
María Álvarez Ríos, poetisa, escritora para el teatro, para niños, compositora, pedagoga y personalidad muy conocida de la cultura cubana décadas atrás, nació en Tuinucú, actual provincia de Sancti Spíritus, el 5 de junio de 1919. Los estudios medios y superiores los cursó en La Habana y en la Universidad de Michigan, Estados Unidos. Pocos hoy día recuerdan que se doctoró en Música, si bien las aristas de su personalidad intelectual fueron diversas.
Encontrar alguno de los poemarios que María Álvarez Ríos escribió y publicó por los años cincuenta del 50 del pasado siglo, es encomienda harto difícil. Lo mismo sucede con sus obras para el teatro. Tal vez se consigan en librerías de segunda mano o en alguna que otra biblioteca.
Fue ella una personalidad del ámbito cultural cubano, en particular de la composición y la pedagogía musical, pero además de la literatura y el periodismo, incluida una abundante colaboración en la prensa nacional.
Largo ha sido el silencio en torno a su persona, y es una pena que así sea, por cuanto de su bondad, de su espíritu de enseñar y de sus consejos, aún son muchos quienes guardan memoria agradecida.
A María —así siempre se le llamó— los concursos del Patronato de Teatro la tuvieron con frecuencia entre los galardonados. También ganó, en 1948, el premio de teatro del Grupo ADAD (que forma su nombre con las siglas de la Academia de Arte Dramático). Además, con la pieza Dos horas de sol obtuvo el Premio Nacional Luis de Soto, correspondiente a 1957. Estrenó obras de teatro como Martí 9 (1952), Según el color (1955) y Funeral (1958). Uno de sus libros de teatro, rara avis en la actualidad, lleva por título La víctima y vio la luz en 1959 por la Editorial La Milagrosa.
Como poetisa fueron dos sus volúmenes: Cosecha, de 1948, y Poemario, del mismo año, por la Editorial Lex. Sin embargo, es en su faceta de escritora para niños como aún puede leérsele, porque sus libros perviven en las bibliotecas (al menos en la sala Juvenil de la Biblioteca Rubén Martínez Villena, donde María es figura entrañable).
De su cuaderno titulado Los colores, publicado por la Editorial Gente Nueva en 1983, entresacamos una muestra de la palpable musicalidad de sus versos:
¡Qué azul es el cielo,
qué azul es el mar,
me da tanto gusto
poderlos mirar!
Si el tiempo está malo
se cambia el color,
ya no son azules,
son grises los dos!
La periodista Ilse Bulit, en conmovedor artículo, la califica de este modo: «Dulce de voz en oraciones cortas y definitorias. Justa en los señalamientos críticos y libres de adornos embaucadores».
Décadas atrás, María colaboraba asiduamente en varias de las publicaciones más demandadas: Bohemia, Ellas, Vanidades, La Gaceta de Cuba…, lo cual la dio a conocer entre un público que tenía así la posibilidad de asociar su producción literaria a la musical, expresada mediante canciones infantiles, composiciones para música de cámara, incidental, sinfónica, piezas para piano y hasta boleros, sin contar las traducciones musicales de óperas, de los idiomas inglés, italiano y francés, al español.
Como profesora de música, su quehacer es fecundo en condición de fundadora del taller de creación infantil Meñique, en su labor para musicalizar textos de José Martí, Nicolás Guillén y Félix Pita Rodríguez. Se le confirieron la Medalla Conmemorativa Nicolás Guillen, la Distinción por la Educación Cubana y la Distinción por la Cultura Nacional.
María Álvarez Ríos se despidió silenciosamente del mundo a la edad de 91 años, el 6 de diciembre de 2010. ¡Cómo no recordarla! Desde Cubaliteraria lo hacemos con profunda admiración.
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