es también colaborador de numerosas publicaciones. De mucha cuenta es su libro Antología del cante jondo, que da pie a la serie televisiva del mismo nombre que codirigió con José Antonio Torres.
ENTREVISTA A DOS VOCES
¿Por qué Lorca?
España es un país tan ensimismado y narcisista que suele encerrar a los suyos en la cárcel de sus fronteras. Casi nunca se estudia en nuestros colegios la historia compartida con América y, muchísimos menos, los movimientos liberadores que emanciparon sus colonias del antiguo régimen de la metrópoli, Lo mismo ocurre con la vida de nuestros exiliados. Queda para los investigadores especializados profundizar en su estela, como la que dejaron en Cuba Manuel Altolagirre, Luis Cernuda o Juan Ramón Jiménez, esta última recuperada gracias a su empeño. Si todas estas injusticias eran graves, creíamos que con Federico el vacío se hacía más hondo, si cabe. Porque mientras el gran público conocía con detalle su estancia en Estados Unidos, Argentina o Uruguay, su presencia en Cuba era ignorada por completo, justo cuando se sitio màs libre y dichoso que nunca. Hacía falta abrir esa ventana para que todo el mundo respirase esa misma felicidad que sintió Federico.
¿Cuál es el sentido de este acercamiento a una figura tan evocada y estudiada?
Hacerla carne. Demasiadas veces los documentales abordan las vidas de las grandes personalidades como si fueran santos. Personas sin mácula. Un tótem al que venerar. Nosotros queríamos que el público se enamorase de Federico porque es tan imperfecto como él, tan humano como él, capaz de lo más sublime y de lo màs miserable, de amar y ser amado, de odiar y ser odiado, de pasear por los muelles con la mirada lasciva y la lengua empapada de ron, de comprometerse con la libertad que necesitaba su pueblo, de coger del brazo a los más débiles, de bailar sones como su fueran zambras en el Sacromonte.
Más que una película, Lorca en La Habana es un espejo en el que reconocernos a través del alma musical, poética y humanamente imperfecta de Federico.
¿Qué es lo novedoso de la cinta?
Decidimos que la cinta estuviese atravesada por los lenguajes de Federico, pero desde la naturalidad y no desde la impostura. Por eso no fuimos pretenciosos buscando a un actor que se pareciera en la estatura, en la cara, en los ojos o en la sonrisa de Federico. No. Fuimos pretenciosos buscando la fórmula y el intérprete para que se pareciera en el alma. Y creo que la encontramos por partida doble. De una parte, dejando claro desde el principio que se trata de actor que interpreta a un actor que hace de Federico. Este trampantojo redobla su credibilidad. Y de otra parte, por la magistral interpretación de Javier Jiménez Nora que parece bailar con las palabras que se escribieron para la película. El espectador queda deslumbrado porque termina metiéndose en su pellejo, creyéndose que tiene delante al mismísimo Federico poco antes de marchar desde Madrid a Granada para no regresar nunca más a la vida.
Algunos espectadores piensan que el filme soslaya al Lorca escritor y acentúa a un Lorca que en Cuba se entrega, como dijo hace décadas Ángel del Río, al lado pagano y vital de su personalidad. ¿Es así?
En absoluto. ¿Cómo va a ser así si durante más de una tercera parte de la película estamos escuchando a Federico como narrador en su mismo lenguaje? Lo que sí hemos hecho con toda intención es no caer en un documental analítico de sus textos o conferencias en la Isla, más propios de ámbitos academicistas y minoritarios, que se encuentran suficientemente detallados en otros formatos como los estudios de Urbano Martínez Carmenate y de usted mismo en su libro García Lorca/Pasaje a La Habana. De haber tenido una serie con varios capítulos, no cabe duda de que uno se lo hubiésemos dedicado al Federico que también escribió en la Isla. Pero al tratarse de un documental, pusimos el foco donde más oscuridad había a nuestro juicio, en el enorme impacto emocional que supuso para Federico encontrar Andalucía en Cuba, pero sin la mirada inquisitorial que entonces padecía en la España nacional católica que amenzaba derrumbarse con la República y que la terminó asesinando.
¿Cuál fue la mayor dificultad de la cinta y el mayor aliciente?
Todo lo vivido en Cuba. Desde el principio, nuestro reto consistía en que fuese Cuba la que hablase de Federico. Y un presupuesto austero y los plazos perentorios de entrega, supusieron un enorme esfuerzo para la productora. Sin embargo, los inconvenientes también fueron nuestra mayor alegría. Porque en todo momento nos encontramos con una enorme generosidad, personal e institucional, que hizo posible el milagro de tener hoy una película única y de referencia sobre la presencia de Federico en Cuba.
¿Cómo la ve desde hoy? ¿Qué le suprimiría y qué le adicionaría?
Una obra de creación no se termina, se abandona. Con mayor crueldad, las cinematográficas porque dependen muchísimo del presupuesto del que se disponga. Nosotros estamos felices con el resultado final. Hemos llenado todas las salas que la han proyectado en España; el público salía llorando, y siempre nos hemos encontrado con una complicidad emocional cuando se ha proyectado en Cuba.
Otra cosa diferente es que tuviésemos la oportunidad de rodar otra en cuyo caso, màs que añadir o suprimir la enfocaríamos con otra mirada para poder decir aquello que no entró en Lorca en La Habana, especialmente, las localizaciones y viajes de Federico por toda la Isla.
¿Proyectos?
Estamos muy ilusionados con llevar adelante una serie sobre las músicas del Caribe afro andaluz. Ojalá que lo consigamos y regresemos a Cuba.
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