
Al multilaureado escritor y psicólogo villaclareño, Luis Cabrera Delgado (1945-2025), miembro emérito de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), lo conocí desde que era estudiante de la Escuela de Psicología, en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, donde se graduó de esa disciplina de las neurociencias y de las ciencias sociales; por lo tanto, dedico esta entrevista que gentilmente me concediera mi querido colega y amigo poco tiempo antes de ir a encontrarse con el «Espíritu Universal»; leitmotiv en la obra poético-literaria y periodística de José Martí, quien junto al venerable padre Félix Varela y don Enrique José Varona, es una de las piedras fundacionales de la Psicología cubana.
El vínculo profesional y afectivo-espiritual que me uniera a mi ilustre interlocutor fue razón más que suficiente para establecer un ameno diálogo con uno de los más prolíficos cultores de la literatura infanto-juvenil en Iberoamérica acerca de un lauro que obtuviera en un evento internacional, y que no solo lo honrara a él, sino también a las letras insulares y a la cultura nacional.
¿Qué representa para usted haber obtenido un reconocimiento otorgado por la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz de la Sierra, en el Estado Plurinacional de Bolivia?
Ese, como cualquier otro reconocimiento que haya recibido o que pueda recibir, lo haré con la satisfacción de saber que es fruto del trabajo. Desde hace algún tiempo, estoy muy vinculado con Bolivia, a través de su Academia de Literatura Infantil; institución que tuve el honor de fundar; he visitado varias veces ese hermano país andino para participar en ferias, seminarios, impartir conferencias y organizar talleres.
En 2014, tuve el privilegio de realizar una antología donde aparecen 70 autores de toda América Latina y 17 ilustradores, uno por cada país participante, creadores todos que donaron sus obras para un libro que publicó el Ministerio de Cultura y se les obsequió a los colegios fiscales, donde asisten los niños de menos recursos económicos.
El tema de los textos y las ilustraciones era el mar, ya que, ante la ausencia de un mar físico, los escritores y artistas se lo quisimos regalar a los niños a través del arte.
¿Cómo percibe el profesional de la martiana ciencia del espíritu y hombre de letras, el contenido de dicha distinción, donde se le reconoce su noble y visionara labor a favor de la promoción y fomento del libro y la lectura?
Yo, más que con lo que llamas «martiana ciencia del espíritu», vivo identificado con el pensamiento maceista acerca de la dedicación a la labor socialmente útil. El Lugarteniente General del Ejército Libertador siempre se ha destacado, históricamente, por sus dotes y hazañas militares, pero en los difíciles momentos que vive la sociedad cubana, debemos identificarnos más con su amor al trabajo (recordemos su accionar y resultados en la faena agrícola realizada por él en Costa Rica), pero sobre todo, con la integridad moral y decoro cívico que caracterizaran la recia personalidad de Antonio Maceo, ese «gigante de ébano».
Con el ejemplo, la sencillez y la humildad que identificaran —desde la vertiente personográfica— al «Titán de Bronce» recibo el reconocimiento que le han hecho a mi labor intelectual y espiritual.
De las experiencias vivenciales experimentadas durante la entrega de ese galardón literario en la hermana nación andina, ¿podría relatarnos alguna que le haya dejado una huella profunda en la mente y en el alma?
El boato de los actos de reconocimiento son pasajeros, pero en Santa Cruz de la Sierra, tuve la oportunidad de participar dos días en charlas con estudiantes y profesores de la Escuela Normal para Maestros, donde se vendieron libros de mi autoría.
El segundo día se me acercó un joven discípulo de ese centro educacional, y me dijo que la noche anterior se había leído de un tirón un libro mío y que lo había disfrutado hasta las lágrimas. Esas sencillas muestras de un lector son las experiencias que le alimentan el espíritu a un psicólogo que vive para escribir.
Como buen martiano que es, ¿qué interpretación le daría usted a la frase del Apóstol: «un niño me inspira dos sentimientos: uno de ternura, por lo que es; y otro de respeto, por lo que pueda llegar a ser», porque los pequeños príncipes «saben más de lo que parece»?
Si bien Martí tiene un pensamiento profundo y de versátil interpretación, aquí es claro y preciso y no conlleva otro análisis más allá de lo que dice: el niño es tierno, posee en sí grandes posibilidades y sabe más de lo que nos creemos que es capaz de dominar
¿Cómo utiliza su percepción personal acerca de esos aforismos en la elaboración de las tramas de los libros, dedicados con inmenso amor paternal a la grey infanto-juvenil, así como en la construcción psicológica y espiritual de los personajes, protagónicos o secundarios, que desarrollan la acción dramática en que se estructura su vasta obra literaria?
Pregunta complicada de responder en mi caso, porque —aunque parezca una «herejía»— yo no escribo pensando específicamente en un virtual lector infantil, sino que vivo para escribir. Lo que ocurre es que mi lenguaje y fantasía tienden a establecer la comunicación estético-artística con los lectores infantiles y juveniles. Lo demás está en la esencia del sistema ético y filosófico que profeso, y ahí es donde están impregnadas las máximas de Martí y el ejemplo de Maceo.
¿Algo que desee añadir para que no se le quede nada en el tintero?
La gentileza tuya al entrevistarme y de brindarme, ahora, la oportunidad de agregar lo que yo quisiera. Hay muchos temas de los cuales pudiera hablar, pero quizás no sean de mucho interés, así que es preferible dejarlo en las provocaciones que han generado tus preguntas. ¿Satisfecho?
¡Gloria eterna al alma noble y buena de Luis Cabrera Delgado, quien dedicó su obra intelectual y espiritual con amor y pasión a los «pequeños príncipes»!
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