
Posiblemente el más abominable de los crímenes del colonialismo en la Isla fuera el fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina el 27 de noviembre de 1871. Los pormenores del suceso, las condiciones tan ominosas en que se dictó la absurda sentencia, impuesta por el odio y el terror, y la inocencia de los condenados, marcaron no solo la conciencia de los cubanos de entonces: también los de ahora recuerdan la fecha con emoción y espanto.
Los sucesos (sus causas, motivaciones, intereses desenfrenados…) del 27 de noviembre han sido analizados por los historiadores; Fermín Valdés Domínguez, uno de los encausados entonces, escribió un libro para reivindicar la memoria de sus condiscípulos ejecutados; el paño de pared en que se realizaron los fusilamientos se conserva hoy día y es lugar sagrado de peregrinación anual del estudiantado… son esas solo algunas de las expresiones mediante las cuales los cubanos rendimos tributo eterno a los estudiantes mártires.
Veinte años después de las ejecuciones, en su discurso conocido como «Los pinos nuevos», pronunciado en Tampa el 27 de noviembre de 1891, señalaba José Martí: «Salieron riendo del aula descuidada, o pensando en la novia y el pie breve, y entraron a paso firme, sin quebrantos de rodilla ni temblores de brazos, en la muerte bárbara».
Tampoco los poetas cubanos quedaron al margen del homenaje. La fuerza poderosa del verso, patriótico y conmovedor, sirve de sustrato para diversas composiciones. Hemos seleccionado cuatro autores. He aquí sus edades al ocurrir los hechos: Julián del Casal, ocho años; José Martí, 18; José Joaquín Palma, 27 y Rafael María de Mendive, mentor de Martí, 50. Pertenecientes, como observará el lector, a generaciones diferentes, los une el hálito vibrante y el dolor que no cesa ante el injustificable asesinato.
Cual rosas que arrebata el torbellino, almas en flor, arrebatados fueron en medio del camino donde sus ojos a la luz abrieron; y de la vida en el albor divino sin maldecir a su fatal destino, con entereza varonil murieron.
(«27 de noviembre», por Rafael María de Mendive)
¡Dormid!, ¡dormid y esperad!, pues cuando extienda en el suelo como un palio de consuelo su manto la libertad; cuando la diosa maldad rompa sus puñales crueles, tendrá Cuba en sus vergeles, entre palmas y cantares, para los muertos, altares, para los vivos, laureles.
(«27 de noviembre», por José Joaquín Palma)
[…] Y un mundo tienen ya por sepultura! ¡Y más que un mundo, más! Cuando se muere en brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la prisión se rompe; ¡empieza, al fin, con el morir, la vida!
(«A mis hermanos muertos el 27 de noviembre», por José Martí)
Víctimas de cruenta alevosía, doblasteis en la tierra vuestras frentes, como en los campos llenos de simientes palmas que troncha tempestad bravía. Aún vagan en la atmósfera sombría vuestros últimos gritos inocentes, mezclados a los golpes estridentes del látigo que suena todavía.
(«A los estudiantes», por Julián del Casal)
Que el verso de estos cuatro poetas cubanos todavía estremezca nuestra sensibilidad en los tiempos actuales, es prueba irrefutable de que los ocho estudiantes de Medicina permanecen en la memoria viva de la historia.
Visitas: 21






Deja un comentario