
Colette variable. Colette con vestidos color sol, con vestidos color luna, con vestidos color tiempo. Colette viviente en Colette, como la palpitante estrella en el corazón del zafiro. Colette de ciudad y Colette de los campos, y Colette al borde del mar.
(Colette par elle-même, Germaine Beaumont)
Escritora, periodista, mimo, artista de music-hall, actriz, mujer libre, Sidonie Gabrielle Colette nació el 28 de enero de 1873 en Saint-Sauveur-en-Puisaye (Yonne, Francia). A los lectores les sonará más familiar el “Colette”, apellido de un viejo capitán, que apareció por primera vez en solitario en 1923 sobre las páginas de Le Blé en herbe.
Su madre, Sidonie Landoy –—la inolvidable Sido— la hizo heredera de un misterioso amor por las plantas y los animales. Herencia que la escritora convirtió en poesía:
(…) mi cactus rosa está al florecer. Es una planta muy rara, fue un regalo y, según me dijeron, en nuestro clima solo florece cada cuatro años. Ya yo estoy vieja, y si me ausento ahora que mi cactus rosa tendrá su flor, estoy segura de que no lo volveré a ver florecer… (Sido)
(…) bajo los cinco escalones desencajados de la escalinata, un sapo canta en las tardes, con su voz amorosa y como llena de perlas. A la luz del crepúsculo, caza los últimos moscardones, las pequeñas larvas que crecen entre las ranuras de las piedras. Deferente, pero siempre serio, me mira de cuando en cuando, después apoya su mano de hombre en la pared, se pone de pie… yo escucho el “blop” de su boca grande… Cuando vuelve a su refugio, hace un movimiento de párpados, tan pensativo y altanero, que no me he atrevido a dirigirle la palabra.
(La Retraite Sentimentale)
En 1891, Colette abandona su pueblo natal y dos años después se convierte en la esposa de Henri Gauthier-Villars, Willy. Además de hábil crítico musical, Gauthier-Villars dirigía un atelier de novelas ligeras: autoras fantasma —nègres littéraires—- escribían historias que luego eran publicadas con el seudónimo de Willy.
Un día —según la propia Colette, un artificio para distraerla de sus aventuras de dandy seductor— Willy la insta a escribir sus memorias de joven escolar. Y no omitas ningún detalle pintoresco. Colette llenó cuadernos enteros. Willy los leyó sin el menor interés y los cuadernos fueron a parar a algún cajón de aquel apartamento de la rue Jacob.
Unos meses después, de manera casual, Willy relee aquellas memorias. Después de la lectura del primer cuaderno se le escucha un “Agradable”… Pasa al segundo, al tercero: ¡Soy el mayor de los idiotas! Se encasquetó su sombrero y fue a tocar a las puertas de un editor. Y así me hice escritora.
Claudine à l’école aparece en 1900, después ven la luz Claudine à Paris, Claudine en ménage y Claudine s’en va, todos bajo la firma de Willy. Fueron un éxito: se vendieron hasta cigarrillos Claudine. En 1909, Colette descubre que Willy había vendido los derechos de autor a sus editores, y esto causó la ruptura definitiva entre ambos.
Azul, salvia, magnolia, violetas, bolas de papel absorbente color rosa, almizcle y trigo: un universo salvaje de colores, sabores y perfumes envuelve a los personajes de Colette. Colette había inventado la memoria involuntaria antes que Proust (Un été avec Colette, Antoine Compagnon):
El olor de las flores vivas, su tacto fresco, arrancaron la cortina de olvido con que la fiebre había cubierto el Montigny de mis días pasados… Volví a ver los bosques transparentes y sin hojas, los caminos cubiertos de ciruelas silvestres y de escaramujos helados, y el pueblo como dispuesto en escalones, y la torre con su musgo oscuro que volvería a ser verde, y la escuela blanca bajo un sol tenue; respiré el olor de almizcle y pudrición de las hojas muertas, y la atmósfera cargada de tinta, de papel y zapatos mojados (…)
(Claudine à Paris)
Muchas veces Colette buscó la libertad y el amor en otros brazos de mujer:
No es de la pasión que nace la fidelidad entre dos mujeres, sino al roce de una especie de parentesco… escribo parentesco cuando la palabra justa tal vez sea similitud… La estrecha semejanza trae consigo el sentimiento de voluptuosidad. La amiga encuentra placer en acariciar un cuerpo del que conoce todos los secretos y preferencias.
(Le pur et l’impur)
En La Paix chez les Bêtes, el gracioso Toby-Chien, un perro bulldog, se convierte en confidente de este espíritu libre:
Ya estoy cansada… quiero hacer lo que quiera… representar la pantomima, y hasta la comedia. Quiero bailar desnuda, si el maillot arruina mi encanto… quiero escribir libros tristes y castos, donde solo haya paisajes, flores, tormento, orgullo, y el candor de los animales fascinantes que espantan a los hombres.
Gran Oficial de la Legión de Honor, sucesora de Anna de Noailles en la Real Academia Belga, primera mujer en presidir la Academia Goncourt y primera escritora francesa despedida con un funeral de Estado, Colette murió el de 3 de agosto de 1954. El museo Colette, en su natal Saint-Sauveur-en-Puisaye, le rinde eterno homenaje.
A continuación, comparto una traducción de un fragmento de Le Blé en herbe, historia de amor entre Vinca, muchacha quinceañera y dulce, y un Phil que, dominado por la terquedad y confusión de sus dieciséis años, se entrega a la extraña aventura de la Dama de blanco.
Un soplo de viento, un temblor del campo gris labrado por aquellos surcos de espuma, y se viera la casa bogar como un arca… Pero Phil y Vinca conocían la marea alta de agosto y su trueno monótono, la marea de septiembre y sus caballos blancos de crin revuelta. Sabían que aquella parte de la pradera permanecía infranqueable, y su infancia se había burlado, durante todos estos años, de las ataduras jabonosas que danzaban sin alcanzarlos, al borde carcomido del imperio de los hombres.
Phil abrió la puerta de vidrio, la cerró con esfuerzo, encaró el viento y mostró su frente a la lluvia fina, cribada por la tormenta, la suave lluvia marina, un poco salada, y que viajaba en el aire como una humareda. Recogió en la terraza las bolas tachonadas de acero y el boliche, abandonados allí en la mañana, la pandereta y las balas de caucho. Guardó estos juguetes que ya no parecían divertidos, como se guarda un disfraz que aún puede ser útil. Detrás de la ventana, los ojos de la Pervinca lo seguían. Las gotas finas que corrían sobre el vidrio parecían reflejar el brillo de aquellos ojos ansiosos, un azul que no dependía ni del estaño jaspeado del cielo ni del plomo verdoso del mar.
Phil acomodó los sillones de madera y la mesa de mimbre. No le sonreía a su pequeña amiga. Hacía mucho tiempo que ya no necesitaban sonreír para agradarse, y hoy estaban lejos de la alegría.
Solo unos días, tres semanas, se dijo Phil. Se sacudió la arena de sus manos con un moño mojado de hierbaluna, escondite de flores y abejorros que esperaban el regreso del sol. Respiró en sus manos el fresco y casto perfume, y tuvo que resistirse al asedio de una ola de frágil dulzura, a una tristeza de niño de diez años. Miró, a través del vidrio, entre las largas lágrimas de lluvia y las corolas girantes de los volubilis estrellados, el rostro de Vinca, aquel rostro de mujer que ella solo le mostraba a él, y que para los demás ocultaba tras sus quince años de muchacha inteligente y agradable.
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